Su abuelo analizó el bajón tenístico de su nieto provocado por una rebelde enfermedad en el oído
El número 26 de la ATP sufre de neuronitis vestibular que le provoca problemas de equilibrio, entre otras cosas. Los médicos le han dicho que esto puede irse, pero no se sabe cuándo, contó Fillol.
Nicolás Jarry (26° en la ATP) confirmó con su derrota en la primera ronda del US Open ante el australiano Christopher OConnell una mala racha que tiene en vilo a sus cercanos, porque su último triunfo fue el 17 de mayo frente al estadounidense Tommy Paul (14°) para acceder a la final del Master 1.000 de Roma. Desde entonces, ha cosechado siete derrotas consecutivas, que básicamente fueron atribuidas a la neuronitis vestibular, enfermedad al oído que le ha causado graves dificultades en su equilibrio y coordinación.
Antes y después de la caída en Estados Unidos, el tenista reconoció haberse sentido mal por la presión o por haber jugado de noche. También advirtió sobre las secuelas de su dolencia. Confesó que en ciertos tiros se le pierde la pelota, pero manifestó alegría por el avance de su recuperación, cosa que después no se advirtió en el match contra OConnell.
«Esta situación de perder el equilibrio, genera mucha desconfianza. No hay equilibrio o no hay visión de la pelota en momentos específicos. Eso quien lo siente es el jugador mismo. Yo, como abuelo, como entrenador, como público, que lo observa, me cuesta entender que esté enfermo si lo veo haciendo cosas que parecen ser extraordinarias, porque tiene momentos de mucha lucidez. Y luego hay momentos en que como que se nos va», explicó Jaime Fillol, abuelo de Jarry y ex número 14 del ATP.
«Todos están con muy buena intención tratando de levantarlo y apoyarlo, dándole alguna idea o sugerencia, pero él está con una cosa que no controla. Su rendimiento ha sido bastante bueno y en alza. Quizás en el último partido le haya afectado el problema de la luz por jugar de noche. Estoy contento por cómo ha enfrentado la situación porque demuestra un carácter de nivel superior», agregó.
¿Cómo Nicolás podría dejar atrás esta situación?
«Los médicos le han dicho que esto puede irse, pero no se sabe cuándo. Y también le han dicho que puede que nunca se le vaya. Entonces, es una información que obviamente no es muy agradable de tener. Y esto va a requerir mucho tiempo, el tiempo que él necesita, no más. Nadie lo sabe. Nadie le ha podido dar una respuesta que lo deje tranquilo, porque está todo un poco en el aire».
¿Su nieto seguirá jugando con la situación difusa como está?
«Sí. Diría que él también está viviendo lo mismo que vivimos nosotros, que estamos sin entender. Y él tampoco. Entonces, tendrá que vivirlo y esperemos que él salga de esto. No podemos anticipar nada, pero no cabe duda que él va mejorando. Su rendimiento ha sido de buen nivel. Tiene sus momentos bajos, pero también tiene sus momentos altos. Tendrá que tener la entereza y la confianza de que Dios le ayude, para lograr la tranquilidad y enfrentar la situación en la cual se encuentra. Y, claro, lo que está viviendo es duro».
¿Usted ha hablado con Nicolás?
«Yo le mando mensajes de apoyo y él me dice: Sí, gracias Tata, pero está difícil. Y yo me doy cuenta de que uno no puede opinar realmente ante una cosa que no conoce. Hay que apoyarlo y acompañarlo. Eso es lo que hago. Están las expectativas de mejorarse y están las expectativas de ganar o perder. Son dos temas y eso debe de ser desgastante para él. Por suerte tiene la compañía de su familia, que está siempre con él. Y también sus amigos».


