La reinvención de Caszely: ahora es el rey de los eventos

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Se lanzó con un centro de convenciones a todo trapo en la precordillera de La Florida

La Hacienda de Tobalaba tiene 7 hectáreas y una casona de 1.000 metros. Yo mismo animo los eventos, dice.

El 1 de enero de 2009, Carlos Caszely, el Rey del metro cuadrado, el 9 bajito y regordete que con las medias abajo les quebraba la columna a los centrales y entraba con la pelota en el arco contrario, quedó sin pega. Con un ego faraónico construido a punta de goles, el trance no le fue fácil.

«No se me va a caer la corona por buscar un trabajo honesto», dijo. «No perderé mi dignidad si tengo que barrer, lavar platos o manejar un taxi», agregó en estas mismas páginas con cierto monárquico despecho.

Pero para un jugador que se rehízo del también faraónico desaguisado de perder un penal en un Mundial (cómo no pasarle la cuenta), un par de meses sin pega es una lágrima en el océano. Hoy Caszely regresa con un proyecto acorde con su dignidad de monarca. En junio pasado, con otros dos socios, se compró una hacienda de 7 hectáreas en la precordillera de La Florida; reconstruyó la casona de 1.000 metros cuadrados que había en su interior; remozó la terraza contigua para 400 personas; se puso a armar 12 canchas de futbolito con pasto sintético y hoy se lanza con un centro de reuniones sociales -La Hacienda de Tobalaba- que amenaza con rebautizarlo como el nuevo Rey de los Eventos de Santiago.

«En junio del año pasado estábamos buscando un lugar para hacer unas canchas y un señor nos ofreció siete hectáreas en La Florida. En el lugar nos dijo: cierren los ojos e imaginen una casa patronal. Los abrimos y dijimos sí, la vamos a comprar».

En julio Caszely mismo se puso a trabajar para sacar cuanto antes el centro de eventos, ubicado en Avenida Tobalaba 9670.

«Trabajé codo a codo con 40 maestros de 8 de la mañana a 10 de la noche y en tres meses ya teníamos todo parado. La casa patronal está remodelada con hermosos salones y armamos una terraza que puede recibir a 400 personas. Eso rodeado de paltos y otros árboles añosos de 1 metro de diámetro», cuenta orgulloso.

En La Hacienda ya se han realizado varios eventos, donde además del entorno, lo más llamativo es el animador: ¿quién si no? Carlitos Caszely.

«Yo animo todos los eventos. Recibo la gente en la entrada con la tenida adecuada, si tiene que ser short, estoy en short; si se necesita corbata, estoy en corbata. Presentó a la orquesta o el Dj. Eso lo haré siempre, es el plus de la Hacienda», dice, como buen monarca.

-¿Pena la Quintrala?

«El mito del sector dice que en la casona de la Hacienda vivió la Quintrala, pero yo no sé si es cierto», cuenta Carlos Caszely. Omar López, cuidador, ratifica el dato y agrega más.

«Eso dicen, que vivió acá. Yo en la noche escuchaba cosas raras, sentía que golpeaban los inmensos ventanales y yo alumbraba con la linterna y no había nada. Un día me cerraron la puerta y no había nadie», cuenta.

-La escuela de fútbol va

Paralelamente a La Hacienda, Carlos Caszely está construyendo en el recinto de Tobalaba un centro deportivo familiar.

«Vamos a tener 12 canchas de pasto sintético donde instalaremos una escuela de fútbol, con camarines, quinchos para hacer asados y juegos para niños chicos. La idea es reunir a la familia, que el niño vuelva a compartir, que tenga sicólogos y siquiatras para que no sea tan rebeldes como hoy. Esto es una cosa integral, la idea es que tenga un sello familiar, pero si veo a un chico bueno, sea del club que sea, llamaré a mis amigos y les daré el dato», dice.

-Veta empresarial

Este chino ha tenido varios negocios andando

No es la primera vez que Caszely entra al área de los negocios. En los 70 tuvo una juguetería en el sector de Estación Central; luego en los '80 puso el restaurante Campo Lindo, en Recoleta. También por esa época se instaló con el Colegio Paicavil, del que está desvinculado y probó suerte con una compra venta de autos en la calle Francisco Bilbao. Actualmente también realiza coaching con empresas por todo Chile.

«Hago charlas motivacionales, pero las mías son vivenciales, cosas que le han ocurrido a este gallo que ya tiene canas y ha recorrido el mundo», dice, casi a punto de usar la tercera persona, como en sus tiempos de ídolo.

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