¿Qué tiene Julián Elfenbein que no tenga Martín Cárcamo? Porque siendo tan carismático como el «rubio natural», a este último primero no lo dejaron despedirse en cámara (como anoche a Julián, en la final de «Talento chileno») y luego lo bajaron de la Teletón sin misericordia alguna (misma cruzada en la que Julián participó activamente). ¿Es por lo mal que se manejó TVN con la salida de Cárcamo, por el especial encanto de uno de los rostros del 2010 o por ambos factores?
Elfenbein sale de Chilevisión como un héroe, como el gran rostro del repunte de ese canal. Y conste que en el 11 no todo fue miel sobre hojuelas para el larguirucho que no puede evitar reírse mientras trabaja. Partió a los tumbos, con programas tan olvidables como «El poder del 10». Ése en que muchos desconocidos pintamonos trataban de acertarles a diferentes porcentajes en preguntas generales.
Luego se fue afirmando, al resucitar el entrañable «Show de goles», con modelos tan voluptuosas que habrían hecho trapicarse a Máximo Clavería, de haber sido él quien hubiera seguido conduciendo el espacio. Los días de gloria siguieron con «Fiebre de baile» y «Talento chileno».
Tan puesta llegó a tener la camiseta que hasta el último día siguió promocionando a su canal. Lo hizo, al pedirle a la teleaudiencia, con la cara llena de risa, favorecer con su sintonía a partir de enero (cuando él ya sea funcionario de TVN) a «Infiltradas, el próximo éxito nocturno de Chilevisión».
Y a su ex casa televisiva vuelve mucho más jerarquizado que como se fue, lo que no es menor. Algo tiene este tipo que logra que le perdonemos todo. Dueñas le dice «cállate y siéntate» siendo que Julián conducía «Primer plano» y él no baja sus bonos. Longton le quita el micrófono cuántas veces quiere en «Fiebre de baile» y tampoco pierde puntos. Se equivoca en dar el ganador de ese mismo programa y todos silbamos y miramos para otro lado. Eso, mis amigos, es ángel.


