Análisis a las amenazas que han recibido gendarmes en el último tiempo
Balazos y coronas de flores han interrumpido la tranquilidad de oficiales de la institución.
«Santiago 1 es un laboratorio para entender cómo el crimen organizado está operando en Chile», dice el coronel Mario Benítez, presidente de la Asociación Nacional de Oficiales Penitenciarios (Anop), luego de que un grupo de delincuentes amenazara de muerte a dos oficiales de Gendarmería.
¿Cómo fue exactamente la amenaza?
«La primera ocurrió el sábado a las 22.30 horas aproximadamente y fue en contra de un oficial que trabaja en Santiago, pero tiene a su familia en Cauquenes. Ese día hubo un ataque a balazos en su casa. La segunda fue el martes, le enviaron mensajes a la hermana de ese oficial y a otro oficial de Santiago 1».
¿Los balazos fueron directo hacia su casa?
«Sí, se percutaron diez tiros hacia la puerta y le dejaron una corona de flores con un mensaje en el que señalaban su nombre y el de sus familiares. Decía algo como que a los otros sapos también los tenemos identificados y los vamos a matar. Según los informes que tenemos, bajaron de un auto a disparar, instalaron la corona y se fueron».
Eso fue un ataque.
«Nosotros hemos recibido amenazas, pero aquí estamos en presencia de algo distinto. Tenemos muy claro que detrás de esto hay una organización importante. Alguien está desafiando al Estado porque fue un ataque contra una autoridad de Gendarmería, contra un oficial que tiene un rango alto».
¿Piensa que fue organizado desde la cárcel?
«Hay que investigar qué mensaje está detrás de todo esto. ¿Acaso quieren que entreguemos el control de las cárceles? ¿Hay un mensaje de bandas criminales que intentan controlar los territorios en el recinto? Eso no lo sabemos, lo tendrá que decir la investigación. Lo que sí es claro es que hay un mensaje potente de estas organizaciones. No basta con los allanamientos masivos, hay un tema estructural que debe corregirse».
¿Hay coordinación de operaciones dentro de la cárcel?
«En Santiago 1 y en distintas cárceles existe una nociva mezcla de elementos que da para pensar que si no se controla la situación puede escalar a algo grave. Creemos que Santiago 1 es un laboratorio para entender cómo el crimen organizado está operando en Chile. Tenemos experiencias comparadas como la cárcel de Tocorón, que nos dan a entender que es una situación de mucho riesgo. No basta con los allanamientos masivos, hay un tema estructural que debe corregirse».
Según el informe del juez Fernando Guzmán, en el Centro de Detención Preventiva Santiago 1 hay 4.849 hombres privados de libertad y de ellos 1.281 son extranjeros, lo que equivale a cerca del 26% del total de la población penal. En cuanto a las nacionalidades, la mayoría son colombianos (443) y venezolanos (427). Además, en sus conclusiones asegura que «existe un grave problema con respecto a la clasificación y posterior criterio de segregación de los extranjeros, pues los actualmente en prisión preventiva en este recinto son considerados de bajo compromiso delictual» porque no existe registro de sus antecedentes penales en el país de origen.
Carlos Basso, autor del libro «Nuestro pedacito de cielo: el nuevo crimen organizado en Chile» (Planeta), profundiza en el análisis.
«Como Santiago 1 -dice- es la cárcel a la que envían habitualmente a los delincuentes primerizos, muchos miembros de organizaciones criminales trasnacionales fueron recluidos allí, especialmente venezolanos que no contaban con antecedentes penales en Chile y respecto de quienes era imposible saber si tenían registros criminales en su país de origen por falta de cooperación de Venezuela. Eso produjo una simbiosis muy peligrosa entre delincuentes avezados, de origen internacional, y reos primerizos chilenos, en medio de un ambiente muy violento y de gran precariedad, como lo estableció el juez Fernando Guzmán».


