Con beca completa, Benjamín Muñoz pasó del colegio en Concepción a la U. de Stanford
Tiene 23 años y está desarrollando un sistema para encriptar los mensajes a las IA.
Desde que Benjamín Muñoz estudiaba en el Instituto de Humanidades de Concepción tenía claro que no quería quedarse mucho tiempo en el Biobío (y ni siquiera en Chile). «Fue en séptimo básico cuando empecé a prepararme para postular a una universidad extranjera. Desde octavo ya tenía en mente que quería ir a estudiar a Estados Unidos», recuerda.
Con ese propósito participaba en olimpiadas de matemáticas organizadas por la Universidad de Concepción, buscaba blogs sobre cómo postular a planteles como Harvard y leía en inglés sobre becas; en el colegio incluso armó un detector de partículas subatómicas
A la larga, logró lo que había imaginado en silencio durante años: fue aceptado con beca completa en la Universidad de Stanford. «Postulé sólo a Stanford, era mi número uno. Me aceptaron en la ronda temprana y me dieron ayuda financiera completa, incluso con los pasajes desde Chile incluidos. Fue el mejor escenario posible», admite. Comenzó sus clases en septiembre de 2021, después de varios meses de preparación desde su casa.
Hoy, con 23 años, Muñoz es cofundador de Velum Labs, startup chilena que acaba de ser seleccionada por Y Combinator, la afamada aceleradora estadounidense que impulsó a gigantes como Airbnb, Rappi o Twitch.
«Estamos desarrollando un nuevo tipo de modelo de inteligencia artificial que preserve la privacidad del usuario por diseño», explica. «La mayoría de los modelos actuales dependen de las políticas de la empresa que los maneja, pero nosotros queremos que los datos nunca salgan desencriptados. Que incluso el modelo funcione con la información cifrada y que solo el usuario pueda leer la respuesta».
Si yo pregunto algo en un modelo sin encriptación, ¿en un futuro la IA podría usarlo en mi contra?
«En la práctica, los modelos estarían siendo totalmente gobernados por el usuario. Si tú tienes un modelo centralizado en un servidor estadounidense, yo veo un escenario donde, a través de la recolección de datos de usuarios generalizada, se podría empezar a mal utilizar este tipo de información personal, particularmente por humanos. En un escenario apocalíptico, estos modelos podrían tener información acumulada de distintos usuarios y entender cómo manipular a los humanos: ese es un caso posible».
La aceleradora
Y Combinator es considerada la aceleradora más influyente del mundo. Con sede en Silicon Valley, ha sido la cuna de empresas como Airbnb, Twitch y Rappi, y su modelo ha inspirado a centenares de incubadoras en todo el planeta. Durante casi una década su presidente fue Sam Altman, actual CEO de Open AI, empresa tras ChatGPT. Su sistema es simple, pero efectivo: invierte capital en startups en etapas tempranas y les ofrece acompañamiento, contactos y prestigio a cambio de una participación minoritaria en la compañía.
Muñoz recalca que Y Combinator tiene una reputación sin competencia dentro del ecosistema tecnológico global.
«Lo que hacen es tomar incluso a estudiantes, a veces de colegio, que tienen una idea o apenas un par de usuarios, pero apuestan por ellos porque ven su potencial. Les entregan capital y una plataforma para crecer a cambio de un porcentaje de la empresa. Ellos apuntan a que, en cinco o diez años, esa startup se convierta en una compañía enorme», detalla.
Apuesta de riesgo
Y Combinator invirtió medio millón de dólares en Velum Labs, apoyo que ha sido decisivo, valora Benjamín: «Yo y mi cofundador, Alen, venimos del mundo académico. Yo estudio Física y Matemáticas en Stanford, hice investigación en computación cuántica; Alen estudió computación en Minerva. No teníamos experiencia fundando empresas, pero sí mucha resolviendo problemas técnicos con valor de mercado. Teníamos esta visión de la privacidad para empresas y queríamos convertirnos en una compañía referente en privacidad de datos para inteligencia artificial».
El proceso dentro de Y Combinator, relata Muñoz, es exigente. «Para personas jóvenes como nosotros, venir del laboratorio científico fue una transición dura pero necesaria. Lo que ofrecen es un mentoreo muy personalizado: tenemos asignado un partner que fue fundador exitoso y ahora se dedica a guiarnos; nos reunimos cada semana y nos aconseja, nos conecta con gente clave. Si necesitas hablar con alguien de Google o JP Morgan, ellos te abren esa puerta».
¿Es común allá que las aceleradoras apuesten por jóvenes?
«Sí, apuestan por personas en etapa joven. Desde mi perspectiva, eso te hace las cosas más fáciles, porque cuando uno trabaja a este nivel de riesgo -partiendo sin clientes desde cero-, tener pocos compromisos familiares o responsabilidades te permite darlo todo. Apuestan por personas que lo pueden realmente dar todo. Es muy común. El rango va entre 23 y 25 años».
¿Siente que le ha tocado madurar rápido?
«Esto requiere entender que debes ser capaz de hacer las cosas bien. Siento que lo que me sacó de Concepción y me llevó a Stanford -y lo que me hizo pasar de Stanford a Y Combinator- fue pensar ahora estoy bien, pero quiero estar mejor en el futuro. Entonces sacrifico un poco el presente para prepararme para lo que viene».
Sin duda hay un gran componente de madurez.
«Y también de tomarse la vida en serio. Mis profes del colegio me decían que estaba muy ansioso por el futuro. Sí, soy ansioso, pero esa ansiedad la transformé en ejecución, en intentar tener las cosas bajo control buscando oportunidades, y no esperar que las cosas lleguen solas. Nunca he sido de quedarme donde la ola me lleva, siempre quiero estar donde yo decido estar».
«Sacrifico un poco el presente para prepararme para lo que viene», Benjamín Muñoz.


