Su dueño asegura que nunca fueron usados
Estaban debajo de un camión estacionado en
Como si fuera una película de misterio, el panorama en la esquina de las calles Eduardo Charme con Vicuña Rozas, en la comuna de Quinta Normal, cambió inesperadamente este lunes. Ese día aparecieron dos ataúdes, uno arriba del otro, debajo de un camión estacionado en la platabanda. Estaban abiertos y un poco desvencijados.
Los vecinos comenzaron a imaginar diferentes escenarios. Podía ser un descuido, una broma de mal gusto o incluso una retorcida forma de amenaza. Luego de dos jornadas de desconcierto, este miércoles hicieron una denuncia a Carabineros y al municipio. Las autoridades llegaron y poco a poco el misterio comenzó a aclararse.
Carabineros dijo que los féretros se encontraban «en evidente estado de deterioro y mal estado de conservación» y que «mantenían en su interior gran cantidad de basura, como botellas, latas y otros desechos».
Poco después de llegar, los policías advirtieron que a una cuadra del lugar del hallazgo hay una sucursal de una funeraria. Eureka, pensaron. Allí deben estar los responsables. Pero su dueña, incluso después de mirar bien los cajones, les dijo amablemente que no tenía nada que ver.
Lo que sí pudo aportar la mujer fue su conocimiento en materia fúnebre. Según su experiencia, debido a la gran cantidad de moscas y a la corrosión que presentaba la lata del cajón, el féretro «podría haber sido usado o bien haber estado años expuestos a la humedad».
La verdad
Afanosamente, los carabineros siguieron investigando. A uno de ellos se le ocurrió revisar las cámaras de seguridad de la cuadra. Así que ahí, sentados frente a una pantalla, esperaron, como si estuvieran viendo la última de Netflix, a que apareciera alguna pista. Hasta que vieron una camioneta cuyo chofer en determinado momento del lunes se deshizo ahí, en plena calle, de los ataúdes. Anotar la patente y encontrar al dueño fue casi la misma acción. Así llegaron a la oficina de Mario Toledo, que reconoció ser el dueño de ambos féretros.
Según cuenta el propio Mario, él tiene un taller de confección de ataúdes y realizó una limpieza del lugar. Y pasó que «un trabajador cometió un error. El que estaba a cargo de la limpieza no hizo más que una estupidez, tirar la urna en una vía pública», afirma.
El hombre asumió la responsabilidad y por ello deberá pagar una multa a la municipalidad. Aún no sabe de cuánto.
Y los féretros, ¿habían sido usados? Nunca, por ninguna persona, afirma. «Simplemente eran ataúdes que habían sido dañados en el taller, que se cayeron cuando se iban a entregar». Durante la tarde, la municipalidad se los llevó, como basura.
Quinta Normal.


