Los azules se impusieron por 1-0 ante OHiggins en un accidentado duelo en Rancagua
El meta azul se lució atajando un cabezazo a quemarropa en los descuentos. El carácter del equipo nos ayudó a conseguir los tres puntos, valoró el técnico Gustavo Álvarez.
A Universidad de Chile le había pasado prácticamente de todo en su partido ante OHiggins en Rancagua, incluyendo las lesiones de Fabián Hormazábal y Maximiliano Guerrero, además de la expulsión de Matías Sepúlveda con media hora por jugar todavía. Los azules aguantaron la diferencia de 1-0 como pudieron, pero el resultado se definió con una milagrosa atajada del portero Gabriel Castellón en el minuto 91.
Los rancagüinos se dedicaron a azotar el arco del meta azul durante gran parte del segundo tiempo y buscaron el empate con un desesperado centro desde la derecha. El atacante Esteban Calderón se zambulló como si se tratase de una piscina y conectó el envío con su frente en plena área chica. Los hinchas locales ya estaban celebrando la aparente conquista cuando Castellón logró detener el disparo con su rodilla derecha.
«Castellón estuvo monumental para salvar el pórtico de la U. Era gol de OHiggins y él lo impidió», exclamó Patricio Barrera, relator de TNT Sports. «Eso vale como un gol, Calderón estaba sólo y sacó un cabezazo a quemarropa. La reacción de Castellón fue instantánea», complementó el comentarista Aldo Schiappacasse.
Tras el pitazo final del árbitro Franco Jiménez las felicitaciones llegaron en forma de aluvión para el ex arquero de Huachipato. Primero se abrazó con Matías Zaldivia, otro de los buenos valores azules, y más tarde chocó la palma de su mano con el defensor Nicolás Ramírez. Durante la tradicional despedida de los jugadores con la hinchada, Castellón también se vio sonriente y recibiendo saludos por su salvadora maniobra.
La U llegó hasta Rancagua con la misión de superar a OHiggins en la cancha y también en la tabla de posiciones para así seguir soñando con el cupo a Copa Libertadores como Chile 2. Sin embargo, la tarea se vio compleja desde el minuto 13, con la repentina lesión muscular de Fabián Hormazábal. El gol de Maximiliano Guerrero, en el minuto 24, sirvió para calmar los ánimos, aunque fuese sólo por un rato.
Las desgracias continuaron en el segundo tiempo. Cuando el reloj marcaba una hora de juego, el volante Matías Sepúlveda vio su segunda tarjeta amarilla del partido luego de derribar a Joaquín Tapia en pleno contragolpe. Sólo habían transcurrido un par de segundos desde su salida y fue el turno de sufrir del autor del gol Maximiliano Guerrero. El extremo de pelo platinado se dejó caer sobre el pasto, también lesionado, y debió ser reemplazado unos minutos después.
Pese a las complicaciones, los azules abrocharon el triunfo y treparon hasta el tercer puesto de la tabla de posiciones, a tres unidades del segundo, Universidad Católica. «Fue un partido vibrante, de mucha ida y vuelta. Principalmente por la propuesta del rival y por cómo se paraban en defensa, muy alto y en línea. Tuvimos dos o tres jugadas de gol de esa forma. La expulsión hizo que variemos el sistema en el segundo tiempo y se fue sintiendo el cansancio. Correr con uno menos es complicado, pero el carácter del equipo una vez más nos permitió conseguir los tres puntos», declaró el técnico Gustavo Álvarez.


