La finalista de El internado, de Mega, decidió establecerse en Santiago
La argentina arrendó un departamento amoblado en Santiago centro, llegó con sólo dos maletas y se trajo a su gata: Estoy arrancando de cero.
Agustina Pontoriero llegó a la final de «El internado», que aunque fue emitida a inicios de junio por Mega, el reality culinario se terminó de grabar a fines de 2025 en Perú. Tras eso, ella regresó a Argentina pero en sus visitas a los lazos que formó en ese espacio de telerrealidad le quedó gustando mucho Chile, tanto que decidió venirse a Santiago a probar suerte y por estos días se instala en un departamento que arrendó en Santiago centro.
«Apenas terminó el reality vine a conocer Chile en enero, con las chicas (Furia y Akemi Nakamura), que éramos de fuera», recuerda. Ahí Blu Dumay, su amiga, fue una de las locales que le mostró algunas zonas del país. Meses después vino a ver a otra yunta que se hizo en el reality, la actriz Berta Lasala. «Aunque ella estuvo sólo dos semanas en el encierro, conectamos increíble aunque eso no se vio tanto en pantalla. Y desde que salí del reality estamos en contacto, y me decía que la fuera a ver y que me quedara en su casa aunque yo no la quería molestar. Vine unos 20 días después y me quedé en su casa».
Tras esas visitas, Agustina concluyó que «me gustó mucho Chile, me quedé enamorada, me gustó la gente, el cariño que recibí. Yo tengo una personalidad media controversial y siento que a la gente aquí le gustó, les gustó mi autenticidad.. Acá recibí un amor que en el primer reality que hice en Argentina no pasó, por allá les encantan las moscas muertas y yo soy un Raid, mato moscas y mosquitos. Le dije a Berta que me quería venir a vivir, me dijo que me volviera a quedar en su casa, con un amor que me faltó en algún punto en mi familia y en ella lo encontré, pero yo no la quería molestar».
Tras unos arriendos que hizo por Airbnb, llegó a alquilar un departamento amoblado de un ambiente en Santiago centro, que incluye cama, refrigerador, cocina y horno: «Es relindo, y me encanta la zona, está cerca de La Moneda. Y alquilo en mis posibilidades, ni más ni menos. He ido comprando algunas cositas, otras las he olvidado, como por ejemplo que en Argentina tenemos otro enchufe pero en los Airbnb me pasaban un adaptador, y ahora en el departamento me di cuenta de eso cuando iba a cargar el celular, así que tuve que comprar un cargador por delivery. A medida que vaya necesitando iré comprando cosas para la casa, muebles, porque la verdad es que me carga gastar plata, jajajá. Ya compré ropa de cama, ollas y toallas. Me vine sólo con dos maletas con ropa, y después fui a buscar a Burbuja, mi gata de cinco años».
«Estoy invirtiendo la plata del reality en vivir acá y poder formar una carrera. Estoy arrancando de cero en otro país. Ahora estoy tirando más para el lado de trabajar en redes sociales (@pontoagus en Instagram), que me cuesta, porque yo era más del mundo de la TV y los programas, donde a uno lo filman. He ido entendiendo cómo grabarme, mostrar detalles y que me vea como soy», apunta. Está pronta a grabar el podcast «Nos van a funar» con su amigo, el influencer Soy el Jota (@soyeljota_), y también hace videos de recetas con Berta: «Tenemos una relación súper linda con ella. Nos matamos de la risa. Muchas veces nos juntamos, y no subimos nada a redes, simplemente estamos en su casa viendo el reality y hablando como si fuésemos madre e hija».
La trasandina también hizo buenos lazos con Nati Blaschke, quien hacía el react del programa, y que está conociendo más personas acá. Sus amigos de ese encierro actualmente no se encuentran en Chile, como Luis Mateucci, quien graba «¿Volverías con tu ex? 2» en Perú, y Arenita (Natalia Rodríguez), quien vive en Dinamarca.
Cruzando la cordillera, Pontoriero causó repercusión por su participación en la primera temporada de la versión argentina del reality de citas «Love is blind»: «Muy poca gente me bancó allá, así que yo creo que se me cerraron puertas por mi personalidad irreverente. Allá la gente trabaja por fama, pero a mí no me interesa eso, yo trabajo para tener la vida que deseo. Acá en El internado no siento que me fui con las manos vacías, obviamente lloré cuando no gané el automóvil (marca Baic, el premio final, valuado en 21 millones de pesos), se lo llevó Blu, y ella me consolaba y yo le decía que disfrutara su premio, jajajá. Se lo merecía porque tuvo un desarrollo de personaje increíble dentro».


