Comerciantes de Meiggs cuentan cómo les cambió la vida después del cierre perimetral
Se ve menos gente que antes del cierre, pero la gran diferencia es que ahora andan comprando, asegura uno de los locatarios establecidos.
Gente caminando despreocupada mientras habla por teléfono, personas comprando al mayoreo en locales establecidos y muchas familias, incluidas varias con niños pequeños, vitrineando los regalos para la próxima Navidad.
Ese era el ambiente que este miércoles se vivía dentro del primer perímetro intervenido del barrio Meiggs, en la comuna de Santiago, que desde junio de este año incluye a la propia calle Enrique Meiggs, más los pasajes Campbell y Garland (ver galería https://l1nq.com/3yoUd).
Se trata de un espacio restringido para los comerciantes ambulantes, cuyas entradas están fuertemente resguardadas por agentes municipales y Carabineros. El objetivo es impedir a toda costa el regreso de los toldos azules y las mafias que los controlan, lo que requiere de un férreo control del espacio público.
«Es cierto que se ve menos gente que antes del cierre, pero la gran diferencia es que ahora andan comprando. Antes, en cambio, estaba lleno de personas, pero la gente no entraba a los locales establecidos, porque prefería comprar en la vereda», comenta una locataria del Portal Exposición, cuya fachada trasera da a Garland.
Ella sabe de lo que habla. Por largos años tuvo que disputarse los clientes con las mafias de extranjeros, que no conformes con cobrarle por «protección», arrendaban espacios afuera de su comercio a otros extranjeros, quienes se instalaban en la vereda a vender lo mismo que ella, pero más barato.
Otra beneficiada con el cierre de la calle Garland, es la única comerciante ambulante que sobrevivió al despeje impulsado por el alcalde de Santiago, Mario Desbordes. Cuenta con un permiso municipal precario. «Llevo vendiendo acá más de 15 años y si me salvé de la muni fue porque siempre me he preocupado de mantener mi permiso vigente», comenta la mujer, quien ya no teme a las posibles «represalias de caribeños y chinos», reconocidos como los mafiosos del barrio.
«Algunos ya me han venido a preguntar si les puedo hacer un espacio para vender sus cosas y ellos me pagan, pero ya les dije que no, porque si lo hago, también me van a sacar a mí de un ala», asegura la mujer, quien ha visto mejorar mucho su situación gracias al copamiento policial.
«Ahora funcionamos con la seguridad de un mall, pero a cielo abierto, donde todo está limpio y las únicas cámaras que nos vigilan son las del municipio. Antes estaba lleno de cámaras, pero tú no sabías quién te estaba mirando», reflexiona.
Transporte seguro
Otros que se han visto beneficiados con el cierre, son los archiconocidos taxistas de Meiggs, que resultaron ser menos de los que se veían antes.
«Solo somos cinco y estamos recontentos, porque ya no tenemos que estar peleando con otros colegas que se vienen a meter acá a la mala, ni estamos expuestos a que cualquier pato malo nos tome», cuenta Bernardo Núñez, mientras limpia su techo amarillo.
«Las más contentas son nuestras señoras, porque quienes nos tomen acá quedarán grabados para seguridad de todos. De ellos y de nosotros», bromea, antes de destacar que, «a nosotros Carabineros nos controlan constantemente el taxímetro, por lo que los pasajeros pueden estar bien tranquilos de que no los vamos a tratar de embarrar. No les vamos a cobrar demás. Al contrario, todos queremos que el barrio tire para arriba, porque es obvio que nos conviene a todos», reflexiona.
Tal es el orden alcanzado, que la mayoría de los locatarios han optado por mantener la sobriedad del resto del centro capitalino y evitan poner música a todo volumen más allá de sus puertas.
Este miércoles la única excepción eran dos o tres importadoras pequeñas, que llenaban con ritmos tropicales el ambiente. «A mi me da lo mismo la música que pongan. Después de todo acá la mayoría son caribeños o chinos. Lo que molesta es el escándalo. Ojalá el alcalde también tome medidas para que no se repita el mal comportamiento de los guetos verticales», comenta discreto uno de los pocos locatarios chilenos que aún marca presencia en el barrio.


