Estudio concluye que mejores puntajes de admisión ya no prefieren estudiar en la casa de Bello
Alfredo Jocelyn-Holt, historiador y egresado de Derecho, dice que el deterioro se debe, en parte, a los paros y las tomas.
La empresa de análisis de datos Unholster realizó un estudio que intentó responder la siguiente pregunta: Cuando un alumno tiene puntaje para entrar a Ingeniería, Medicina y Derecho, tanto en la Universidad de Chile y en la Universidad Católica, ¿por cuál se decide?
Para ello estudiaron las postulaciones desde el 2004 al 2025, y lo que descubrieron fue que en las tres carreras, la Universidad de Chile disminuyó su poder de captación de los puntajes más altos en pruebas de admisión. Pero el caso de Derecho es especialmente preocupante.
El 2004, el 53,6% de los mejores puntajes elegía estudiar Derecho en la U. de Chile y el 34% en la PUC; el 2025, en cambio, el 25,5% eligió la U. de Chile y el 53,2% la PUC. Aún más notable es lo que ocurrió con los alumnos de colegios públicos: el 2004, el 65,8% optaba por estudiar Derecho en la U. de Chile; el 2025 esa cifra bajó al 28%.
Para el historiador y egresado de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, Alfredo Jocelyn-Holt, estas cifras le parecen «alarmantes».
«Son gravísimas. Hace rato que deberíamos haber tenido aviso del deterioro en caída libre de las dos últimas décadas, como indican las cifras. Reflejan la irresponsabilidad de las autoridades que no advirtieron esta debacle durante todo este tiempo. Y confirma que la Universidad de Chile y, en especial, su Facultad de Derecho, no están a la altura de lo que históricamente se ha esperado de ambas».
¿Cuál es la razón de esta baja?
«El deterioro, que es de público conocimiento, dice relación con tomas y paros. Las mejores oficinas de abogados saben que ha habido un bajón considerable en la calidad de nuestros egresados; también lo saben los tribunales de justicia. Nada de raro: esta información se ha socializado desde hace mucho rato entre los mejores alumnos que egresan de la secundaria y postulan a la universidad».
¿Qué le parece la baja preferencia de los alumnos de colegios públicos?
«Recuerda el mismo abandono sufrido por los liceos públicos secundarios como el Instituto Nacional y el Barros Arana, que, en más o menos ese mismo tiempo, no vienen siendo ni la sombra de lo que fueron desde que se fundaron. Lo otro que ello demuestra es que la tan cacareada inclusividad que se pregona como política establecida en la Universidad de Chile no es más que una consigna vacía. Obviamente, los estudiantes con puntajes más altos en colegios no pagados estiman que recibirán una formación profesional de mayor nivel, no solo en la UC, sino en las universidades privadas».
¿Qué responsabilidad le asigna a las autoridades de la Escuela?
«Hemos tenido decanos que han aceptado aumentar desproporcionadamente el número de alumnos entrantes. Cuando yo estudié Derecho en los años 80 en mi curso éramos alrededor de 170; hoy las promociones masificadas son de 500 a 600. Esto quiere decir que hay proporcionalmente menos alumnos sobresalientes. Para ser franco, pienso que al menos un tercio de los alumnos aceptados en Derecho no deberían estar ni siquiera en la universidad. Los malos alumnos eligen profesores fáciles, así de inaceptable. No olvidemos que nuestro más conocido «egresado» de Derecho, es decir, que terminó sus cursos, ha sido Gabriel Boric aun cuando fue incapaz de pasar el examen de grado que es lo que permite acceder al grado de licenciado. Una vergüenza. Es más, la calidad de los profesores es infinitamente inferior a la de mi época de estudiante, y eso que estudié durante la dictadura. Y, sí, las autoridades dejan mucho que desear. Un decano renunció porque no se la pudo con el activismo feminista y eso que era un decano activista izquierdoso. A otro más lo sacaron de su cargo en la toma del 2009, toma que analicé extensamente en un libro, La Escuela Tomada del 2015, donde además traté el problema de la caída en la rigurosidad, la exigencia y la calidad intelectual de la Escuela y de la Universidad de Chile en general».
¿Qué falencias ve usted en la Universidad de Chile en general?
«Las mejores universidades del mundo aceptan a los mejores estudiantes que postulan y, con ello, tienen asegurada buena parte del prestigio y del nivel intelectual que les confiere la reputación por la que se les conoce. La Universidad de Chile viene apostando por otros propósitos: investigación que no necesariamente es de calidad, pero que se publica en revistas indexadas y que nadie lee; un compromiso político de izquierda, preferido por una mayoría de su profesorado, que acepta y a menudo promueve ocupaciones y paros, a veces muy prolongados, políticamente motivados. Todo lo cual atenta en contra de una institución que debió haber seguido siendo respetable y pluralista».
Usted ha hablado de sectarismo y exceso de politización. ¿En qué ha influido eso en este declive?
«La recién elegida rectora, Alejandra Mizala, ha sostenido que no autorizará desalojos porque la experiencia reciente en Estados Unidos demuestra que el cuerpo académico se quiebra y que los rectores deben irse. Es decir, ella no está dispuesta a que la saquen de su puesto y no se la puede con una universidad políticamente dividida. Insólita su respuesta. Nada de extraño: un 35% del profesorado se abstuvo de votar en la segunda vuelta de la elección de rector.
Conste, además, que en dicha elección ninguno de los candidatos en campaña se refirió a los temas que esta investigación por la que me pregunta. Otra demostración más de que en la Universidad de Chile no se está dispuesto a discutir los principales problemas que la aquejan».
«La calidad de los profesores es infinitamente inferior a la de mi época de estudiante», Alfredo Jocelyn-Holt