En Chile, país de poetas, nadie sabe nada de poesía. En Chile, país sísmico, nadie sabe nada de sismos.
Un tsunami no es algo fácil de enfrentar, pero hay varios signos que indican su posible ocurrencia y que ayudarían de manera notable a que las alarmas fueran efectivas. ¿Por qué los chilenos no aprenden esos signos en la escuela, para creer cuando hay que creer y dudar cuando en verdad hay que dudar? ¿No son acaso, esas señales, más útiles y necesarias que la línea divisoria de las aguas o la función de las mitocondrias? Hasta las falsas alarmas disminuirían si los niños supieran cómo se produce un maremoto.
En Chile, país de poetas, nadie sabe nada de poesía. En Chile, país sísmico, nadie sabe nada de sismos ni de volcanes ni de ríos ni de nada que esté desde siempre bajo nuestros pies, aunque a menudo eso nos haga llorar a mares. En cambio, hace un tiempo el ministro Bitar andaba saltando en una pata por los avances de nuestros escolares en chino mandarín. A ver si el chino les devuelve la vida a los muertos y la belleza a los pueblos arrasados.


