La encontró en el puente de la muerte
Macabra fama del viaducto de Huasco alertó a Cristián Torres. No quiero seguir viviendo, le dijo la suicida.
La mujer se tambaleaba de lado a lado como si estuviese borracha, «aunque en realidad no es borracha la palabra, sino más bien perdida», precisa el alcalde de Vallenar Cristián Torres. Ella caminaba de sur a norte y el edil en sentido contrario, pero sentado arriba de un vehículo. Eran las 11:30 horas del martes.
Quizás si se la hubiese topado en cualquier otro lugar, el alcalde habría pasado de largo, pero la mujer caminaba sobre el puente de Huasco. Si en Google se escriben las palabras puente de Huasco y suicidio, rápidamente se cae en la cuenta que en Vallenar, cuando alguien quiere quitarse la vida, en lo primero que piensa es en los 40 metros de altura del puente aquel, que no por nada le llaman «el puente de la muerte».
El alcalde Tapia le ordenó al chofer detenerse frente al retén de Carabineros que se ubica a unos 500 metros del viaducto. «Le conté del asunto a un uniformado, pero me dijo que tenía que esperar a que llegara el radiopatrulla. Pensé que no alcanzarían detener a la mujer que estaba que se tiraba del puente. Entonces le ordené al chofer que nos devolviéramos», cuenta Tapia.
El alcalde dice que se encontró con una mujer de unos 40 años y con «un rostro demacrado por las lágrimas». Se bajó del auto, la sujetó del brazo y le preguntó si le ocurría algo. La respuesta no pudo ser más elocuente. «No quiero seguir viviendo», le dijo ella.
«Estuve unos siete minutos tratando de convencerla de que subiera al vehículo, pero no quería. Le dije que la podía ayudar y nada. Uno de los que venía conmigo le dijo que yo era el alcalde de Vallenar. Me quedó mirando incrédula», cuenta Tapia. «Cuando al fin subió, contó su drama. Había tomado un montón de tranquilizantes, porque está en tratamiento por depresión, y se había puesto a caminar desde las ocho de la mañana para tomar aire, pero después la cosa derivó en matarse. Tiene una hija y muchos problemas. La llevamos al hospital para que le hicieran un lavado de estómago y después a su casa. También hablé con el sicólogo de la municipalidad. Me comprometí a ayudarla».


