Pasó por la cárcel de Antofagasta, Vallenar, La Serena, Colina 2, San Miguel y Santiago 1
Un reciente fallo ordena que el Estado debe indemnizarlo con $30 millones.
La vida de Sebastián Lebrac Cuevas González cambió para siempre cuando fue detenido en Antofagasta, supuestamente por haber agredido a una mujer en el contexto de violencia intrafamiliar. Aunque en realidad su destino se había definido un par de meses antes.
Esta historia se remonta al 24 de mayo del 2019, cuando Sebastián estaba compartiendo con dos compañeros de carrera afuera de su instituto. Tenía 19 años y estaba cursando el primer semestre de la carrera de Gastronomía. Eran las 10.50 AM. Unos carabineros se acercaron y les hicieron un control de identidad. Él, tranquilo, entregó su carnet.
«Tienes una orden de detención pendiente por un caso de violencia intrafamiliar en Cañete», le dijeron a Sebastián.
Él dijo que había una confusión, porque ni siquiera conocía Cañete. Los carabineros le dijeron que tenían que llevárselo. Su nombre y Rut coincidían.
Hoy, a siete años de ese aciago momento, recuerda que se fue tranquilo con los carabineros. Es una confusión, ya se va a aclarar, recuerda que pensó.
«Además que anda a tratar de convencer a un carabinero, no tenía ni una opción», dice.
En ese momento empezó un periplo por comisarías, audiencias y diversas cárceles de distintas ciudades del país, hasta que finalmente tres días y medio después lo liberaron. Estaba en Santiago 1 cuando eso ocurrió.
«Me detuvieron un viernes y me liberaron el lunes como a las 10 de la noche. Sin celular ni billetera», recuerda.
El periplo
Luego que lo detuvieron Sebastián le comentó a varias personas que él no era el sujeto que buscaban. El problema es que, en estricto rigor, la persona que buscaban tenía su nombre y su rut, por lo que para todos los efectos era él, aunque eso no era cierto. Pasó por dos comisarías y cuando enfrentó a una jueza en Antofagasta también trató de explicarle. «Me preguntó mi nombre y rut, y me dijo que cualquier cosa debía decirla en el Juzgado de Cañete y me mandó para allá. Fue horrible».
Lo subieron engrillado y esposado a una micro de Gendarmería. Primero lo llevaron a la cárcel de Antofagasta y luego partió rumbo al sur junto a otros detenidos que debían ser trasladados. En esos días pasó por la cárcel de Vallenar, La Serena, Colina 2, San Miguel y Santiago 1. Con todas las revisiones que implica entrar y salir de una cárcel.
¿Alguna persona a la que le dijiste tu problema, trató de ayudarte realmente?
«No».
Sebastián cuenta que lo pasearon por distintos módulos de Santiago 1. «Al final estaba en una celda de 3×3. Había como 30 viejos. Cuando me preguntaban decía que estaba ahí por una riña, no quería decir que era por violencia intrafamiliar», recuerda.
En un momento empezaron a repartir a los reos, entre los que debían ser trasladados al norte o al sur del país. Al final quedó solo, al medio. «Me preguntaron mi nombre y me dijeron que quedaba libre».
Esa noche, el joven de 19 años salió de la cárcel con lo puesto y afuera un hombre le preguntó si era Sebastián. «Le dije que sí y me dijo que fuéramos a su auto. Yo fui. Qué más me iba a pasar. Ahí me dijo que era un amigo de mi papá, que le habían pedido que me fuera a buscar. Él ni siquiera vivía en Santiago y fue a esperarme», recuerda.
«Me quería llevar a comer algo. Le dije que no tenía hambre, pero que quería fumar y si me podía comprar cigarros. Me pasó su celular para que llamara a mi mamá. Fue emotivo eso. Ella estaba llorando. Mi papá ya venía volando a buscarme».
El joven volvió a Antofagasta, pero duró pocos días y se fue a Calama, donde su familia. «Cuando volví a clases sentí la estigmatización. Todos sabían que me habían detenido y escuchaba los murmullos a mi alrededor. Aguanté pocos días y me fui. Perdí todo y mis papás también, porque perdieron su plata».
«Tenía pena, pero más tenía rabia», recuerda.
Al poco tiempo se puso a buscar trabajo, porque tampoco quería encerrarse en la casa. «Nadie me daba trabajo porque tenía antecedentes. Recién como a los cinco meses conseguí un trabajo, pero porque alguien me ayudó», recuerda.
El agresor de Cañete
Mientras al joven lo paseaban por las cárceles, su familia intentaba aclarar el entuerto. Esto es lo que descubrieron: unos dos meses antes de que Sebastián fuera detenido, una joven mujer llegó a la comisaría de Cañete a presentar una denuncia por violencia. El agresor era su ex pareja, un joven de 19 años.
Según se lee en el fallo de la demanda civil que presentó Sebastián, cuando los carabineros tomaron la denuncia, la mujer identificó a su agresor como Sebastián Cuevas González. Le preguntaron el rut, pero ella no lo sabía. En ese momento, el agresor fue identificado en el sistema con la identidad del Sebastián de Antofagasta.
Se inició el caso de violencia intrafamiliar con su nombre y rut. Sebastián fue citado, no llegó y cayó sobre él una orden de detención, la que finalmente se hizo efectiva cuando estaba con sus compañeros de Gastronomía.
El joven presentó una demanda contra el Estado y pidió una indemnización de $150 millones. Un fallo del 1° Juzgado Civil de Antofagasta estableció el monto de la indemnización en $30 millones.
«Tenía pena, pero más tenía rabia», Sebastián Cuevas.


