Amiga de infancia, cuenta qué hacía Andrea en Haití

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La periodista conoce a la chilena desaparecida desde pre-kinder

Por favor, ten mucha fuerza, resiste, resiste. Estamos todos tus amigos convocados por ti y no vamos a perder la esperanza, dice Marilú Ortiz de Rozas.

 «Lo primero que me gustaría dejar claro es que la familia de la Andrea, la familia Loi Valenzuela, me pidió que escribiera de ella y es un honor para mí porque tengo una relación con ella que data de mucho tiempo.

El 2009 cumplimos 40 años desde que nos conocemos. Entramos a pre-kinder juntas a la Alianza Francesa y estuvimos todos los años allí. Toda la infancia la pasamos juntas porque además nuestros papás se hicieron amigos. Siempre decimos que la casa donde más hemos dormido es en la de los Loi, en mi caso, y en la de los Ortiz, para la Andrea.

Pasamos muchos veranos juntas y de chicas éramos como bien inquietas. Las dos somos las únicas mujeres y mayores en familias de muchos hermanos, muy apegadas a nuestros papás, con mamás profesionales. O sea, teníamos mucho en común. Además, de chiquititas vivíamos muy cerca y nuestros hermanos también eran compañeros de colegio.

Aparte, las vocaciones también eran parecidas. La Andrea estudió derecho y yo periodismo, pero las dos estuvimos trabajando en Naciones Unidas. En un momento, yo estuve en Centroamérica. Postulamos juntas a Haití, pero justo me embaracé de mi hija mayor y desistí porque es incompatible trabajar en terreno por los derechos humanos con formar una familia. Ella siguió ese otro camino maravilloso y forjó una familia con los niños haitianos, con los niños del Tercer Mundo, una familia maravillosa que la llenó por completo. Cuando algunos dicen, pobre Andrea, que no tiene familia , yo siempre digo si tiene un mundo tan pleno . Ella tiene varios niños apadrinados en Haití, es madrina de varios hijos de nuestros grupos de amigos. Siempre está preocupada de cada uno de nuestros niños.

La Andrea ha hecho varios trabajos distintos en Haití. Partió en la misión de verificación de derechos humanos de la OEA a mediados de los 90. Esa fue la parte más dura de su pega. Le tocaba recorrer morgues, cárceles y ella se hizo cuero de chancho en eso. Aprendió el idioma creole y se fue transformando en una experta en el tema haitiano. Cuando terminó esa misión, se fue a España, trabajó un tiempo en una ex república soviética y volvió a Haití al alero de la misión de estabilización de las Naciones Unidas.

Siempre hemos estado saltones con el tema de Haití. Ella a sus papás les cuenta que la cosa está más bonita para no asustarlos porque es una persona hiperpreocupada de los otros, pero a mí, como más encima conozco Haití, no puede contarme cuentos. Pasaba mucho miedo, sobre todo cuando estaba en Hinche, un pueblo de provincia donde era la única blanca y había mucha agresividad. Siempre me ha dado mucho miedo que la Andrea esté en Haití. Nunca he estado tranquila con la idea de que ella viva allá.

Ahora, lo paradójico es que yo pensé que cuando la trasladaron a Puerto Príncipe, no hace mucho, iba a estar más segura. Ella pensó lo mismo. Al menos allí, durante mucho tiempo vivió en el Hotel Montana y no en containers, como antes. Tiene un poquitito más de apoyo, buenas amistades con los chilenos que hay allá, con los embajadores y el destacamento militar. Está más protegida.

Pero está extenuada la Andrea. Para su último viaje, en octubre, conversamos de eso. Ella estaba por venirse, lo iba a hacer en marzo del año pasado, pero lo atrasó por una cosa burocrática porque iba a tener derecho a una jubilación por haber estado tal cantidad de tiempo allá. A mí me daba rabia y le decía Andrea, vente . En el último e-mail que le mandé hace poco le puse eso. Ella también iba a venir al lanzamiento del libro de su papá el lunes pasado, pero la vida tiene estas cosas raras.

Igual ella adora Haití, tiene un compromiso súper fuerte con la situación haitiana. Ha tenido problemas de salud; se agarró dengue, tenía muchos dolores de cabeza, de columna, de cuello, todo tensional. Tiene una sobrecarga de trabajo tremenda. Parte a las 7 y media de la mañana y termina tardísimo.

Presas por Andy Gibb

Me acuerdo de una anécdota que nos pasó cuando jóvenes. Acabábamos de terminar el colegio y éramos unas nerds. Fanáticas de los Bee Gees, nos pilló la época disco y la ochentera, con esas melenas horrorosas. Las dos éramos muy peluconas, la Andrea muy alta y yo baja, pero las dos crespas. La familia Loi tenía una casa que colindaba con la Quinta Vergara. Era enero de 1983 y venía a Viña Andy Gibb. Averiguamos que el ensayo era a las 11 de un sábado en la mañana y bajamos por el bosque. Conocimos a Andy Gibb y mucha gente más. Éramos unas niñitas, pero nos creíamos poco menos que superstars. Y a la vuelta, cuando subimos por el camino, nos llevaron detenidas. Era plena dictadura, así que no fue nada gracioso. Estuvimos un día completo detenidas, asustadísimas.

Fue tragicómico, pero era el comienzo de la Andrea por luchar por los derechos humanos y el retorno de la democracia. Las dos nos metimos juntas al Partido Humanista. Ella se quedó más tiempo que yo. Una vez veníamos de una reunión medio clandestina, así que estábamos afligidas. Empezamos a sentir que la gente tocaba bocinas y como veníamos de otro ambiente, pensamos que había caído Pinochet y era que la Cecilia Bolocco había ganado el Miss Universo. Fue muy gracioso y terminamos en una fiesta improvisada en Suecia.

Fuimos a muchas fiestas de toque a toque en los primeros años de universidad. La Andrea estudió en la Gabriela Mistral y tenía compañeros que nos pasaban siempre a buscar y organizaban fiestas geniales. Fue muy bonito y hoy toda esa gente, al igual que la del colegio, está en cadena de oración.

También fue bien notable que en el trabajo de ella en Naciones Unidas estableció buenas relaciones con miembros del Ejército. Eso para la Andrea fue un gran paso, pues antes era inimaginable.

Ella es completamente atea y yo absolutamente creyente. Siempre estamos embromándonos por eso. Yo siempre le digo que si bien ella no cree en Dios, Dios sí cree en ella, porque cómo ha trabajado ella por los otros.

Con sus papás, ella tiene una relación muy de apoyo mutuo. El tío siempre nos ayudaba en las diabluras y ella le ayuda con sus libros. La Andrea se preocupa mucho de su mamá. Ellos estaban separados, así que está siempre ayudándola. Heredó de ella la cultura y la belleza. La Andrea hizo estragos en la universidad. Tuvo miles de pretendientes. Es una mujer rubia, 1 metro 76, ojos verdes, muy buena moza, chora. No es la niña que no se casa porque no tiene oportunidad. Ella no es como una Gabriela Mistral o Sor Teresa. Es gozadora de la vida, llena de amigos por todos lados. Viaja mucho, porque tiene vacaciones especiales. Tiene una vida súper intensa. Este último tiempo vino mucho a Chile.

Además, está preocupadísima de que la Concertación pudiera perder estas elecciones. Siempre tuvimos la cábala de ir a votar juntas, así que no puedo explicar la pena que tengo este domingo.

Andrea, por favor, ten mucha fuerza, resiste, resiste. Estamos todos tus amigos como siempre, convocados por ti y no vamos a perder la esperanza».

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