Amigo de Cindy Crawford quiere volver a ser el rey de la fiesta

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Alejandro Tonda, el ex dueño de la ondera discoteque OZ, se lleva el glamour al W

El empresario tiene listo un evento donde los presentes podrán lucirse entre globos de helio y almohadas gigantes. Si no recibió una de las 1.500 invitaciones es porque no es parte de la gente linda.

Los treinti-cuarentones se quedaron sin su discoteque en 2001. Subiendo por Chucre Manzur en el Bellavista profundo, se llegaba a la Oz. Por fuera, esta ex fábrica de zapatos, era sólo un galpón. Por dentro, el local se había reconvertido con muros de hormigón y una imponente escalera que servía para descansar, conversar y, sobre todo, para observar. Después de instalarse en este mirador por un rato, los noctámbulos noventeros volvían a la pista a bailar los ritmos electrónicos que recién asomaban por Chile, algo de Soda Stereo y música alternativa, esa que no estaba en las radios.

Diez años de farra que terminaron por problemas con Impuestos Internos y con una persecución en contra de su dueño, Alejandro Tonda digna de la serie Miami Vice. Un helicóptero sobrevolaba el Hotel Hyatt esperando verlo salir en algún minuto desde el vecino McDonalds, donde había llegado para conversar con una detective que, hábil, pero engañosamente, le había ofrecido una solución a su problema con la repartición más temida y respetada por los chilenos.

Iba disfrazado con un gorro naranjo, barba larga, y según cuenta el propio Tonda, estaba «irreconocible», lo que parece difícil tratándose de un hombre de metro noventa. «En cuanto entré dije ¡tate!, fui al baño y había un hombre con un audífono en la oreja». Salió por la puerta del costado del restaurante y se fue caminando hacia el Hyatt. Karateca, yudoca y ex campeón de atletismo, trepó con poco esfuerzo las rejas del Hyatt que dan a las canchas de tenis. «Sentí sobrevolar un helicóptero que dio aviso a la policía, yo corrí por los jardines del hotel hacia los ventanales para entrar. Llegaron los detectives y me apuntaron con pistola», relata el cinematográfico prófugo.

Lo subieron a una de las dos camionetas de la PDI, donde el trato fue amable, pasó la noche en una comisaría y al día siguiente lo trasladaron a la desaparecida cárcel VIP de la calle Capuchinos. Pasó dos semanas que no fueron tan terribles, «porque me dediqué a meditar (se refiere a la técnica de respiración, no a pensar) y les enseñé el método a otros presos», confiesa.

En ese momento, agosto de 1995, Tonda estaba acusado de evasión de impuestos ya que sus declaraciones no reflejaban las ganancias de la Oz. «Lo increíble es que apenas llevaba un año abierta y una noche aparecieron alrededor de 50 personas para realizar una incautación. Venían de Impuestos Internos, Aduanas, Investigaciones. No faltó ni un policía. Prendieron las luces, se echó a toda la gente y empezaron a revisar las bolsas de azúcar buscando droga», relata este hombre de 45 años que pasó por tres colegios -terminó en el Marshall, donde paraban los mal portados o los porros- y estudió seis meses Medicina en Uruguay y dos de Kinesiología en Chile.

Desde Osho a Cindy Crawford

El exceso de energía, según él. lo canalizó a través de los combos hasta que se fue la India a los 23 años: «Peléabamos a la salida del colegio (San Ignacio), en la plaza del frente, por cualquier cosa. Yo creo que de aburridos, porque éramos mil hombres juntos. Mi grupo se llamaba Las cantimploras». A los 17, Tonda ya era cinturón negro de karate, lo que inspiraba ente sus compañeros más que respeto.

Por su amigo Mauricio Purto aterrizó en la India, con la meta de escalar hasta lo que pudiese del Everest. Nunca subió la montaña, se fue a Puna, cerca de Bombay, y se instaló en un ashram, algo así como un monasterio, pero con hartas comodidades Allí conoció a Osho, un carismático y cuestionado líder que logró captar adeptos en Chile, a los que se reconocía porque vestían de rojo. Su filosofía -explica Tonda- consistía en «gozar de todo: comida, bebida, baile, sexo, bienes materiales en la llamaba etapa Zorba. Para luego pasar a la etapa Buda, con meditación, baja ingesta alimenticia y autoconocimiento», explica tranquilo. De hecho, Alejandro Tonda come una vez al día, a las seis de la tarde.

Cuenta que gracias a la meditación prolongada durante seis horas diarias sacó todo lo malo que tenía adentro «lagartijas, sapos, culebras, lloré, grité, pataleé, pero había gente que te ayudaba a pasar el momento».

Este nuevo ser, que nació de aquellos dos años en la India, no calza, por cierto, con la de un hombre que toda su vida se ha dedicado al negocio de las discotecass y a la producción de eventos. Que no fuma, no bebe alcohol y se compra chaquetas y poleras en las tiendas de ropa usada de la calle Bandera, pero que por culpa de una ex suegra, a los mediados de los 80 se convirtió en socio del Zorbas, un taquillero bar en El Bosque. «Me gustó la libertad, no tener un jefe ni horarios y era un buen negocio».

El gran salto

«Hice más de mil producciones en la Oz. Cerré la discoteque para las fiestas privadas de Bono, el vocalista de U2; la Cindy Crawford, cuando vino a modelar para Ripley; Pet Shop Boys, Depeche Mode, Santana», enumera Tonda. En esas ocasiones, el empresario invitaba a un grupo selecto de personas, entre ellos, los socios de la Oz. En la prensa de entonces, se publicó que el alto y buenmozo dueño de la discoteque habría tenido un affaire con Crawford, quien venía acompañada de su entonces pololo y hoy marido, Randy Gerber. Él se ríe y dice: «somos amigos». Pero del romance, ni una palabra.

Todo esto ocurría en paralelo al juicio que llevaba en su contra Impuestos Internos y que duró 15 años. Pasó de un abogado a otro, declarando en tribunales, intentando explicar que «sus contadores no eran contadores, no llevaban libros y yo me vine a dar cuenta después. Esa es y ha sido siempre su defensa. El asunto terminó el año pasado cuando la Corte Suprema le otorgó una pena de tres años remitidos, por lo que debe firmar una vez al mes en Gendarmería, y un acuerdo económico, en el que debe pagar cerca de 150 millones de pesos. «De no haber sido por la meditación, me habría arrancado, no sé, me habría vuelto loco», dice. También lo apoyaron sus padres, los que jamás le recriminaron nada, lo ayudaron económicamente (él es médico y ella, escultora) y lo regalonearon. «Son muy especiales», acota.
De vuelta a las pistas

Ahora regresa en grande. El ciclo de 10 fiestas temáticas en el W -a la cadena internacional no le gusta que la llamen hotel- se llama Oz Arte Vivo en W Santiago. Tonda compitió con varias productoras y ganó porque si de algo sabe es de eventos vanguardistas, distintos y glamorosos.

El próximo sábado, a las 21.30, los ascensores del W se repletarán con los 1.500 invitados que bajarán al piso -3 «con tenida formal o fenomenal» como dice la tarjeta de color plateado. En honor a la etapa plateada del artista pop Andy Warhol, que inmortalizó el rostro de Marilyn Monroe y las latas de sopas Campbell en sus cuadros. En un salón multimedia las paredes transportarán las obras del creador de pelo canoso, recrearán hitos de su vida -de la investigación para el evento surgió el dato de que el artista pop tuvo un amante chileno, ya fallecido- junto gasas flotantes y réplicas de sus esculturas en aluminio. Luego, un segundo salón abrirá sus puertas para mostrar a las 30 mejores modelos de Chile luciendo los diseños de Rubén Campos en una pasarela de un metro ochenta de altura. Y, finalmente, se bajarán las luces y, en medio de globos de helio y música que recorrerá las últimas cuatro décadas, se dará inicio al resto de una prolongada velada.

Con sus copas en la mano o comiendo sushi -todo será muy liviano- se podrá ver a Juanito Yarur, con sus extravagantes y osadas tenidas con diamantes A Cecilia Bolocco usando tal vez algún vestido híper transparente y, quién sabe, si los millonarios hermanos Luksic -Andrónico y Guillermo- están en Chile, bailarán con sus buenamozas pololas.

Una de las invitadas más felices debe ser Adriana Barrientos, porque es una de las pocas chicas de la farándula 2010 que recibió el exclusivo y apetecido pase plateado.

-Clientes VIP: «Cerré la Oz para las fiestas privadas de Bono, la Cindy Crawford, Depeche Mode».

-Los famosos tragos del marido de Cindy

El nuevo hotel W en Isidora Goyenechea es el primero de la cadena en Sudamérica. Y se ha convertido en el espacio que todos quieren conocer por su bar W Lounge, al que concurren después de las siete de la tarde rostros como la fotógrafa María Gracia Subercaseaux; el escritor Pablo Simonetti; la directora de Mujeres Empresarias, Carolina Eterovic, o la ex modelo Claudia Guzmán. Cuando Leonor Varela viaja a Chile, se instala en el hotel que no quiere ser llamado hotel. Lo más exclusivo del bar son los tragos creados por Randy Gerber, el marido de Cindy Crawford, quien siempre agrega uno de corte local. En el caso de Chile, es el pisco green, con albahaca. Al bar se llega sin problemas, pero para el Whisky Blue, donde se come y se baila, hay que reservar, porque hasta los más famosos se han quedado con la tenida lista y sin asiento.

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