La colombiana debuta con la continuación de Betty, la fea (Prime Video), teleserie que protagonizó 25 años atrás
Se llama Lucrecia Quaglia, vive en Buenos Aires y estudia música y teatro. Estoy feliz de que ella haga lo que le gusta y lo que le apasiona, cuenta la intérprete.
Tras horas de espera por una brevísima entrevista, Ana María Orozco (51) aparece de pronto en una pantalla de Zoom luciendo cabellos sueltos y un rostro aparentemente impermeable al paso del tiempo. Saluda amable de forma telemática desde lo que parece ser una simple habitación con ventanal, dispuesta a hablar en ocho minutos del proyecto que promueve y que revive a su rol más icónico: este viernes, vía Prime Video, se estrena «Betty la fea», continuación de la teleserie que hace 25 años convirtió a la actriz colombiana en estrella sudamericana.
Y aunque son muy interesantes los conceptos que le dedica a la producción, entre ellos, Ana María, aborda su existencia luego del hitazo que protagonizó y cuyo argumento giraba en torno a una mujer poco agraciada, muy inteligente, que lograba no sólo el éxito laboral, sino también el social. «Actualmente viajo bastante, comparto mi vida entre Buenos Aires y Colombia, mis hijas son argentinas y tengo una vida de mamá tranquila, en el sentido de que no vivo como una celebridad», asegura la actriz en tiempos actuales.
¿Cómo vive?
«Tengo una vida normal, estoy muy pendiente de mi familia, siempre». Previo a seguir, algunos datos de contexto: después de hacerse conocida por su rol de Betty, la intérprete encontró como base de acción Buenos Aires, Argentina. En la ciudad se estableció con el músico Martín Quaglia, con quien se casó en 2005. Antes de su separación en 2012, la pareja tuvo dos hijas: Lucrecia, de 20 años, y Mía, de 13. Con padres artistas, la primogénita al parecer encontró el gusto a la inercia familiar.
Lucrecia, quien socialmente adoptó el apellido Orozco por su madre, se describe en su perfil de Instagram (@lucreciabasta) como cantante, actriz y modelo. Forma parte de la empresa de representación artística Agencia Vannelli y posee junto a Proyecto Bucle una canción en Spotify llamada «Siempre habrá una luz» (https://acortar.link/BgqnKq). Además, en el portal Soundcloud, posee dos temas: «Wilfred vuelve» y «Cartas de amor que se queman» (https://acortar.link/4pC9Zp).
La madre retoma: «Una de mis hijas, la mayor, está estudiando música, teatro. Su padre es músico, entonces también ha vivido el arte desde siempre. Le ha tocado en lo cotidiano».
¿Qué le pasa a usted con que ella siga ese camino?
«Nosotros, como padres, no la influenciamos para eso. Para nada a mí me ha interesado influir o marcar una pauta. Ella sola ha ido encontrando lo que quiere, lo que le gusta. El arte ha estado siempre presente en su vida de una manera muy natural».
¿Contenta con eso?
«Siempre la voy a apoyar en lo que elija. Yo estoy feliz de que ella haga lo que le gusta y lo que le apasiona».
El peso del rol
Obviando su larga trayectoria actoral, que la ha tenido en 30 producciones televisivas y cinematográficas en más de cuatro décadas de carrera, el rol de Betty en «Betty, la fea» (1999) marcó un antes y un después en su vida, al punto de que hasta hoy ese personaje sigue linkeada a ella. «En un momento me cuestioné (que siempre me enlazaran al rol), pero por suerte ha sido tan especial el personaje que no ha caído como una mochila para mí. yo lo veo como un regalo, que ha estado años acompañándome y nunca he competido contra eso. Yo he seguido mi búsqueda como actriz, aunque obviamente Betty es muy grande», advierte.
Dentro de ese cuestionamiento que sintió por su rol, ¿cómo y cuándo se reconcilió con él?
«Fue gradual. Lo de Betty fue hace 25 años, yo ya había empezado mi carrera hace años, muy jovencita. Pero por supuesto, una tiene todas estas ganas e ímpetu de actuar, de hacer diferentes personajes, entonces hubo momentos en que uno dice, uff, qué está pasando, esto es muy grande, por dónde sigo. Pero creo que es normal, porque vivir algo fuerte en cualquier profesión, lleva a cuestionarse ver cómo sigues. Ya pasado un tiempo, fue decantando».


