Conductora perdió el control tras esquivar a un ciclista y se abalanzó contra un grupo
El neurocientífico Pedro Maldonado explica que esas reacciones ocurren en apenas 150 milisegundos.
Una cámara de seguridad registró una escena con una claridad escalofriante. Raúl Reinoso, conversaba junto a sus compañeros frente a un condominio cuando un vehículo descontrolado apareció desde la calle. En cuestión de segundos, el auto, tras esquivar a un ciclista, saltó hacia la vereda y se volcó justo donde estaba Raúl. En el video, se ve cómo él retrocede un paso, cae de espaldas y el auto lo sobrevuela, tocándole apenas. Se salvó por centímetros, literalmente.
«Fue un milagro», repitió Reinoso en conversación con «Meganoticias». Su reacción fue veloz, como se suele decir, felina. «No pensé en nada. Fue instintivo», comentó. Estaba allí porque algunos compañeros habían salido por agua, y él se había acercado a conversar. Su gesto fue reflejo puro: retrocedió y cayó al suelo justo a tiempo. «Me tocó el parachoques en la mano, pero no me pasó nada gracias a Dios», afirmó.
El accidente ocurrió en la zona de Tumbornal, San Felipe, Región de Valparaíso. Reinoso contó que la conductora del auto iba sola, que también resultó ilesa gracias al cinturón de seguridad y a la rápida llegada de bomberos.
Tras el impacto, lo primero que hizo fue ayudar a los demás. «Como soy de seguridad, traté de retirar a la gente que estaba ahí», explicó. La preocupación por perder el trabajo lo invade incluso más que la experiencia cercana a la muerte. «Estoy tranquilo, gracias a Dios, pero igual me llamó el jefe ayer preocupado», dice.
En el cerebro
El doctor Pedro Maldonado, profesor de neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, explica que este tipo de reacciones son automáticas, incluso más rápidas que la conciencia misma. «El primer milisegundo es percibir el peligro. El sistema visual y auditivo detectan el auto y lo interpretan como amenaza. De ahí se gatilla una conducta refleja de evitación», detalla.
Esa respuesta inmediata es resultado de una compleja coordinación entre varias estructuras del sistema nervioso: la corteza motora, la amígdala, relacionada con las emociones, y centros de reflejo en la médula espinal y ganglios basales. «Son reflejos conjugados. En este caso, la persona se corre y mantiene el equilibrio, algo muy difícil de lograr», comenta Maldonado.
Según el académico, aunque los reflejos son innatos, se pueden entrenar. «Alguien que practica reacciones frente al peligro en un entorno controlado puede mejorar su tiempo de respuesta». Además, enfatiza que existen tres formas típicas de responder a amenazas: huir, pelear o congelarse. «Raúl reaccionó huyendo, que fue lo correcto, pero no todos logran eso. Hay personas que se paralizan», indica.
Todo el proceso ocurre en apenas 120 a 150 milisegundos. Maldonado lo resume así: «El cerebro tiene como una de sus funciones principales ayudarnos a seguir vivos, detectando peligros y reaccionando rápidamente, como en este caso».
Puede que Raúl no lo sabía, pero su cerebro tomó el control. No hubo tiempo para pensar ni calcular. El instinto y la biología hicieron su parte. Y gracias a eso, Raúl sigue con vida.


