Andrés Allamand subió y bajó al ministro Velasco

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Jornada sin diccionario en el Senado: le recordó a su mamá y otras cosas

Todo por unas declaraciones que hizo en la mañana de ayer el marido de Consuelo Saavedra, donde criticaba a Pifiera. Allamand hizo el ridículo, afirmó el dueño de la billetera fiscal.

Tarde normal en el Senado. Hay bostezos y poca gente en las tribunas. Andrés Allamand es el llamado a romper con la modorra. Pasan las 16 horas y el senador conversa con su polola, la diputada Marcela Cubillos. Ambos se ven ofuscados por culpa de unas declaraciones realizadas temprano por el ministro Andrés Velasco. Éste básicamente dijo que Piñera debió haberse desprendido de algunos de sus bienes y que «si la acción subió, se sugiere que la expectativa es que, sin Piñera, la acción va a andar mejor».

Curiosamente, el titular de Hacienda está en el Senado, a pasos de Allamand, donde debe defender un proyecto de ley. Allamand se le acerca con su estampa de rugbista, dando pisotadas, masticando la ira. Velasco permanece en su asiento, con su actitud tranquila, confiando en sus diarias sesiones de trote. Soledad Alvear se percata de que algo raro sucede y se pone visiblemente nerviosa. Otros parlamentarios miran en silencio, tensos.

Allamand entrega su versión: «Le representé al ministro Velasco que me parece que él ha actuado con una pequeñez política incalificable y con una gran cobardía moral. Se lo dije en la cara, que es lo que corresponde. Acá no ha habido altercado», dice el senador. Otros afirman que la cosa no fue tan blanca, que el viejito pascuero ya no existe. Quienes presenciaron el hecho juran que hubo garabatos de grueso calibre, de esos que recuerdan mamitas. Otros añaden que hubo oferta de golpiza, pero fuera del Congreso.

El senador Escalona asegura que, tras esto, ahora él es un santo. Juan Pablo Letelier abandona la sala «para ponerme unos guantes de box». Mariano Ruiz-Esquide opina: «A Allamand lo considerábamos un caballero, pero ha demostrado una pérdida de serenidad preocupante. ¿Así comienza el gobierno de Piñera?», se pregunta con temor. «Lo que yo escuché no se puede decir en público, porque son palabrotas. En todo caso la parentela del señor ministro salió a cuento y otras palabras que son de uso común, pero que no son habituales en el Senado», aclara pudoroso.

Allamand descarta que se haya llegado a las manos. «Por favor, somos gente normal, ¿se fija? Estamos en el Senado. Le dije en forma serena y enérgica lo que pienso de él y su actitud. Yo estoy profundamente dolido y me hago responsable de todas mis declaraciones», sostiene. Tras este festival, Velasco no reaccionó. «Le tiritaba la pera», dicen algunos. Otros afirman que se mantuvo estoico. «El ministro se quedó tranquilo, él es un caballero», asegura Ruiz-Esquide.

El mismo Velasco da su visión de los hechos: «Cuando el senador Allamand pierde el control lo que hace es quedar en ridículo y hace que el resto quede en vergüenza. Le quiero decir que si quiere meterse en el barro y jugar con tierra, que juegue solo. No le acepto a nadie que me falte el respeto», aclara con pasmosa tranquilidad.

Un clásico del Congreso

Las palabrotas son cosa más común en la Cámara Baja que en la Alta. El diputado René Manuel García una vez increpó con palabras que no hallará usted en el diccionario a un camarógrafo que grababa ciertas escenas. Y el radical José Pérez reclamó a garabato limpio contra unos jóvenes que se manifestaban en las tribunas.

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