Quiere darles trabajo en un centro de eventos
Los problemas de salud de su papá la tiene mal. Jamás tomó en cuenta los dolores hasta que se volvieron insoportables, dice. También quiere que su madre se retire.
El jueves 31 de diciembre, Angélica Sepúlveda se despidió de «Yingo» y le bajó el telón a la tele, al menos por un tiempo. Sin una oferta «muy buena», como dice ella, y tras una profunda introspección decidió regresar a su pueblo natal. «El 28 de diciembre cumplí un año desde que ingresé a 1810 y familiarmente han sucedido cosas que me hacen querer parar un rato. Necesito estar cerca de mis afectos, así es que vuelvo a Yungay. Tenemos un negocio familiar que queremos capitalizar», dice.
El negocio es un antiguo anhelo de la Fierecilla y algo que venía realizando con los suyos de manera informal: instalar un centro de eventos, que incluya servicios de banquetería y coctelería, donde ella pueda cantar. «En estos meses me he dedicado a capitalizar y reunir fondos. Ahora con mis papás y hermanas queremos comprar un terreno grande, puede ser cerca de Yungay o Chillán, donde podamos instalar nuestro negocio. Tiene que ser el mejor, porque poco importa si eres conocida o no. Los clientes se merecen lo mejor», explica, toda una empresaria.
El centro de eventos tiene otra poderosa razón para existir. «Mi objetivo es que mis papás se retiren de sus respectivos trabajos. Ella tiene 50 años y es auxiliar de un colegio, él (60) es auxiliar en el Hospital de Yungay y le toca pesado. Sus horarios son complicados y tiene que hacer mucha fuerza. Es imposible que lo saque de su pega y lo deje sin hacer nada, porque se me muere. Pero en nuestro servicio de coctelería tendría su función bien específica», adelanta.
La preocupación por su padre, Luis Sepúlveda, no es gratuita. Poco antes de Navidad se enteró de que él sufre una delicada enfermedad. La prensa habló que tuvo un infarto cardíaco y que padece cáncer. Ella se niega a revelar cuál es su mal «por respeto a él». Sólo aclara que «es algo que no se puede solucionar totalmente, pero sí se le puede dar un alivio y para eso tiene que bajar las revoluciones. En la familia siempre mantenemos la cara sonriente, aunque por dentro lo estemos pasando muy mal. Mi papá se dejó estar, se convenció de que todo estaba bien y no pescó el llamado de atención que le estaba enviando su cuerpo. Jamás tomó en cuenta los dolores hasta que se volvieron insoportables».
-¿Agota ser el sostén de la familia?
-Todo lo contrario. Me siento privilegiada. Qué mejor que devolverles la mano a mis papás que se sacaron la mugre para darnos un bienestar a sus cinco hijas (la mayor es Angélica de 28 años y la menor tiene 21). Los dos ganan el sueldo mínimo y nuestra situación económica siempre fue bastante baja. A ellos les daba lo mismo andar con los zapatos rotos con tal que estudiáramos en la universidad.
-¿Nunca te han dado ganas de darte un gustito, como viajar, por ejemplo?
-Obvio que muchas ganas, pero no podría hacerlo tranquila sabiendo que mi familia tiene deudas. Mis prioridades son otras. No soy una chica materialista. Lo único que compré fue un auto chico, que en realidad lo usa toda la familia.
-¿Ahora te desagrada la tele?
-Necesito alejarme de ella un rato. Si bien estuve en un reality y fui catalogada como una chica polémica siento que después me han tildado gratuitamente como una chica problemática. Y la verdad es que soy todo lo contrario. Soy una persona súper alegre, me encanta la armonía y reír. Entonces, ya me achaca que me sigan tildando de conflictiva.
-Estás soltera, ¿qué buscas en un hombre?
-Me gustan los hombres que se la juegan por mí, entregados, muy apasionados, juguetones e impulsivos como yo. Pero que no anden buscando pantalla. Me ha pasado que conozco a alguien y salimos súper bien, pero basta con que vea que el seudo romance está siendo comentado en TV para que se me pase todo el entusiasmo.
«Somos desechables»
Para Angélica Sepúlveda los costos de la fama son «bien caros. Además, soy bien aterrizada. He participado en dos realities y dos programas, pero sé que en el minuto que dejas de aparecer en la tele eres nadie. La gente se olvida rápido, porque somos personajes absolutamente desechables».


