Poetas de la vieja escuela analizan el amor en los tiempos del Facebook
Juan Morales
Cuenta el poeta Edmundo Herrera, miembro del directorio de la Sociedad de Escritores de Chile, que en sus tiempos para decirle te quiero a una niña había que atravesar un océano y para demostrar el amor, había que prácticamente ser un Quijote frente a una Dulcinea. Vale decir, «había que hincarse, regalar unas flores y escribir una carta con mucho sentimiento. Eso por lo menos», dice.
«Pero era más romántico», agrega. «Esto del Facebook, ya, está bien, los tiempos cambian. Pero se ha perdido esa intimidad, esa cosa secreta. Ahora todo es público, todo se publica en Facebook. Y el amor no es público. Las cartas eran personales, únicas. Un pequeño tesoro».
Floridor Pérez, otro poeta de viejo cuño, encuentra la prueba de amor de Facebook extraña, pero cree que es más de lo mismo. «Ha cambiado la forma, pero no el fondo», dice. «La gente se sigue enamorando y sigue sufriendo por amor, como lo ha hecho desde la época de las pirámides. No era un amor de Facebook, claro. Antes, la prueba de amor la pedía el hombre a la mujer para que, supuestamente, se entregara en cuerpo y alma. Era muy de campo eso. Y para pedir eso, debían pasar años. Ahora la cosa es más precoz, quizás. Y más explícita, lo que tiene sus ventajas».


