Se acalambró en la mitad soltó su mochila llegó a la azotea y fue detenido
Sergio Alcántara terminaba ayer su jornada laboral en el piso 17 del edificio Telefónica, frente a Plaza Italia, cuando vio la sombra de un hombre afuera de su ventana. «Fue impactante para nosotros en la oficina, todos salimos a ver», cuenta, todavía un poco petrificado, porque con sus colegas esperaban lo peor.
Quienes pasaban por las afueras del edificio de avenida Providencia a las 17 horas, también vieron con inquietud lo que ocurría. Temían estar ante un suicida, que con decisión se movía por el costado izquierdo de la estructura de 132 metros de altura (143 con antena) y 33 pisos, donde unas barras permitían al intrépido subir paso a paso. De hecho, Sergio admite que «muchos decidimos volver a la oficina cuando vimos que el tipo seguía escalando hacia los pisos más altos. No queríamos ver un desenlace que fuera más trágico».
Santiago Maturana, otro testigo, estaba pegado. «Lo vi poniendo un lienzo y casi se cae. Ahíél tiró la mochila para abajo. Siguió escalando y cuando pasó la mitad empezó a acalambrarse, porque movía las manos, miraba para abajo y seguía escalando. Arriesgado el hombre, porque yo he trabajado en altura y si alguna de las barras hubiese estado suelta, se pudo ir para atrás», analizó.
Pero no hubo muertos y la escena terminó con más de cien personas grabando y fotografiando lo que pasaba. El hombre, que parecía un muñeco desde la lejanía, nunca había tenido intenciones de quitarse la vida y tampoco se creía Maite Orsini. Todo era una acción de arte.
Con ese único fin, el trepador se había aperado de unos guantes y así inició su particular periplo. Su primera parada fue en el piso seis. Ahí instaló una tela que decía: «Fuerza, valentía, ternura: Chile». Luego continuó su loca escalada hasta la azotea. A esas alturas, un equipo de Carabineros lo esperaba y un carro de Bomberos le seguía la pista desde la calle.
El desconocido trepador, tras lograr su meta, tuvo que conformarse con ser detenido por Carabineros por el delito de desórdenes públicos. Ahí se supo que era un ciudadano francés llamado Jack Bolzoni, de 39 años. Cuando el carro policial se lo llevó, los espectadores se dividieron. Unos le gritaron «idiota» y otros lo aplaudieron.
Una amiga de Jack salió a explicar que el hombre le había adelantado durante la mañana su plan. «En ningún momento quería arriesgar su vida, eso me comentó antes de tomar la decisión. El cartel no es político, es un acto de amor a los chilenos», aseguró.
Jack solo pudo explicar su proyecto a gritos, tras salir de la comisaría y ser entregado a la PDI. Resulta que el hombre tenía su visa vencida desde septiembre del 2009 y según la policía estaba bajo tratamiento siquiátrico. «Valentía, nada más, valentía», dijo al salir de la 19 Comisaría de Providencia.
-¿Algún mensaje, Jack?
-Porque yo amo a Chile y no sabía qué más hacer.
-¿Lo habías hecho antes?
-No, nunca.
¿Lo van a deportar?
El futuro de Jack no es prometedor. El hombre de 39 años, que entró a Chile en junio del año pasado y que participaba en Curacaví de talleres de danza y de arte, sería deportado este viernes a Francia.


