Relato de un turista mendocino en Santiago
Nahuel tiene 23 años y cruzó la cordillera con la idea de hacer compras. Éste es su relato.
Esta historia ocurre en el centro de Santiago, en el sector de galerías y casas de cambio entre Huérfanos y el paseo Ahumada. Es mediodía. Hay movimiento constante: gente entra y sale, las filas avanzan rápido, los billetes circulan a la vista.
Ahí llega Nahuel. Tiene 23 años y vive en Mendoza. Viajó por dos días a Santiago con tres amigos. Vinieron a comprar zapatillas, teléfonos, netbooks y encargos para la familia. Trajeron dólares y buscaban dónde cambiarlos.
Mientras miraban precios, dos hombres se acercaron. No llamaron la atención. «Estaban ahí, entre medio de dos casas de cambio, justo en una galería», relata Nahuel. El contacto fue directo. «¿Quieren cambio, muchachos?», les dijeron. Hablaban como si trabajaran en el lugar y ofrecieron un mejor precio. «En ese momento el dólar estaba a $877 y ellos ofrecían pagar $885 por cada dólar cambiado a pesos chilenos», recuerda el turista.
El montaje
Para despejar dudas, ofrecieron mostrar el lugar donde supuestamente hacían el cambio. Nahuel y sus amigos aceptaron. Caminaron unos metros, bajaron por escaleras y entraron a un subterráneo. No había letreros ni mostradores.
Ahí vieron a otras personas recibir dinero. Un hombre mayor y dos más. «Había una haciendo como una transacción», describe Nahuel. Contaban billetes y cerraban tratos. «Terminaban como su transacción». Todo parecía normal.
La apariencia ayudó. «Usaban camisa, pantalón, cinturón, zapatos», describe. Había una calculadora y gente esperando. El lugar parecía una oficina improvisada. «Era una casa de compra y venta de oro. En Argentina son así», afirma Nahuel. Esa referencia terminó por convencerlo.
Cuando llegó su turno, apareció el apuro. «Nos decían que nos apuráramos porque había otras personas esperando». Nahuel dudó, preguntó y volvió a preguntar.
Después sacó los 3.000 dólares que había llevado desde Mendoza para cambiarlos a pesos chilenos y se los entregó.
Uno de los hombres que ofrecía hacer el cambio tomó el dinero y pidió que no lo siguieran. Habló de verificar los billetes. Nahuel no confió. «Yo lo seguí por las dudas», dice. Subieron juntos las escaleras. En un punto, el hombre salió corriendo. «De la nada empieza a correr», recuerda.
Corrieron por esas escaleras hacia la superficie, cerca del paseo Ahumada. Alguien gritó. La gente miró. Alguien intentó derribar al hombre que llevaba los billetes. «La gente misma lo intentó voltear», cuenta. En el lugar había carabineros de la SIP que seguían de cerca a ese grupo. La banda ya estaba identificada.
Horas después, Nahuel fue a una comisaría. Ahí, Carabineros le devolvió los 3.000 dólares recuperados minutos antes tras la detención del estafador.
Todo ocurrió rápido. Desde Mendoza, Nahuel lo resume sin vueltas: «Nos endulzaron el oído y caímos, les creímos». Al pensar en una próxima visita a Santiago, dice que la señal clave es no moverse del lugar: «Hay que cambiar sí o sí en las casas de cambio y que no te manden para otro lado, tiene que ser ahí mismo».


