Artista rusa se pone en los zapatos de los grandes maestros de la pintura

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Título/Pie de foto: De izquierda a derecha, autorretratos inspirados en Vincent van Gogh, Tamara de Lempicka y Paul Gauguin.

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Título/Pie de foto: De izquierda a derecha, autorretratos inspirados en Vincent van Gogh, Tamara de Lempicka y Paul Gauguin.

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Título/Pie de foto: De izquierda a derecha, autorretratos inspirados en Vincent van Gogh, Tamara de Lempicka y Paul Gauguin.

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Título/Pie de foto: Doble homenaje de Katerina Belkina a Frida Khalo.

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Título/Pie de foto: Doble homenaje de Katerina Belkina a Frida Khalo.


Katerina Belkina realiza autorretratos inspirados en los genios de la plástica

La autora acrecienta su fama como la espuma, gracias a sus recreaciones de la estética y los mundos internos de figuras como Picasso, Gauguin, Van Gogh y Lempicka.

Rodrigo Castillo R.

Una pregunta muy simple de formular, pero muy difícil de contestar, fue el detonante del trabajo que ha catapultado a la artista rusa Katerina Belkina hacia el estrellato internacional. La interrogante se podría resumir así: ¿qué sentía Vincent van Gogh cuando estaba creando sus autorretratos?

Para encontrar la respuesta, la autora produjo un autorretrato digital en el que, junto con imitar el corte de pelo y la expresión facial del pintor, evocó también la encendida paleta cromática y las vibrantes pinceladas del genio holandés.

El trabajo de la mujer, claro, no se detuvo ahí, porque tras los más que satisfactorios resultados obtenidos con el primer experimento, empezó a producir una extensa galería de estampas en las que -adoptando siempre el doble papel de modelo y retratista- intentó ponerse en los zapatos y en las mentes de figuras como Frida Kahlo, Paul Gauguin, Tamara de Lempicka, Egon Schiele, Pablo Picasso y Gustav Klimt.

Reunidas bajo el título Paint , las composiciones destacan porque, más que ser remakes de pinturas famosas, funcionan como invenciones muy particulares que invitan a descubrir las huellas de los maestros a los que se alude en cada una de ellas. Esta propuesta, por cierto, ganó de inmediato una interminable oleada de aplausos y convirtió a la artista en una de las personalidades más interesantes que han aparecido en el último tiempo.

«En esta serie tomé el instrumento básico, mi cuerpo, y bajo la inspiración de los grandes maestros usé sus técnicas y mi experiencia para que ambas cosas se fusionaran en una», ha explicado Belkina, quien suele decir que ese grupo de trabajos constituye «una especie de presente» para sus creadores favoritos.

«Estoy abrumada por el deseo de no solamente imitar la técnica original, sino de aprender qué motivaba a cada genio, qué inspiraba a cada uno de ellos. Todos los materiales y texturas que se ven en las obras fueron pintados por mí al óleo, y algunas cosas fueron dibujadas con lápiz o al carbón para luego procesarlas en Photoshop», agrega.

Nacida en 1974 en Samara, una ciudad emplazada en la parte europea de Rusia, la autora se trasladó a fines de 2013 a Berlín, ciudad en la que vive y trabaja hasta hoy. Actualmente está concentrada en la preparación de su primer libro, donde reunirá lo más destacado de su aclamada obra artística. El tomo debería ser publicado a fines de este año por la editorial alemana Kerber.

«Ahora necesito un escritor que esté interesado en ayudarme a finalizar este proyecto. En el libro, el texto aparecerá en inglés y en alemán», dice Belkina, cuyas energías están monopolizadas, en estos últimos días, por su hija Mia, quien nació el domingo recién pasado.

«Al principio, cuando empecé a hacer la serie Paint , quería investigar tanto externa como internamente, pero luego la búsqueda me llevó a algo más grande y empecé a investigar mis propias fuentes de inspiración», recuerda la fotógrafa y pintora.

«La idea de usarme a mí misma como modelo apareció desde el inicio, pero cuando quise ponerme en los zapatos de estos grandes artistas, para rastrear el proceso de creación de sus obras maestras, comencé un proceso de aprendizaje acerca de mí misma», reflexiona Belkina.

La ciudad deshabitada

«No me veo a mí misma como una fotógrafa, sino como una artista que usa la fotografía como base para sus trabajos», dice Katerina Belkinar, quien ha desarrollado una exitosa carrera tanto en el ámbito de la creación de carácter personal como en el campo de la publicidad, área en la que ha realizado importantes campañas.

Esa experiencia laboral ha llevado a la mujer a tener una relación más bien conflictiva con la sociedad de consumo, asunto que se refleja en su serie «Empty Spaces», donde se muestra a sí misma como una dama glamorosa que deambula con aire ausente por una ciudad ultramoderna pero desprovista de seres humanos.

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