En la vivienda estaba su hijo Matías, de 6 años
Delincuentes se llevaron una caja fuerte, a plena luz del día y a pasos del centro comercial Apumanque.
Con voz serena, pero intensa, Rodrigo Goldberg, ex delantero de la Universidad de Chile y actual comentarista de televisión, relató ayer cómo pasó a engrosar las ignominiosas listas de las víctimas de la delincuencia.
Un solitario asaltante entró al mediodía de ayer a la casa que habitan su ex mujer, María Paz, junto a sus dos hijos.
Faltando quince minutos para las dos de la tarde, mientras se encontraba Matías, de 6 años, bajo el cuidado de la nana, mientras su hermano menor estaba en el jardín infantil y la dueña de casa permanecía trabajando, el antisocial trepó un muro perimetral y se escabulló por una ventana abierta del segundo piso.
«Entró directo hasta la pieza de María Paz, revolvió todo y se llevó una caja fuerte», contó Golberg, quien el año pasado ya sufrió bastante con el tema.
«Me abrieron el auto ocho veces, con seguridad y todo. A mi papá le pusieron una pistola en la cabeza. No sé adónde vamos a llegar con esto», dijo Goldberg.
Hasta ayer en la tarde, no había sido cuantificado el botín logrado por el o los malhechores, pero «pensamos que se trababa solamente de una persona, porque de haber sido más se hubieran llevado más cosas», agregó el ex futbolista.
Dentro de la desgracia, hay que rescatar que en ningún momento el asaltante tuvo contacto con el niño ni con la nana. «Cuando la señora escuchó ruidos en el segundo piso, subió a ver lo que estaba pasando, pero cuando llegó ya no había nadie. Mi hijo chico se enteró después, pero ahora no quiere subir al segundo piso», relató.
«Yo me estaba sentando a comer en un almuerzo de negocios, cuando me llamaron. Salí disparado. Nadie entendía qué pasaba», abundó el comentarista del CDF.
Pasadas las seis de la tarde aún prestaba declaraciones en carabineros para buscar alguna pista del culpable, mientras su ex esposa trataba de aplacar los nervios por el susto sufrido.
«Estos tipos ya no respetan nada ni a nadie. Entran a las casas a la hora que quieren, con gente o sin gente. Tienen acceso a defensa gratuita en los tribunales y, en muchos casos, su castigo no pasa de un día. El problema es que la gente decente, la que trabaja, es la que paga las consecuencias», dijo, enojado.
«Estos tipos ya no respetan nada ni a nadie»
Lamento del Polaco Goldberg


