Así es el meticuloso plan para recuperar el Palacio Falabella, en el corazón de Providencia

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Casa consistorial cerrará sus puertas al público durante seis meses por restauración

La recuperación de las fachadas será realizada por especialistas, respetando los materiales y las técnicas constructivas originales.

Mantener el patrimonio arquitectónico en un país tan sísmico como Chile, es simplemente una tarea sin fin. Bien lo saben en la municipalidad de Providencia, propietaria del Palacio Falabella, una de las joyas más valiosas de la comuna, que cerrará sus puertas al público por seis meses, para entrar en un meticuloso periodo de restauración.
Emplazado desde 1924 en la emblemática avenida Pedro de Valdivia, no se puede intervenir esta creación del arquitecto chileno Guillermo Manselli en estilo renacentista del siglo XV, sin la aprobación del Consejo de Monumentos Nacionales, que se mantiene atento al respeto por las técnicas constructivas y materiales originales.
Esta primera etapa considera la recuperación total de las cuatro fachadas, más la techumbre y la terraza del tercer piso, que son las zonas del edificio que presentan mayor deterioro, principalmente por filtraciones.
«Uno de los procesos más delicados será la reparación del estuco, que es el mortero compuesto por cemento, cuarzo y arena, que recubre los muros exteriores. Ese trabajo será realizado por técnicos en restauración, que tienen la misión de lograr la misma granulometría y color de lo que hay en el muro. Que no se note el arreglo», explica la arquitecta Amparo Henríquez, de la Dirección de Barrios y Patrimonios del municipio.
También recibirán atención todos los balaustres del edificio, esos pequeños pilares de cemento que sostienen las pesadas barandas de los balcones y terrazas, muchos de los que han perdido sus detalles originales. «Afortunadamente encontramos unos cuantos en muy buen estado, que servirán como modelos a reproducir con el uso de un torno para mezcla de cemento, tal como se hacía artesanalmente a principios del siglo XX», explica la magíster en Arquitectura Sustentable.
La técnica ya ha sido ocupada con éxito en la restauración del Palacio Ariztía y de otras grandes mansiones capitalinas, que suelen tener balaustres «crecedores»: son levemente más altos a medida que se ubican más arriba en la fachada, con el objetivo de producir una ilusión óptica y mantener las proporciones visuales de la obra desde el nivel de la calle.
En cuanto a los aleros del tercer piso, que al paso de los años se han deformado y causan filtraciones, Henríquez asegura que «se trata de elementos de madera de roble independientes, anclados a los muros a través de ménsulas ricamente ornamentadas con cabezas de carneros. Esas las repararemos y repondremos. Las vamos a hacer con el mismo mortero de cal y yeso de hace un siglo».
Por ahora lo que no se tocará serán los ricos azulejos que adornan el exterior del edificio. Son obra de Aristodemo Lattanzi Borguini, el pintor italiano responsable de la decoración de otros importantes edificios de la época, como la hoy agonizante Basílica del Salvador, que tardó casi dos décadas en completar.
«Es un trabajo tan importante, que no es conveniente ejecutarlo en medio de la obra gruesa. Más aún cuando en el edificio seguirá funcionando la alcaldía», adelanta la profesional, mientras muestra algunas de las pocas piezas sueltas en la fachada principal. También aclara que el interior del edificio no se tocará.
 
Terraza
El mayor desafío de los ingenieros será la reparación de la azotea, donde además de una amplia terraza, se encuentra la pérgola, desde la cual se aprecia el frondoso follaje de la avenida.
A simple vista se ven las manchas dejadas por el agua apozada tras las lluvias. Buena parte del actual sistema de desagüe también es herencia de «maestros chasquilla», que en el pasado intentaron ayudar sin contar con las competencias técnicas necesarias. Eso se nota en algunos tubos de plástico azul que sobresalen de los muros exteriores.
«Para evitar humedad, pondremos una capa de material nivelador, de alta calidad e impermeable, sobre el que instalaremos el nuevo piso, que además de ser antideslizante y resistente a los elementos, recuperará el diseño de tablero de damas concebido por Manselli», cuenta Amparo.
También explica por qué no se retirará el piso de baldosas, ni la pileta que fue agregada a fines del siglo pasado.

«No podemos ponernos a picar, porque es un edificio tan antiguo, que las vibraciones producidas por los taladros y otras herramientas pesadas, podrían afectar la estructura, por lo que no vale la pena, dadas las técnicas constructivas actuales que son más respetuosas con la estructura».

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