Fabricado en Chiloé, acaba de recibir en EE.UU. premio conocido como el Nobel del Mar
Su diseño híbrido busca enfrentar una seria amenaza para los cetáceos: las colisiones con embarcaciones.
Chile suma miles de kilómetros de costa, pero muy pocas embarcaciones que navegan por sus aguas han sido construidas con criterio científico, tecnológico y ambiental al mismo tiempo. El Cachalote, yate fabricado en Chiloé, es una excepción.
Diseñado para navegar e investigar por el océano sin perturbar su fauna, fue concebido como una plataforma de bajo impacto. Hace poco más de un mes, en Fort Lauderdale (Florida, EE.UU.), fue reconocido en la categoría Tecnología e Innovación de «The Honours 2025», uno de los premios más importantes del mundo marítimo (conocidos coloquialmente como los «Nobel del Mar»).
A bordo del Cachalote se combinan velas, motores de bajo consumo y paneles solares que alimentan los sistemas eléctricos. Incluye sensores para detectar la presencia de ballenas y evitar colisiones, hidrófonos para registrar sonidos submarinos y una estructura aislada que reduce el ruido y las vibraciones del casco. También cuenta con tecnología satelital y trazabilidad ambiental, todo pensado para navegar por ecosistemas frágiles sin dejar huella.
Ruido bajo el agua
Francisca Cortés Solari, filántropa y empresaria, recuerda que el proyecto nació mucho antes de la idea de construir una embarcación. Cuando comenzaron a trabajar en proyectos de conservación en la Patagonia, identificaron a la ballena azul como su principal objeto de estudio en el golfo de Corcovado. Organizaron expediciones durante varios años y produjeron decenas de investigaciones científicas, incluidas las primeras mediciones realizadas con drones en la zona.
Durante ese largo trabajo en terreno, cuenta, entendieron con claridad cuál era la mayor amenaza para los cetáceos en Chile: las colisiones con embarcaciones.
«Hay algo en mi corazón que quiere hacerse cargo de cuidar algo. Me empecé a enamorar del mar y también a darme cuenta de que era muy importante que la ciencia y todo lo que estábamos haciendo no se quedara solo en papers. Necesitábamos comunicar a la sociedad civil qué estaba pasando con los océanos y con el cambio climático», recuerda Cortés, quien está a cargo de otro proyecto asociado: The Blue BOAT Initiative, sistema de alerta temprana instalado en una boya inteligente que, en tiempo real, escucha sonidos bajo el agua para advertir la presencia de ballenas en la zona; si las identifica, avisa a la Armada para que las embarcaciones que atraviesan esa ruta marítima tomen medidas para evitar impactarlas.
Durante el diseño de Cachalote tomaron decisiones técnicas inusuales en la industria local, como el énfasis en el silencio submarino.
«Fue por la evidencia científica de los estudios respecto al daño que el ruido submarino genera en los cetáceos, específicamente colisiones y muerte que generan un enorme impacto en el golfo de Corcovado, la Patagonia Norte y nuestra biodiversidad marina. Cada ballena captura 33 toneladas de CO2, equivalente a 1.000 árboles, lo cual da una noción de la importancia de conservar esta especie paraguas. Por lo mismo, entendimos rápidamente que de no minimizar vibraciones, ruido y emisiones, nuestra embarcación no cumpliría su propósito de conservación».
En 2023 comenzaron las pruebas de eficiencia y consumo, determinantes para cualquier certificación de bajas emisiones. ¿Cómo fue el proceso?
«Uno de los resultados más sorprendentes fue comprobar que el nivel de ruido submarino era aún más bajo de lo proyectado gracias a la combinación de aislación, estabilización silenciosa y propulsión híbrida. Este hallazgo reveló que el barco no solo cumplía lo esperado: podía convertirse en un nuevo estándar para embarcaciones científicas en países en desarrollo, abriendo oportunidades para modelos replicables».
¿Cómo logra Cachalote generar un impacto mínimo en CO2?
«La decisión más determinante fue la integración del sistema híbrido de propulsión con la navegación a vela, que permite disminuir de manera significativa el uso de combustibles fósiles. Los paneles solares y el diseño aerodinámico complementan la eficiencia, pero el mayor impacto proviene de la capacidad del barco de operar durante largos tramos sin depender exclusivamente del motor diésel».


