Banco Central estrenará nuevo proceso que reduce los costos de producción
Tendrán un núcleo de acero recubierto conotros metales. La de $50 comenzaráa circular en octubre y la de $10 llegará enenero de 2027.
Puede parecer poco: $10 no alcanzan para comprar prácticamente nada. Sin embargo, cuando llega el momento de entregar un vuelto exacto, esos diez pesos todavía importan. Tanto, que la moneda de menor denominación es actualmente la que registra la mayor demanda entre todas las monedas que circulan en Chile.
Los bancos solicitan mensualmente al Banco Central entre 20 millones y 25 millones de monedas de $10, muy por encima de las de $50, cuya demanda se mueve entre 3 millones y 5 millones. El instituto emisor responde a los pedidos de las entidades financieras y estas a las necesidades de sus clientes, especialmente del comercio.
«La moneda de 10 es la moneda más demandada porque es la moneda que se usa para los vueltos», explica Cecilia Feliú, gerenta tesorera del Banco Central. Su utilidad está precisamente en permitir que los comercios entreguen el monto exacto. «Lo que hace la moneda de 10 es generar ese vuelto justo equilibrado», agrega.
El cambio también se notará al tenerlas en la mano, aunque de manera distinta. Feliú explica que la nueva moneda de $10 será más chica que la actual, mientras que la de $50 conservará su tamaño, pero será más liviana. La llegada será escalonada: la de $50 comenzará a circular en octubre de este año y la de $10, en enero de 2027. Las antiguas no deberán cambiarse y continuarán circulando junto con las nuevas.
La transformación tiene una razón económica. Con el nuevo sistema, fabricar la moneda de $10 costará aproximadamente 30% menos que producir la actual. Considerando conjuntamente las nuevas piezas de $10 y $50, el ahorro promedio llega al 50%. El costo exacto depende del precio de los metales, las cantidades encargadas y las condiciones de la industria.
¿Qué permite bajar tanto el costo? Alejandro Castillo, gerente de Investigación y Desarrollo del Laboratorio Simet de la Universidad de Santiago, explica que las monedas actuales son de una sola aleación, basada principalmente en cobre y con otros elementos como níquel y zinc. El precio del cobre termina encareciendo especialmente las monedas de baja denominación.
Las nuevas parten de otra lógica: utilizan un núcleo de acero, un material más barato, que posteriormente recibe un recubrimiento metálico con una tecnología eléctrica.
Castillo cuenta que el procedimiento se denomina galvanoplastia. El núcleo se sumerge en un electrolito y mediante corriente eléctrica los metales se adhieren al acero. Castillo explica que se utilizan capas de níquel y cobre en el recubrimiento. «El níquel mejorar la adherencia del cobre en el acero», dice.
¿Podrían durar menos estas monedas al ser recubiertas? Castillo señala que dependerá del uso. Con el tiempo podrían desgastarse y quedar el acero expuesto a la humedad, pero recuerda que esta tecnología se utiliza hace años en otros países y permite conseguir una buena resistencia a la corrosión y al desgaste. «Además, el mayor uso de los pagos digitales ayuda a que el dinero físico de use menos y, por lo tanto, tenga menos desgaste», dice.
Desde Canadá
La primera producción de estas monedas fue adjudicada mediante licitación a la Casa de Moneda de Canadá. Casa de Moneda de Chile también participó, pero Feliú explica que se consideraron aspectos técnicos y precio para elegir la mejor oferta y, asegura, que las próximas producciones volverán a licitarse, por lo que podrán competir nuevamente proveedores nacionales y extranjeros.
¿Ser de las primeras partidas podría transformar a estas monedas en objetos de colección? Jaime Troncoso, periodista, numismático y creador del sitio El Peso de la Historia (https://s.lun.com/elpsin), dice que no necesariamente. La clave es la escasez y en este caso se producirán millones. Como ejemplo menciona que en 1985 se acuñaron alrededor de 400.000 monedas de $10 y, por su menor disponibilidad, actualmente una puede llegar a valer unos $15.000, dependiendo de su conservación. «Todo depende de la escasez para saber si se hará más cara», explica.
Lo interesante para los coleccionistas, agrega Troncoso, es que habrá un período en que convivirán dos variantes de una misma denominación: la antigua y la nueva.



