La destacada historietista Sol Díaz lanza libro con lo mejor de sus personajes
La creadora gráfica habla de sus personajes poco agraciados, pero felices, y recuerda sus inicios cuando jugaba a la pelota en su barrio.
Cuando era chica, Sol Díaz pasaba sus tardes libres corriendo detrás de la pelota junto a sus amigos del barrio. Le cargaba ser niña y odiaba jugar a las muñecas. Hoy confiesa, de hecho, que si en esa época hubiera existido una pastilla para cambiar de sexo en forma instantánea, se la habría tomado sin pensarlo.
«Yo encontraba que ser mujer era lo más aburrido, pero eso era porque sólo conocía una forma de lo femenino», reflexiona hoy esta ilustradora de 39 años que, precisamente por esos sentimientos de incomodidad respecto de su género, terminó creando la popular historieta «Bicharracas». Ahí, en esas viñetas, se rió de sí misma al presentar a tres niñas peludas y poco agraciadas que se tomaban con humor su condición de marginales e incorrectas.
Publicadas originalmente hacia el año 2009, en formato blog, las aventuras de las Bicharracas fueron recogidas después en un libro al que luego se sumaron otros dos volúmenes. A esas entregas se agrega, ahora, un tomo titulado «Bicharracas fina selección», de Penguin Random House, que como su título indica contiene lo mejor de todo ese largo ciclo, incluyendo también algo de material reciente que sólo había circulado en el Instagram de la autora.
«Vamos a presentar «Bicharracas fina selección» en la Biblioteca del GAM el jueves 6 de marzo, justo el día en que cumplo 40 años, junto a mis amigas Marcela Maliki Trujillo y Natalia Valdebenito», anuncia Sol, quien hoy está posicionada en la escena chilena como una de las principales exponentes de la narrativa gráfica hecha por mujeres. Su producción incluye varios otros libros de temática infantil y adulta, así como incursiones en la música, el dibujo animado y la conducción de podcast.
¿Sientes alguna presión por ser, como algunos dicen, «la mujer fuerte de la historieta chilena actual»?
«No, yo creo que esa etiqueta que me ponen se debe más al tiempo que llevo haciendo esto, porque ya tengo una trayectoria y hasta ahora he tratado de publicar al menos un libro al año. Cuando comencé a hacer historieta el medio chileno era muy machista y los únicos personajes femeninos de las viñetas eran las minas ricas que estaban ahí para comerse al héroe. La Maliki Trujillo es la madre del cómic chileno hecho por mujeres, y con ella nos hicimos amigas en medio de un panorama de cómic femenino que era como un desierto, y que de a poco se fue poblando con nuevas autoras».
¿Te consideras feminista?
«Me considero feminista, pese a que siento que las «Bicharracas» podrían ser criticadas desde el feminismo actual. Pero todos mis libros son feministas en el sentido de que exploran y cuestionan lo femenino, y también buscan incomodar, tanto a quienes son feministas como a quienes no lo son. Para mí el feminismo es una búsqueda de libertad para poder existir a la pinta de uno, ya seas hombre o mujer, y creo en un feminismo que sea capaz de reírse de sí mismo y de cuestionarse».
Siempre dices, en entrevistas, que prefieres hacer tus ilustraciones e historietas con métodos análogos, con lápiz y papel. ¿Sientes que vas a contracorriente en este mundo digital?
«Es que yo soy como bruta, y siento que, mientras menos herramientas tenga, mejor voy a trabajar. Una de las cosas que más me gustan del dibujo es que con un lápiz y un papel puedes hacer una historia completa. Igual ha habido muchas veces en que he utilizado herramientas digitales, pero siento que tener demasiadas herramientas a tu disposición es como llegar a un asado y que haya demasiada carne: a uno le da menos hambre».
¿Qué opinas de las ilustraciones hechas con inteligencia artificial?
«Siento que la IA es como un juguete nuevo y que todos andan vueltos locos con ella, pero sería absurdo patalear para que no exista esa tendencia. Pero siento que en algún minuto la mirada autoral del ilustrador humano va a ser más apetecida. Creo que precisamente el error, lo feo, lo humano, será más valorado, porque es algo que la IA no te puede dar».
¿Cómo compatibilizas tu vida de persona creativa con tu ámbito familiar?
«Tengo dos hijos: Rafael, de 8 años, y Filomena, de 5. Y claro, la maternidad siempre es una locura. Me gusta leer las «Bicharracas» junto a ellos, y es entretenido identificarnos con las feas, o tener que ser yo más flexible si, por ejemplo, Filomena me dice que quiere ser una mariposa o una princesa. Ahí yo le digo que, si quiere, sea princesa, pero le aclaro que las brujas son más entretenidas, porque tienen poderes».
También has participado en recitales de música, aportando dibujo hecho en vivo. ¿Cómo se inició esa faceta?
«Yo iba a ver recitales de mi pareja, Raimundo Santander, que es guitarrista de jazz, y como a veces me aburría, me ponía a dibujar. Ahí se nos ocurrió que él podía hacer improvisación de jazz, y que yo podía acompañarlo improvisando con mis dibujos. Así empezamos a presentarnos con Raimundo y su grupo La Orquesta del Viento. Yo, además, también tuve mi propia bandita experimental. Nos llamábamos Las Moño y yo tocaba el teclado, pese a que nunca supe de acordes ni partituras. En realidad era algo muy hippie, pero fue lindo eso de hacer algo en lo que uno no es tan bueno».


