Espectacular anécdota con marihuana, desclasificada en Acoso textual
El ex senador compartió en 1984 una jornada de alto vuelo con su suegro en Venezuela. Empezó a reírse solo, cuestión por supuesto enteramente inusual, recordó don Nelson.
No ha sido un regreso muy auspicioso en materia de sintonía, pero en su primera semana al aire «Acoso textual», de Canal 13, se las ha ingeniado para generar noticia, incluso teniendo de invitados a rostros de la misma estación, como Aldo Rómulo Schiappacasse, Cristián Campos y Daniel Fuenzalida.
Ayer se salieron de la norma de los días anteriores y probaron suerte en la arena política con un invitado que no tiene problemas a la hora de hablar: Nelson Ávila. De hecho, bastó que Bernardita Reyes le preguntara si podía soltar «un bombazo polémico» para que desclasificara una anécdota notable.
«Mi suegro, Enrique Silva Cimma (ex canciller de Aylwin, ex senador designado y ex contralor general de la República) un buen día en Venezuela me comentó que un amigo suyo, que fue decano de la facultad de derecho, le dijo yo no me quiero morir sin antes probar la marihuana . Entonces, cuando me narraba aquella experiencia, yo le dije ¿y por qué no sigue el ejemplo? Y un buen día, cuando estábamos en la isla de Margarita, me sorprende diciéndome llegó el momento. Vamos a probar la marihuana «, contó el ex senador ante la curiosidad de la audiencia.
Con su verborrea habitual y haciendo la mímica, agregó que «nos sentamos a eso de las ocho de la noche, ambos liando cigarrillos, los encendimos, nos echamos atrás y empezamos a conversar. Oye, en realidad esto no hace nada, ¿ah ? Al poco rato: ¿Y por qué dicen que genera estados de ánimo diferentes? y se empezaba a reír solo, cuestión por supuesto enteramente inusual. Hasta que nos los fumamos enteritos».
Terminó la anécdota y Sergio Lagos agarró papa. Muerto de la risa anunció una pausa comercial, no sin antes, decir el que podría ser el eslogan del nuevo Canal 13: «Pégate una voladita, aquí en el 13».
Un peligro público
Cuando el programa llegó a su fin, Ávila sopesó lo que había hecho. «Pensé que iba a tener que buscar una embajada para asilarme después de haber contado esa historia del ciudadano Silva Cimma», asegura y agrega que «me fui rápidamente a la casa, porque él vive con nosotros (su señora, Margarita Silva) desde que falleció mi suegra, a contarle. Pero él ya había recibido una llamada de alerta».
-¿Y qué le dijo?
-Lo primero fue ¡pero cómo se te ocurre contar esas cosas! Tú eres un peligro público. Pero lo tomó bastante en buena, porque como lo llamaron precisamente para felicitarlo por su acto, eso fue clave para que no se molestara con mi infidencia.
-¿Por qué desclasificó esa historia? ¿Fue una volada?
-Jamás se me pasó por la mente desenterrar esa parte de nuestra historia, que fue en 1984 durante mi autoexilio. Fue un mérito del programa, porque me fui sintiendo cada vez más atrapado por la atmósfera que se creó y así fluyó todo. Después pensé que era bueno concluir con un mensaje y es que las personas deben conocer responsablemente aquellas experiencias para hacer una opción libre y legítima en términos de rechazarla como práctica permanente.
-¿Cómo debe ser el consumo, don Nelson?
-Uno debe saber conscientemente que el uso de determinadas sustancias constituirá siempre una forma artificial de generar estados de ánimo. Uno debe aprender a obtener aquello con su práctica cotidiana de vida.
«Notable»
Sebastián Binfa, director de la revista «Cáñamo», no vio el programa, pero quedó feliz al enterarse de lo que ocurrió. «Me parece notable. El ex senador Ávila siempre nos sorprende con este tipo de cositas y qué bueno que se sepan estas historias para que el tema se siga hablando», dijo. Y dice que no le impacta que un político del nivel de Enrique Silva Cimma haya probado la marihuana, «porque la seriedad de una persona no se mide por si fuma o no».
-«Nos lo fumamos enterito», dijo Ávila con mímica y todo.
-A Silva Cimma lo llamaron para felicitarlo.


