El ex defensor de la U volvió del retiro para guiar ahora a la U. de Conce en su regreso a Primera División
Frank, mi hijo mayor, tiene 19 años y tengo compañeros de esa edad. Es loco, pero bueno, me cuido harto. Mirta, mi señora, me cocina sólo cosas sanas. La alimentación es clave, dice el zaguero.
Siete meses alcanzó a estar mirando al techo Osvaldo González cuando se levantaba y quedaba desocupado en Cocholgüe, la caleta ubicada al norte de Tomé y donde vive entre huiros y pescadores. Luego de un paso amargo por Huachipato, Rocky intentó de verdad colgar los botines con el orgullo de haber levantado nueve títulos, entre ellos nada menos que la recordada Copa Sudamericana de la U del 2011. Pero no pudo. Hace dos años el defensor recibió el llamado de la Universidad de Concepción y haciendo de tripas corazón aceptó el desafío de encabezar el regreso del Campanil a Primera División.«Un día me llamó Mario Lucero, que estaba de gerente, para ir a darle una mano al club, que en la primera rueda había sacado cuatro puntos y faltaban jugadores de experiencia. Lo conversé con la familia y todos me apoyaron. Además, mi papá me dijo que por algo me estaban llamando, así que acepté el desafío y, gracias a Dios, ese torneo del 2023 pudimos salvar la categoría», cuenta Osvaldo González, hoy con 41 años y el segundo más veterano del flamante monarca del ascenso, sólo por detrás del arquero Cristián Campestrini, que ataja nada menos que con 45 años.
¿Se imaginó alguna vez que volvería del retiro para ser campeón, Osvaldo?
«O sea, uno los sueños siempre los tiene. Cuando volví del retiro, después de haberme ido medio desilusionado de Huachipato, la verdad es que sólo quería darle una mano a la U. de Conce, mal que mal había debutado hace como 22 años ahí. Y después de salvarnos hicimos otro torneo bueno, pero ahora lo coronamos con el título y un gran equipo».
¿Y cómo la hizo a sus 41 años?
«Es que soy demasiado competitivo. Cuando se me pone algo en la cabeza, tengo que hacerlo. Y en este momento la verdad es que me siento la raja, tanto mental como físicamente. De verdad, incluso me proyecto».
¿No tuvo miedo que delanteros jóvenes se lo llevaran al hombro?
«Es que si eso hubiese pasado, hace rato que me habría retirado para nunca más volver. Pero no sucedió, yo aún me siento competitivo».
¿Tiene compañeros que podrían ser sus hijos?
«Claro, de hecho Frank, mi hijo mayor, tiene 19 años y justamente tengo compañeros de esa edad. Es loco, pero bueno, suceden estas cosas».
¿Cuál es el secreto para rendir a ese nivel a esta edad?
«Yo me cuido harto. Mirta, mi señora, me cocina sólo cosas sanas, esa dieta equilibrada que le llaman, y además hace un tiempo comencé con el ayuno intermitente. La alimentación es clave para rendir a estas alturas del partido».
¿Va a seguir en la U. de Conce este 2026?
«Eso quiero, pero depende de los dirigentes. Yo termino contrato este 31 de diciembre y tenemos que sentarnos a conversar si me quieren o no».
¿Y usted qué quiere?
«Seguir, de todas maneras. Me siento mejor que nunca, pero tiene que ser en algún equipo de acá de la zona. El año pasado me ofrecieron ir a Iquique, pero era muy lejos. A estas alturas ya no puedo mover la familia de acá de Concepción. Nosotros estamos en Cocholgüe, que es donde grabaron la teleserie del Mega, esa «Amor profundo»».
¿Sus hijos ya deben estar grandes?
«Claro y me salieron todos bullangueros, fanáticos. Tengo tres: el Frank (19), la Martina (15) y el Facundo (12), todos azules. De hecho, hace poco los llevé cuando la U jugó acá con Huachipato y aprovecharon de sacarse fotos con Marcelo Díaz y, sobre todo, con Charles, que es su ídolo».
¿Habla con sus ex compañeros de la U?
«Sí, poh. Sobre todo con Charles siempre hablo. Y me pone muy contento que él esté rindiendo así a los 36 años. Eso demuestra que los viejitos aún podemos. Siempre se puede, es cosa de proponérselo, no más».
¿Se imagina enfrentar a la U el 2026 y usted jugando por la U de Conce?
«Sería bonito, ojalá se dé. Yo me siento muy querido por la gente de la U, la otra vez cuando los enfrenté cuando jugaba en Huachipato me dieron un tremendo recibimiento y de verdad que me emocioné».


