La jefa de Estado también solidarizó con Cristina Fernández por el lío de las islas Malvinas
Otra cosa llamativa de esta breve visita: la hija mayor de la mandataria se vio acompañada por un joven misterioso.
Aunque la Presidenta Michelle Bachelet intentó poner paños fríos a la frase, la lectura inevitable, una que se debe hacer entre líneas, dice que la mandataria algo quiso decir cuando se despedía de Buenos Aires, en su penúltimo viaje antes de entregar el mando: «Quiero que esto sea un hasta pronto», musitó.
Precavida, Bachelet solicitó a la prensa «no sacar conclusiones apresuradas». Pero qué va. Hace unos días la gente le gritaba «2014, 2014» en una actividad en Arica, así que las conclusiones apresuradas surgen espontáneamente, sin esfuerzos.
Después de una agotadora jornada en Mar del Plata, donde vio una regata e inauguró un monolito en honor a Violeta Parra junto a su par argentina Cristina Fernández, la Presidenta se cambió su traje fucsia por uno azul para asistir a la entrega de las obras del nuevo Centro Cultural de la embajada nacional en la capital trasandina.
Como toda ceremonia de este tipo, había mucha gente linda, como Mauricio Macri, amigo de Sebastián Piñera y jefe de gobierno de la ciudad, el ministro de Relaciones Exteriores, Mariano Fernández, y también la hija mayor de la Presidenta, Francisca Dávalos, quien estudia en Buenos Aires y que lucía acompañada por un joven misterioso que le daba la mano.
Ropa por Malvinas
Horas antes, en Mar del Plata, Bachelet había dado señales de la buena relación entre ambos países al señalar que Chile «siempre ha tenido una sola postura» sobre las Malvinas, pues nuestro país «reconoce el legítimo derecho de Argentina» sobre las islas. Las declaraciones fueron muy bien recibidas por Cristina Fernández.
Pero ya en Buenos Aires la mandataria chilena quiso demostrar que su afecto por Argentina es especial. No en vano fue el primer país que visitó tras asumir el mando, el año 2006, y es el último al que va en visita oficial (el lunes está invitada al traspaso de mando en Uruguay). «Es un círculo que me llena de orgullo y felicidad», dijo.
Pero las palabras que generaron la sospecha y que seguramente darán mucho que hablar a los analistas de salón fueron las que dijo en voz bajita en su discurso. «Quiero que esto sea un hasta pronto». Un sepulcral silencio invadió entonces la sala. Ahí Bachelet salió jugando al solicitar a la prensa que no se pasara rollos. Después hubo un pie de cueca que dio tiempo para pensar qué habrá querido decir la Presidenta con su tallita bonaerense.
«Chile reconoce el legítimo derecho de Argentina sobre las Malvinas», dijo la Presidenta.


