Dejó de pensar en chilenos a los 19 años; ha recorrido 40 países
Considera que después de los 30 es difícil conocer a solteros en Chile, que se hace más difícil establecer relaciones.
Actualmente está en Santiago, donde hace un repaso de su vida amorosa.
Su primer amor extranjero fue un palestino qatarí, compañero de universidad en Nueva Zelanda. «Nos conocimos porque éramos vecinos y teníamos amigos en común», recuerda. Estuvieron juntos durante el año de intercambio. «Sus padres eran tradicionales; su padre sabía que yo existía, pero su madre no, porque los musulmanes no pueden pololear».
¿Esa fue la primera vez que casi te convertiste al islam?
«Sí, lo consideré. Cuando llegó el momento de separarnos, porque yo tenía que volver a Chile, estaba muy enamorada. Pensamos en casarnos como una opción para quedarnos juntos, pero para eso yo tenía que ser cristiana o musulmana, según lo que él me explicó. Y yo dije: ‘Démosle, seamos musulmanes'. Así que empecé a averiguar, pero terminamos antes de hacerlo».
Después conoció a un chico de Arabia Saudita. «Su familia era beduina y muy tradicional. Sabía desde el inicio que la relación no iba a prosperar, porque él estaba esperando que su familia escogiera con quién se iba a casar. Cuando me contó que le habían elegido a su futura esposa, supe que era una despedida definitiva». Ella pensó que sería para siempre. Pero hasta el día de hoy hablamos, somos amigos, y ahora él me cuenta de todos los hijos que tiene y de su señora».
El inglés
Estuvo con un inglés por seis meses, con quien trabajó como corresponsal en un barco, pero «prefiero no mencionarlo». Una de sus últimas relaciones importantes fue con un francés con quien estuvo cuatro años, que se vino a vivir con ella a Chile. «Pero los choques culturales fueron muy grandes y no pudimos ajustarnos».
¿En qué sentido eran los choques culturales con el francés?
«Por ejemplo, los franceses acompañan todas las comidas con una botella de vino. Para mí, eso era demasiado. Además, los europeos son muy abiertos y súper independientes, mientras que los latinos somos más de estar en pareja, más apegados. Pasé del extremo de los musulmanes, que son súper tradicionales, al otro lado con los franceses, que son muy libres. No congeniamos».
Dice que hay que abrocharse el cinturón al iniciar una relación con un extranjero.
«Siento que cuando uno empieza una relación con un extranjero no sabes dónde vas a terminar. En el sentido de que, si la relación prospera, se tienen que ir a vivir juntos a algún lugar. Eso puede ser en tu país, en su país o en un país neutral. Entonces, no es tan simple como pololear con alguien de tu barrio o de tu grupo de amigos, donde todo se da más fácil. No hay que pensar tanto en esos casos».
Usted ha tenido suerte de que no le ha tocado ninguno muy chanta.
«Creo que he tenido suerte dentro de todo. Me han tocado buenas personas. Si bien mis relaciones a larga distancia no han prosperado, ha sido porque estábamos en paradas distintas, no porque me haya tocado un loco».
¿Qué es lo más difícil de mantener una relación a larga distancia?
«La comunicación es muy difícil, porque uno se escribe por WhatsApp y nunca sabes el tono en el que te están hablando. Se presta mucho para malos entendidos. También, si eres una persona celosa o insegura de tu relación, es un terreno muy complicado para tus inseguridades. No lo recomendaría si no eres seguro de ti mismo y de tu relación. Tampoco lo recomendaría si solo una de las partes está haciendo todo el esfuerzo y la otra no».
«Emancipados»
La sicóloga Alexandra Vidal observa que hay chicas que prefieren relaciones con extranjeros porque sienten que encuentran algo distinto al chileno promedio. «Tengo amigas que sienten que los chilenos son menos emancipados, que no les acomodan bien. Buscan personalidades más evolucionadas», explica. Además, señala que el ser humano es curioso y que a menudo lo exótico resulta más atractivo: «La diferencia cultural atrae, hay un interés por lo nuevo, por algo fuera de lo común». Sin embargo, advierte que esta preferencia puede estar influenciada por una idealización. «A veces, idealizan que el extranjero podría ser mejor, sobre todo si han tenido malas experiencias con chilenos. Pero después se dan cuenta de que los problemas pueden ser los mismos, solo que al principio parecen disfrazados de algo exótico».
Vidal señala que las relaciones están profundamente influenciadas por las vivencias de la infancia y el contexto cultural: «En todos los países hay apegos, sobreapegos, carencias, abusos, y eso afecta mucho la conexión entre la pareja», explica. Observa que el auge de las redes sociales ha llevado a una mayor apertura en países desarrollados: «Tengo pacientes que están en España haciendo un curso, conocen gente y les dicen: ‘Yo tengo mi pareja en la casa, nosotros somos súper liberales, relaciones abiertas, ¿podríamos hacer un trío?'. Son culturas totalmente diferentes».


