En invierno surgen vigorizados esos personajes pálidos que son el jefe, la señorita supervisora, el profesor, el contador, el primero del curso, en fin: los que laminan el tiempo y hacen desaparecer la alegría del verano.
Por lo tanto se siente uno dispuesto a prolongar el verano, un verano personal. Lo más bonito del verano es la libre disposición del tiempo, y lo peor de la vida laboral es esa pretensión de la sociedad de que es bueno hacer yoga de siete y media a ocho y media, entrar a trabajar a las 9, «colar» a la 1, y así infinitamente, rebanado el tiempo de la vida como una mortadela, ojalá con uniforme.
En la tibieza del verano surge el amor, reaparecen el deseo y la pandilla. Todo luce nuevo y divertido. La ciudad está despejada y la naturaleza es fácil. El verano es el momento del viaje, o quizás también, mejor, de la pereza, del dolce far niente .
En invierno, en cambio, surgen vigorizados esos personajes pálidos que son el jefe, la señorita supervisora, el profesor, el contador, el primero del curso, en fin: los que laminan el tiempo y hacen desaparecer la alegría. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente. Parirás con dolor. Se acuerda uno de la cruel fábula de la cigarra y la hormiga, donde la cigarra (que era como un grillo) se divertía en verano haciendo sonar sus patitas en tanto que la hormiga trabajaba acumulando provisiones. Llegado el invierno con sus lluvias y sus nieves sintió mucha hambre la cigarra y le pidió algo de comida a la hormiga, que tenía llena su despensa. ¿Qué hacías en verano?, preguntó la hormiga. Cantaba, sonrió la cigarra. Pues entonces ahora baila, le espetó la hormiga, cerrándole la puerta en las narices. Ésa es la lógica del invierno.
En invierno vienen los días cortos, las lluvias, el esmog y la gripe. Y, aprovechándose del pánico invernal, aparecen esos seres hormigosos que nos retan y necesitan que pasemos el día haciendo lo que odiamos. Pero podemos resistirnos. Pudiéramos, quizás, guardar la luz del sol bajo la ropa, extender la libertad. Sería bonito ponerse a boicotear los horarios, seguir andando con chalas mentales y no perder la sonrisa. Para que todo el año sea verano.


