Lo último de la marca, desde China
El gigante chino presentó en Shenzhen su propio chip de conducción autónoma de 4 nanómetros y anunció algo sin precedentes en la industria: si su sistema asistido causa un accidente, la empresa asume todos los costos.
Hace pocos días, Wang Chuanfu, presidente de BYD, subió al escenario del auditorio de la casa matriz del fabricante, en Shenzhen y pronunció una frase que sintetiza la apuesta más audaz de la industria automotriz en años: «La primera mitad de la era eléctrica fue sobre baterías. La segunda mitad será sobre la inteligencia y los chips».
El alto ejecutivo no estaba filosofando. Estaba presentando el Xuanji A3, el primer procesador de conducción autónoma fabricado con tecnología de 4 nanómetros desarrollado en China. Anunció también que su empresa se haría cargo de los daños si alguno de sus 3,15 millones de vehículos con asistencia avanzada protagoniza un accidente mientras el sistema estaba activo. Una promesa que ningún fabricante del mundo había hecho antes.
Gods Eye: el sistema que todo lo ve
Antes del chip y antes de la garantía, está el sistema que hace posible ambas cosas. Se llama Gods Eye, Ojo de Dios, en traducción literal. Es un conjunto de sensores, cámaras, radares y software de inteligencia artificial que procesa el entorno del vehículo en tiempo real. Toma decisiones de forma autónoma en situaciones complejas de tráfico urbano.
Su función más ambiciosa se llama Urban NOA (Navigate on Autopilot). Permite que el automóvil navegue de forma autónoma por la ciudad, gestionando intersecciones, peatones, cambios de carril y maniobras de estacionamiento. Todo, sin intervención del conductor.
No es un prototipo de laboratorio. Opera hoy en más de tres millones de vehículos BYD en China. Ya acumula más de 200 millones de kilómetros diarios de datos reales. El sistema los utiliza para seguir aprendiendo y mejorando.
En el evento de Shenzhen, BYD presentó la versión más avanzada, con cuatro grandes novedades. La primera es la arquitectura Xuanji 2.0, que unifica conducción, cabina y carrocería.
La segunda son los sensores satelitales, primicia global que añade una capa de precisión, sin precedentes. La tercera es un modelo de IA física mejorado, capaz de anticipar comportamientos del entorno con mayor exactitud. La cuarta es un ciclo de datos autoevolutivo -data flywheel- que alimenta el sistema con escenarios reales de forma continua.
Dentro del habitáculo, la actualización se llama DiLink AI Intelligent Cockpit: un asistente digital de apariencia hiperrealista con capacidad de razonamiento profundo y ejecución proactiva de tareas.
El chip que cambia la carrera
Toda esa inteligencia necesita músculo computacional. El Xuanji A3 es la respuesta de BYD. Es el primer chip de conducción inteligente de 4 nanómetros desarrollado en China. Soporta conducción autónoma de niveles L3 y L4. En configuración de tres unidades, entrega más de 2.100 TOPS (Tera Operations Per Second) de potencia de cálculo. Ya está en producción masiva.
La comparación con los rivales es inevitable. En la carrera de chips propios para conducción autónoma, NIO lanzó su procesador NX9031 de 5nm, Xpeng avanza con su chip Turing AI, y Li Auto presentó el Mach 100 con 1.280 TOPS de potencia unitaria. El Xuanji A3 entrega 700 TOPS por unidad, una cifra comparable al chip Thor de Nvidia, pero BYD subraya que la eficiencia real se duplica al combinarlo con sus propios algoritmos.
Si el sistema falla, BYD paga
La garantía -denominada Full Damage Coverage- cubre un año completo para nuevos compradores y para propietarios actuales que actualicen al sistema Gods Eye 5.0. Si ocurre un accidente legalmente imputable mientras el usuario opera la función Urban NOA siguiendo las normas vigentes, BYD asumirá directamente todas las pérdidas económicas resultantes, incluyendo daños propios, a terceros y costos de reparación. En la práctica, es una póliza de seguro que la propia marca financia con su propio dinero.
La pregunta que queda abierta no es tecnológica. Es filosófica y regulatoria: si una máquina conduce y comete un error, ¿quién es responsable? BYD acaba de responder esa pregunta, al menos en China, al menos por un año. Lo que venga después -si otros fabricantes replican el modelo, si los reguladores exigen este tipo de garantías como estándar, si la inteligencia artificial termina siendo más confiable que el conductor humano promedio- está por escribirse en las calles de Shenzhen, Shanghái y, eventualmente, en las del resto del mundo.


