En 2019 perdió su antebrazo izquierdo tras ser atropellada por un bus
La kinesióloga e influencer destaca que allá las ciclovías sí se respetan, por lo que se siente más segura para usar bicicletas en el día a día.
Camila Valentini (31), kinesióloga de profesión, siempre tuvo el sueño de vivir en el extranjero. Y como ella cuenta con pasaporte italiano y su pareja quería estudiar un master en España, desde comienzos de mes están instalados en Barcelona, específicamente en el barrio de Eixample. En noviembre llegará el hijo adolescente de la también influencer (@camivalentinir). Otra ventaja de residir en Barcelona es que ella puede homologar su título sin necesidad de estudiar. En unos meses, ese trámite ya estará listo y de momento se concentrará en sus redes sociales.
En esa plataforma, la personal trainer habla sin tapujos sobre el accidente que vivió en septiembre de 2019. Mientras ella se desplazaba en bicicleta, un bus la atropelló y perdió su antebrazo izquierdo. En su cuenta de Instagram, Camila, hija del exfutbolista de la Universidad Católica Gino Valentini, muestra su realidad como amputada y cómo se desenvuelve en el día a día con su prótesis.
En su Instagram, cuenta ella, quiere ‘aportar desde el mundo deportivo y hacer clases de kinesiología a domicilio, por ejemplo'. Como amante del deporte, ya se inscribió en un gimnasio y dice que allá ‘funcionan excelente. En cada cuadra hay uno y la gente hace mucho ejercicio al aire libre. En mi caso, el gimnasio que elegí acá tiene los mismos implementos que el de Santiago, yo armo mis propias rutinas y adapto mis ejercicios'. Aunque ella no las necesita, sí destaca que en su gimnasio actual existen rampas en todos los sectores.
Por su accidente, en Santiago dejó de desplazarse en bicicleta -sólo lo hacía de forma recreativa en el sur- pero ahora sí se siente segura de retomar ese medio de transporte. ‘Ahora estoy en una ubicación donde todo me queda a 20 o 30 minutos caminando y a mí me gusta caminar. También hay bicicletas. Hasta ahora no he tenido la necesidad de ocuparlas pero, apenas necesite moverme más rápido, las voy a usar. Pagas 50 euros al año y los primeros 20 minutos son gratis. La ciudad es mucho más amigable para que uno se mueva en transporte público, está llena de ciclovías y se respetan. Está todo muy preparado y no es como Santiago, donde en algunas calles sí hay ciclovías y en otras, no. En ese sentido, me siento mucho más segura acá que en Santiago. Los autos también respetan mucho al peatón', relata Valentini.
¿Siente que allá la miran o le preguntan menos por su prótesis?
‘No, acá me preguntan igual, jajajá, porque mi prótesis no es tan común. Me preguntan qué me pasó y estoy súper acostumbrada a responder ese tipo de dudas'.
¿Tuvo miedo al hacer este cambio de vida?
‘No, nada. Agarré tanta confianza estando en Chile que ahora me siento capaz de hacer todo. De hecho, el otro día fui a una entrevista de trabajo y no me preguntaron por la prótesis. Si uno va con la confianza y la seguridad, créeme que no te van a poner problemas. Obviamente uno tiene que fijarse en el cargo y yo soy súper transparente en decir las cosas que no puedo hacer como kinesióloga. Y si en un trabajo no les gustaste por tu discapacidad, chao, ellos se lo pierden y otra puerta se abrirá'.


