Camionera de 23 años se ganó a sus colegas: «Miran cómo maniobro y después se me acercan»

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Ninoska Herrera sigue una tradición familiar que ya suma cuatro generaciones

Aprendió a conducir a los 9, sacó la licencia a los 20 y hoy transporta cerdo congelado para la empresa de su papá.

Partamos deshaciendo un malentendido. En las redes sociales de Ninoska Herrera la palabra «Barbie» va bien destacada, pero el apodo no era para ella. Era para el camión.

Cuando su papá compró la máquina, ella la reclamó antes de que alguien alcanzara a opinar. «Yo lo miré y dije ya, este lo voy a andar yo, voy a empezar a amononarlo un poquito. Con detalles rosados, obviamente: de chica me gustaba mucho la Barbie, tenía colección y todo el tema. Así que al camión le puse así. Pero la gente no entendió eso y me dice Barbie a mí».

Ninoska tiene 23 años y lleva tres manejando para la empresa de su papá. Mueve productos congelados en cámara frigorífica -cerdo para ser exactos- y sale sola a la ruta. Eso, que a cualquiera le sonaría a castigo, para ella es lo mejor: «Uno se siente libre arriba del camión, anda tranquila». La cabina, define, es como su casa. Conductores de su edad hay pocos y ella tiene claro por qué: «Igual cuesta. Hay muchos que saben y no se les ha dado la oportunidad por el hecho de ser tan chicos».

¿Cómo partió?  «Siempre he sido muy apegada a mi papá, desde chiquitita ando con él para todos lados. A los 9 años me enseñó a manejar vehículos normales, camionetas, autos. Y a los 12 me llamó la atención aprender a manejar camiones. Y ahí él me enseñó», cuenta.

Ninoska igual hizo el intento de tomar un desvío: salió de cuarto medio, entró a un instituto y estuvo tres años estudiando Electromecánica. El título está nuevo, sin estrenar. «Al final nunca ejercí lo que yo estudié porque me gustaron los camiones», zanja. Como la licencia profesional recién se saca a los 20, esperó a cumplirlos para pedir trabajo en la empresa familiar.

Cuarta generación

En la familia Herrera el apellido lleva cuatro generaciones arriba de camiones, siguiendo el camino del bisabuelo que partió con todo. La historia que Ninoska se sabe de memoria, eso sí, es la del abuelo, el patriarca. «Empezó trabajando como cargador de camiones a los 16 años», dice. A los 22 le dieron la posibilidad de aprender a manejar, después metió a sus hermanos y más tarde apareció el papá de Ninoska, el único que terminó armando su empresa propia.

¿Cómo era al principio cuando usted llegaba a las plantas de faena?

«Era complejo para algunos colegas verme a mí arriba del camión, como que no les gustaba o no pescaban. Pero ahora llego, me saludan, me felicitan, me preguntan la edad. Otros simplemente se quedan mirando cómo maniobro y después se me acercan. Son más halagos que comentarios negativos».

¿Por qué dejaron de usarse las radios  para comunicarse entre camioneros?

«Nosotros nos comunicamos por teléfono, por Instagram. Antiguamente mi papá las ocupaba, pero no andamos en viajes tan largos y entonces no es tan necesario».

¿Qué reemplazó a ese canal?

«Ya somos un mundo de camioneros los que tenemos Instagram. Pasa cualquier cosa en ruta y uno le dice al otro, y así nos comunicamos todos. A veces hay gente que no me conoce y me habla: colega, en tal punto hay tal accidente, por favor tenga cuidado. Trabajamos para diferentes empresas, pero aún así somos como uno, somos todos bien unidos».

¿Qué muestra ahí?

«Cuando ando trabajando comparto gran parte de mi historia y mi Instagram se trata del camión: cuando voy en ruta, cuando salgo a comer por ahí con algunos colegas o cuando lo limpio. Al final es como mi vida: mi vida se basa en puros camiones. Y es entretenido, porque hay mucha gente que te habla, te pregunta o simplemente te pide un consejo. Eso sí, transmitir manejando, no: yo lo hago cuando estoy en espera, porque ahí uno puede conversar, te hacen preguntas y puedes leer y responder tranquila».

Vieja escuela

El abuelo de Ninoska Herrera suele aparecer en las redes sociales de la muchacha, hablando de su especialidad, por cierto.

«Él ya no maneja camiones. Yo muchas veces lo cuido y comparto lo que hago con él. El domingo puse una cajita de preguntas y dije ya, acá tenemos un camionero de vieja escuela, hagan sus preguntas. Recibió muchas y él mismo empezó a responder. Los colegas de más edad se acuerdan de las cajas que había antes, de las rutas que se hacían. Hay gente que le tira buena onda y otros que me dicen tu tata es bacán, es admirable. Yo comparto eso porque soy muy de familia».

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