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Cumple este libro a cabalidad con el lado A de la historia de Rolando Alarcón, pero queda al debe con el lado B, como la homosexualidad del cantante y la homofobia que debió sufrir en el interior del Partido Comunista.
Dentro de los caciques de la música chilena que salía de las radios y esperaba ser rascada en los vinilos durante las décadas medianeras del siglo veinte, el nombre de Rolando Alarcón titila junto a los de Víctor Jara, los hermanos Parra y Patricio Manns. Con los años, las noticias biográficas de este cantautor y profesor primario han trascendido el ámbito de la música, configurando una vida que cada vez deja entrever más cabos sueltos que notas de guitarra.
Así las cosas, Rolando Alarcón. La canción en la noche , del profesor y cantautor Carlos Valladares y el periodista Manuel Vilches, viene, en principio, a liquidar una serie de tareas pendientes respecto de la semblanza del músico, amén de propagar su legado artístico, junto con relatar sus circunstancias y su transformación en puntal de la escena folclórica chilena, tareas que se emprenden a partir del propósito que impulsó a Valladares desde el exilio: honrar la memoria de su maestro musical.
El recorrido del libro se inicia con el nacimiento de Rolando Alarcón, que ocurrió, aclaran los autores, no en Chillán ni en Sewell, sino en Santiago. A poco andar, el pequeño Rolando no solamente demostró ser un prodigio musical, sino que también desplegó talentos en áreas bien disímiles, como la meteorología y la horticultura. El avance en estas páginas deja en evidencia un trabajo investigativo meticuloso y exhaustivo, que contempló más de cincuenta entrevistas. Es notorio que la pesquisa de Valladares y Vilches no se queda corta en datos, tanto del propio trovador como de las coyunturas que lo rodeaban. Esto último vale la pena ponerlo en relieve, porque los autores pretenden que la revisión biográfica de Rolando Alarcón sea, al unísono, un repaso de las condiciones históricas que jalonaron el quehacer musical entre la década de 1940 hasta el año 1973, cuando Alarcón murió.
Aunque en estas páginas se prioriza la enumeración de cuestiones y claves artístico-musicales, también hay vistazos al carácter del cantante, como el apego absoluto que tenía con su madre, Zunilda, además de la descripción de su faceta de maestro: «muy delicado, muy sentimental». A pesar de este último rasgo, el autor de «Si somos americanos» era un exigente profesor y guía, tanto en salas de clase como luego dirigiendo el grupo Cuncumén. Los siguientes capítulos del libro hablan de una evolución ya vista: el neofolclor renovador y su decadencia, la Nueva Canción Chilena, la polarización política, el canto al servicio de un gobierno. La diferencia se marca acá: que todo acaba no con el golpe de Estado de septiembre de 1973, sino con la muerte de Rolando Alarcón por una úlcera, siete meses antes.
La canción en la noche es un libro que cumple a cabalidad con el lado A de la historia de Rolando Alarcón, pero queda al debe con el lado B, específicamente el que se refiere a cuestiones como la rivalidad entre Alarcón y Víctor Jara, y, fundamentalmente, la homosexualidad del cantante y la homofobia que debió sufrir en el interior del Partido Comunista (Luis Corvalán lo recuerda como «mariquita»). Lo que en obras como Raro , del periodista Óscar Contardo, ocupa varias reveladoras páginas, aquí solamente toma cinco parcos párrafos. Sin que deje de ser lícito optar por centrarse en lo musical, ignorar las honduras de Alarcón confina a este libro a no ser más que un material complementario para estudios musicales, pero no un referente novedoso para conocer aspectos del hombre tras los discos, festivales y canciones.
Rolando Alarcón. La canción en la noche
Carlos Valladares y Manuel Vilches
El Natre Cultural, 2014,
243 páginas.


