Su cara exterior tiene placas de fibrocemento en vez del recubrimiento de madera original
El proyecto mantuvo las piedras y el hormigón con que se levantó la vivienda en los años 40. Dejamos algunos rastros del pasado, cuenta arquitecto a cargo.
Un renacer vivió una casa en Concón, en la Región de Valparaíso, cuyos propietarios se habían aburrido porque cada invierno se inundaba, la invadieron las termitas y quedó en muy malas condiciones después de una toma ilegal que duró varios años.
Abandonada y en un estado deplorable, una nueva dueña vio su potencial y la quiso recuperar.
«Era una casa hecha en los años 40 de piedra, madera y hormigón, ubicada en un sector de calles de tierra y en la parte más baja del barrio, detrás de Playa Amarilla. Solía pasarse el agua en invierno y eso la hizo invivible. Hace poco se hizo un colector de aguas lluvias en la calle, lo que abrió la posibilidad de arreglarla», contextualiza el arquitecto Osvaldo Larraín, de la oficina de arquitectura Cargo Collective, quien hizo la remodelación junto a Tomás Tironi. El proyecto fue destacado en la reciente XXIII Bienal de Arquitectura y Urbanismo.
Su diseño consistía en dos grandes alas con un pasillo tipo terraza que las unía. La nueva vivienda -de 139 metros cuadrados- cuenta con una zona común donde están la cocina, el comedor y el living en la parte delantera, mientras que en la trasera se ubican las tres habitaciones.
De su cara exterior se eliminaron las dos ventanas frontales que daban hacia la calle y se reemplazaron por una gran ventana que funciona como acceso. Lo que antes estaba recubierto de madera, hoy luce placas de fibrocemento pintadas.
«Es una cámara de aire que buscó dar un acondicionamiento térmico y ser una respuesta ante la humedad y erosión que produce el aire marino», explica Larraín. «En el sector hay muchas casas de madera, que es un material súper denso a la vista. Nosotros buscamos algo más limpio y que estuviera dentro del presupuesto, porque se construyó con un presupuesto ajustado. El fibrocemento es un material que no tiene variaciones con la humedad o el calor, es bastante inerte».
La fachada continua también se pensó para dar mayor seguridad.
«Se quiso disminuir el perímetro afecto a la calle y la cantidad de entradas. Es un nuevo perímetro más infranqueable, pero que implicó perder una cosa bonita que tenía la vivienda original que era su terraza central y la vida que se producía ahí», añade.
¿Se solucionó la falta de terraza?
«Se le hizo un tragaluz bien grande, que mide dos metros de diámetro, en este nuevo espacio común de la cocina, living y comedor. Se intentó transformar este nuevo espacio interior en una cosa medio ambigua de estar en el exterior, con mucha luz, pero adentro de la casa. Se inventó un interior protegido del viento que funciona como una terraza también».
Nuevas maderas
Larraín comenta que uno de los grandes problemas que sortearon fue la presencia de termitas, situación que obligó a desechar todo el techo y sus vigas de madera.
«La primera intención era conservar muchas más piezas de madera de las que finalmente se mantuvieron, las vigas de la cubierta iban a continuar, pero cuando vimos que las termitas estaban por todas partes, se decidió sacar todo lo vivo. Se hizo una fumigación masiva en todo el terreno, se sacaron los árboles desde sus raíces, los nidos bajo tierra y se protegieron todas las maderas nuevas con aceites especiales antitermitas. Fue algo que no estaba previsto originalmente», detalla.
Para el techo, se respetó la forma original del techo, como una «V».
«En vez de caer hacia los costados, la lluvia va hacia el centro para que escurra hacia los lados mediante unas bajadas de agua lluvia. Cae donde hay jardín y pavimento de piedras que sirven como drenante. El techo pasa de una altura de 3,6 metros en los extremos a tres metros en el centro».
¿Se hizo algo extra para evitar que se inundara?
«Sí, al estar bajo el nivel de la calle, se reemplazó la reja que da hacia la calle por un muro de piedra de un metro de altura que actúa como contención. Como no hay vereda, se hizo una especie de escalón de unos 20 centímetros para que el agua no rebalse de inmediato. Ha funcionado bien y no ha habido inundaciones».
¿Cómo podría definir el estilo de la construcción?
«No tiene un estilo en particular, pero dejamos algunos rastros del pasado, esta nueva vivienda es muy respetuosa de eso. Cada cosa que se agregó fue para solucionar un problema y para que le acomodara a la propietaria. Ella fue receptiva a las ideas que le propusimos y fueron sometidos a discusión todos los prejuicios que pudieron aparecer. Por ejemplo, pusimos una mesa de comedor de hormigón que mide tres metros por 1,40 de ancho que no se puede mover. Es un ejercicio enorme de desprejuicio».
Larraín detalla que la remodelación tuvo un costo de 20 UF por metro cuadrado.



