Chilena punk vive feliz en Londres gracias a Lady Di

Fecha:

Una organización social que la ex princesa apadrinaba se hizo cargo de la Negra

Después de ser atacada por un grupo de neonazis ingleses, Paula pudo quedarse en Londres, incluso con casa propia.

23Todo Chuquicamata quedó helado cuando la «Negra» Vera se rapó la cabeza. Tenía 13 años, tocaba guitarra y quería irse de Chile: «Mis papás casi se murieron, no entendían cómo podía ser punky y sacarme buenas notas en el colegio». Hasta el día de hoy, en la casa nortina de Paula se habla quechua. Sus cuatro abuelos caminaron desde Bolivia hasta el desierto chileno huyendo de la miseria: «Eran ultramegapobres, no tenían ni zapatos. Así que cuando llegaron a Calama, se tomaron unos terrenos y se fueron a trabajar a la mina, así salió adelante mi familia». La situación mejoró y la «Negra» entró a estudiar al colegio Chilex, recinto que reunía a lo más granado de Chuquicamata: los hijos de los norteamericanos asentados en la zona junto a los de los cargos gerenciales de Codelco. Paula lo pasó pésimo: «Siempre me sentí distinta, yo era la única alumna del colegio que venía de una minoría étnica y lo pasé muy mal. Por suerte a los 17 años me fui por un programa de intercambio a Dinamarca y de ahí llegué a Londres. Me enamoré de esta ciudad. Volví a Chile sólo porque mi mamá me amenazó con mandar a la Interpol a buscarme. Llegué a Santiago, estudié Arte en el Arcis y me volví altiro a Inglaterra», cuenta desde su flamante casa cercana al río Támesis.
Primer golpe

Como buena latina sin visa a cuestas, Paula se las ingenió para subsistir en Londres: «En la calle no faltaban los que me pedían que me sacara fotos con ellos y yo cobraba o me instalaba en cualquier lado y me ponía a hacer trencitas en el pelo. Haciendo eso gané harta plata, tenía muchos clientes. Igual no era fácil porque quería dedicarme a lo mío, la música, la pintura. De a poco me fui metiendo en el ambiente punk londinense y a participar en revistas y colectivos bien alternativos».

El 27 de agosto de 1997, Paula vivió una de las experiencias más fuertes de su vida. Ese día murió Lady Diana Spencer, ex princesa de Gales: «Fue brutal, nunca había sentido nada así, si hasta los pacos lloraban. A todo el mundo le dolió mucho la muerte de Lady Di porque los ingleses no quieren a su monarquía y a ella sí la respetaban porque por rebelde se convirtió en un estorbo para la Corona Inglesa. Lo único que ella quería era ser una embajadora británica para ayudar en causas de caridad pero hasta eso se lo negaron oficialmente. Lo pasó muy mal y le hicieron la vida imposible. Yo la respeto un montón porque es un símbolo anti realeza, y creo que efectivamente la asesinaron», comenta tajante.
Totalmente segura

En Londres, Paula nunca se sintió discriminada por sus rasgos latinos, incluso la última vez que estuvo en Chile se dio cuenta de que había más rubias en el territorio nacional que en la isla británica: «Lo que pasa es que en Inglaterra la ley es implacable ante cualquier tipo de segregación racial, si se te llega a ocurrir decirle negro a algún africano te puedes ir preso, entonces estaba tranquila porque sentía que me respetaban», explica.

Pero algo cambió, la «Negra» se enamoró de Dean Jones el vocalista de «Extreme Noise Terror», un grupo punk inglés bastante radical en su postura política. Los enemigos de la banda eran muchos y temibles, a los neonazis no les gustan los punkies y mucho menos los que tienen tribuna para despotricar contra el fascismo: «Para los neonazis, que Dean se haya casado conmigo fue como haberles escupido en la cara. Además de todo el odio que le tenían, más encima se casó con una sudaca y eso sí que no se lo podían perdonar. La verdad es que nunca le tomé el peso a esta guerra declarada entre los neonazis y mi marido». Pero Dean vivía preocupado de no dejar sola a Paula porque sabía que era un blanco fácil. Y su aprensión no era gratuita, poco después del matrimonio empezaron las amenazas destempladas por teléfono: «llamaban a cualquier hora y me decían que me iban a matar, que me iban a despellejar viva. Pero a pesar de estas cosas terribles nunca sentí que estaba en peligro, no creía que estos tipos realmente fueran capaces de hacerme algo», cuenta calmada.
Ataque racial

La «Negra» estaba equivocada, los neonazis no vivían sólo de palabras altisonantes Durante el invierno del 2001, Paula fue a un recital sin su marido y después de salir del baño del local la agarraron: «No me di cuenta de que estaban ahí. De repente me tiraron el pelo súper fuerte y cuando quedé botada en el suelo empezaron a pegarme patadas en la cabeza. Perdí la conciencia, me sacaron del pub y me llevaron al hospital. Por suerte no me pasó nada grave, sólo tenía un TEC cerrado y la cara deforme. Lo que más les preocupaba a los doctores era que no quedara ciega», recuerda.
Vida nueva

La chilena no estuvo mucho tiempo hospitalizada porque no quiso. Bajo su responsabilidad, los médicos le dieron el alta con una condición: debía quedarse acostada hasta que sanaran sus heridas. Hizo caso y se quedó en su cama durante todo un año: «Sólo salía para los chequeos médicos y para la terapia, porque realmente lo más difícil de superar es el miedo, el terror que me daba pensar que efectivamente estos tipos me podían matar porque los neonazis no son de cuento, son muy reales. De los que me atacaron pillaron a dos pero no hubo pruebas concluyentes en su contra, así que los dejaron en libertad. Fue frustrante, incluso un abogado me dijo que por este tipo de cosas le daba vergüenza ser inglés».

Durante el año de reposo el matrimonio no prosperó y Paula se separó de Dean: «Yo creo que no pudo con la culpa», reflexiona. Sola y con un trauma de proporciones, la «Negra» conoció a Lucy, una asistente social de Turning Point, una asociación de ayuda social que fue apadrinada por Lady Di. «Gracias a ella, la agrupación ganó fuerza y recursos para dar protección efectiva a gente sin hogar, a madres solteras, a drogadictos. Lady Diana se hizo cargo de Turning Point porque creía en una sociedad más justa», confiesa agradecida. Gracias a Lucy y su eficiente trabajo, Paula recibió toda la ayuda necesaria para poder instalarse como una inglesa más. «Ellos me consiguieron una casa en un buen barrio y con todas las medidas de seguridad que necesito para vivir tranquila. También me regalaron muebles y consiguieron que me dieran el subsidio que el estado les entrega a los ingleses más vulnerables y sin familia. Ahora yo también soy inglesa, incluso puedo votar, por eso mismo no me pueden quitar la casa, tengo dinero para poder trabajar en mis proyectos. Estoy trabajando en un disco pero ya no ando metida en la onda punky, ahora soy electrónica», asegura.

 
-«Llamaban a cualquier hora y me decían que me iban a matar, que me iban a despellejar viva», cuenta Paula Vera.

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

$2.831.336.713: detalles de polémica auditoría por remodelación en ministerio de la Mujer que partió en 2023

Exministra Antonia Orellana rechaza el peritaje La subsecretaria de la...

Entretelones del tenso cruce entre Gala Caldirola y Coté López

La española habló anoche en Primer plano sobre su...

Pamela Díaz sentenció a Mago Jiménez y Pinilla: «Son un par de fallados»

Así los tachó la animadora en un podcast Tras el...

Ojo si se topa con alguno de estos cascos: los robaron de un museo

Hay piezas de Eddie Irvine, Clay Regazzoni y Eliseo...