Chileno elongó en avión para llegar bien al maratón de Tokio

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Título/Pie de foto: «No costaba nada», dice Letelier sobre la elongación en pleno vuelo.


Sebastián Letelier cuenta cómo enfrentó las 29 horas de vuelo

El corredor se estiró catorce veces en el viaje para evitar contracturas. «Elongué harto en el baño», cuenta. Este domingo competirá en los 42 kilómetros de Japón.

Carolina Silva

La mitad del tiempo, Sebastián Letelier es un arquitecto que remodela casas. La otra mitad, la que probablemente más disfruta, es un corredor empedernido, de esos que no dejan nada al azar al lanzarse a una pista.

Este domingo compite en el maratón de Tokio y, vislumbrando que las 29 horas de vuelo a Japón serían duras, Sebastián organizó todo el viaje como un entrenamiento más para llegar sin problemas a la corrida.

El hombre de 42 años viajó con cinco compañeros de su club, Santiago Runners. Tras competir en Nueva York, Boston, Chicago, Berlín y Londres, llega a Tokio con un desafío personal: terminar el circuito de los major. Sus expectativas son altas: «De los corredores que vamos, soy el que tiene mejor tiempo. Mi meta es completarla y bajar de las tres horas. Sería el primer chileno en lograrlo».

«Para eso me he preparado súper bien», asegura. Y no miente. El corredor lleva cuatro meses entrenando a full, con jornadas dobles y ejercicios en su gimnasio personal. Bajó tres kilos (hoy pesa 72 y mide 1,78 metros), llegó a recorrer 121 kilómetros en una semana y guardó en un archivo Excel todos sus registros.

«Mi señora me dice que soy un obsesionado. Es que me dedico a estudiar mucho. Tengo un software que me hace una planilla de cada entrenamiento y me proyecta qué tiempo voy a hacer en el maratón. Me hago tests para ver si mi elongación es siempre igual. Si estiro un centímetro menos es porque tengo apretado el músculo. También me grabo para correr el maratón con el ángulo máximo de mis piernas y estoy muy atento a mi frecuencia cardíaca», dice Letelier, quien tiene cuatro hijos.

El arquitecto viajó el martes a Japón con un arsenal de artículos en su maleta. Llevó una especie de diario de vida con todos los detalles de sus anteriores maratones («para no cometer ningún error»), barras proteicas y hasta una pesa para regularse en los kilos. «Siempre me paran en la aduana. Les sale en los rayos X y dicen: ‘este gallo tiene algo raro, ábrele la maleta'. Pero después, por mi ropa, me cachan que voy a un maratón», comenta Sebastián, quien se sube a la balanza dos veces al día para controlar también cuánta agua debe consumir.

Al ver que estaría 29 horas sentado, el meticuloso corredor no quiso tirar por la borda tanta preparación y decidió planificar el viaje a su manera. «Entrené hasta la mañana del viaje para no tener pérdida aeróbica por estar tanto sentado». Junto con eso, reservó un pasaje cerca del pasillo para pararse a estirar las piernas cuando quisiera y así evitar contracturas.

Lo que más sufría con tanto rato sentado, dice, eran los isquiotibiales, la parte posterior del muslo. «Me paré catorce veces, cada dos horas, 30 segundos en un pie, 30 en el otro. Pero no costaba nada elongar los cuádriceps, era levantar de a una pierna a la vez», detalla y agrega que aprovechó la escala en Atlanta, Estados Unidos, para elongar en el suelo alfombrado del terminal.

Pero su lugar ideal fue otro. «Elongué harto en el baño, son grandes en la aerolínea Delta», cierra.

«Mi señora me dice que soy un obsesionado».
Sebastián Letelier

Combatiendo el jet lag en los días previos

El jet lag o descompensación horaria era una preocupación para Sebastián al viajar al país nipón. Con 12 horas más que Chile, el runner ajustó sus horarios de sueño y comenzó a dormirse a las 10 en las semanas previas, una hora y media antes que de costumbre. También decidió arribar este jueves a Tokio para tener cuatro días de adaptación al lugar. «Lo primero que hago es aclimatarme al sueño, por ejemplo, aguantando las ganas de dormir hasta la noche»

El competidor cuenta su itinerario previo a la carrera: «Haré un entrenamiento este viernes, en un parque, ya aclimatado a nivel del mar y eso me va a proyectar cómo me va a ir. El sábado descanso, camino poco, elongo harto. Luego leo todos mis apuntes, hago como un estudio y me preparo para correr. El domingo me despertaré unas cuatro horas antes del maratón, porque lo peor es correr recién levantado. Ahí pondré música pop a todo chancho, comeré cereales con leche y un café también, para despertar. Tomaré lo suficiente de agua y en dos horas debería estar hidratado».

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