Samuel Rivas salió de Coyhaique a los 18 años, recién egresado de cuarto medio
El fundador de Maya Azul asegura que su objetivo fue crear un tequila que la gente quisiera volver a tomar.
A los 18 años, recién egresado de cuarto medio, Samuel Rivas se marchó de Coyhaique con una maleta cargada de incertidumbre y con la promesa de no volver atrás. Había crecido en una familia humilde, criado por sus abuelos y su madre, en una ciudad donde el frío cala hondo y las oportunidades no abundaban.
Veintisiete años después, ese joven inquieto acaba de celebrar uno de los mayores hitos de su vida: al tequila que le dio vida en México ganó la medalla de oro en la San Francisco World Spirits Competition 2026, uno de los concursos más prestigiosos de la industria de los destilados.
«Yo me podría definir como una persona muy guerrera. Me pongo algo en mente y hasta que lo logro no me doy por vencido», dice Rivas.
Su historia no comenzó entre barricas ni agaves, la materia prima del tequila. Recién salido del colegio de Coyhaique conoció a unos mexicanos que trabajaban en el rubro hotelero y empezó a recorrer el país vendiendo tiempos compartidos para el Hotel Pucón. Dos años después, esos mismos contactos lo invitaron a Guadalajara. A los 20 años llegó con trabajo asegurado en una empresa de alarmas, pero ocho meses después la compañía quebró y quedó literalmente en la calle. Por orgullo, decidió no pedir ayuda ni regresar a Chile. «No quise molestar a mi familia», recuerda.
Se reinventó vendiendo fotocopiadoras, aprendió sobre impresión y terminó fundando RivsColor, una empresa de publicidad que le abrió puertas en todo México y Estados Unidos. Su negocio lo llevó a trabajar con grandes clientes, a generar una amplia red de contactos y, sin proponérselo, a acercarse al mundo del tequila.
Su socio, Federico Giugno, un empresario argentino-estadounidense con experiencia en la importación de vinos y licores, buscaba nuevas marcas para comercializar en Estados Unidos. Juntos comenzaron a distribuir tequilas emergentes, hasta que se cuestionaron: ¿por qué vender el producto de otros sí podían crear el suyo?
Así nació Maya Azul, un proyecto que tardó cuatro años en concretarse y que implicó una inversión cercana a US$1,5 millones.
El nombre combina la herencia de la cultura maya con el agave azul, la materia prima esencial de los tequilas premium. La producción se realiza en la destilería Santa Lucía, en Jalisco, mientras que la marca se enfocó desde el principio en el mercado estadounidense.
«No hicimos el tequila pensando en ganar premios. Queríamos que la gente lo probara y dijera: Qué rico está, quiero volverlo a comprar».
Para conseguirlo, él y su socio probaron decenas de muestras hasta dar con una fórmula propia: Rivas lo describe como un tequila blanco pensado para beberse solo, con notas suaves de vainilla, pimienta y aromas florales, que evita la sensación áspera en la garganta que suele asociarse a esta bebida. Maya Azul Blanco, una botella de 750 ml elaborada con 100% agave azul Weber que se comercializa a US$55 en tiendas especializadas. La apuesta, sin embargo, va más allá. La empresa ya prepara el lanzamiento de sus versiones reposado, añejo y extra añejo, cuyos precios estimados rondarán los US$120, US$180 y US$220, respectivamente. Todas fueron desarrolladas a partir de fórmulas propias creadas por los socios. Además, estas ediciones premium se presentarán en botellas de cerámica hechas y pintadas a mano por artesanos mexicanos, inspiradas en la cultura maya y el agave azul.
La apuesta Maya Azul Blanco era ambiciosa, pero jamás imaginaron lo que ocurriría cuando enviaron tres botellas a San Francisco World Spirits Competition. Primero recibieron un correo que los ubicaba entre los 600 mejores tequilas de una competencia que reunió a unas 2.000 etiquetas de la categoría. Días después llegó la noticia definitiva: ganaron la medalla de oro. «Me quedé impactado. Teníamos apenas dos meses y medio vendiendo el tequila en Estados Unidos y este premio ya nos cambió el futuro», recuerda Rivas.
El reconocimiento, asegura, despertó interés de cadenas de retail y abrió puertas en mercados como Japón y Alemania. «Mi intención es poder llevar este tequila a Chile y conectar a personas que quieran importar y exportar productos chilenos», afirma.
Rivas lidera varios emprendimientos y cuenta que tendrá una futura panadería con recetas chilenas para repartir marraquetas y pan amasado a restaurantes. Le llamará panadería Patagonia para acercarse en algo a las tierras donde salió ese adolescente de 18 años a probar suerte al mundo.


