Alex Sirebrenik lleva casi cinco meses recorriendo el Sudeste Asiático y Europa
Cree que un buen consejo es hacer reservas por una noche, cuestión de que cada día se renueven las sábanas y las toallas.
Apenas Alex Sirebrenik (26) se graduó de ingeniería comercial en la Universidad Católica, decidió ir a un largo periplo por otros continentes. Así, lleva cinco meses recorriendo el Sudeste Asiático y Europa. Por razones de economía, el grueso de su hospedaje ha sido en hostales, establecimientos más baratos que los hoteles y en los que se comparte la habitación y baño con otros huéspedes.
La ruta se ha hecho en el camino, dice Sirebrenik, así que no ha habido demasiado tiempo para planificar ni la estancia en algún lugar en particular ni el tiempo de estada. En la etapa de su viaje actual, está buscando algún trabajo. «Quiero vivir esa experiencia como de una vida un poco más real, de no estar quemando plata y viajando como loco, sino como poder financiar mis cosas, ya no ser un turista».
Cuenta que su papá cuando joven hizo algo similar: fue a Barcelona por dos meses y se acabó quedando por siete años, razón por lo que Alex tiene la nacionalidad. «Si las cosas se dan bien, estoy por indefinido acá».
El peor hostal
Sirebrenik ha publicado sobre su aventura en Instagram. Ahí, uno de los vídeos que más tracción ha obtenido es en el que se hospeda en uno de los peores hostales de Italia. Cuenta que llegó a Módena con la intención de catar aceite balsámico, y apenas había un par de opciones para alojar. Optó por «Euro House» calificado con 3.8 -de diez- estrellas en Booking. El servicio era tan decepcionante que le cobraban por usar el papel higiénico o 7.5 euros para hacerse con sábanas. Y el baño estaba en tan mal estado, que para hacer sus necesidades, recurrió a un café que estaba cerca del hostal.
Sus compañeros de habitación, cuenta Alex, no andaban de turistas, sino que probablemente buscando mejores oportunidades en Europa. De hecho, de todos los hospedajes en los que se ha quedado este fue el único en el que no le pidieron su pasaporte.
Pero fue precisamente gracias a lo malo del hostal, que tuvo una de las mejores noches de su vida.
Como en el hostal no había luz fue a un café a cargar su celular, conoció a cinco locales de Módena, que le invitaron algunos Aperol, conectaron bien y lo llevaron a un cumpleaños con tutti de uno de sus amigos. «Después me fui a dormir en un catre sin sábanas ni cubrecama, vestido tal como salí, y aunque fue una experiencia incómoda, me hizo valorar este tipo de vivencias que te sacan de tu zona de confort».
Me contaba que a pesar de eso sus compañeros de habitación le ayudaron.
«Mi compañero de Ucrania me recibió con una chela, me la dio en mi mano sin conocer mi nombre todavía. Y otro compañero del Congo, cuando me daban las 5 de la mañana, y yo estaba temblando, porque estaba completamente dispuesto a vivir la experiencia al 100%, y no iba a pagar los 7 euros por sábanas, me pasó una mantita. Siento que eso es lo más lindo que rescato de esa experiencia. Es un lugar pésimo, y a pesar de eso se puede ver lo mejor de las personas».
Hablemos de hostales en general, ¿Cuál es su tip número uno?
«En los hostales pasa algo que no pasa en un hotel, aquí si te vas a quedar una segunda noche nadie viene a hacerte la cama o pasarte una segunda toalla. Es tu cama y tu toalla . Entonces yo recomiendo reservar por una noche, lo que significa que vas a tener una toalla nueva, una cama limpia y una cama hecha cada día».
¿Cuánta es la mayor cantidad de gente que le ha tocado compartir pieza?
«En Tailandia estuve en una pieza de 22 camas. Eran camarotes, pero la verdad era bastante higiénica. Es de las mejorcitas que me ha tocado. Yo creo que el factor hacinamiento no es directamente proporcional a la higiene, que pienso es lo más importante cuando estás viajando. Yo quiero un baño limpio, que no haya cucarachas y poder apoyar la cabeza en una cama decente».
¿Cree que es necesario tener una personalidad más extrovertida para hospedarse en hostales?
«Es más sencillo cuando uno es más extrovertido. Yo siempre creo que un hola, por más imbécil que sea, permite que después se abran más oportunidades para conocer a otros. Cuando se llega a un lugar nuevo uno cree que los grupos ya están armados, y no es cierto, están todos igual que tú. Por eso creo que es una experiencia que hasta para el más introvertido le sirve».


