No uso billetera desde el 2015, cuenta un antropólogo con 16 años ahí
Es un centro de innovación tecnológica que atrae inversores de todo el mundo. Es segura, los sueldos son altos para los extranjeros y tiene 15 líneas de metro.
La recordada actriz Alejandra Herrera (54) aterrizó en Chengdú, China. Una oferta laboral a su pareja, el profesor de teatro Matías Stevens, la impulsó a cambiar de vida e instalarse en una de las ciudades más pobladas del mundo. Es la cuarta urbe más grande de China, con más de 21 millones de habitantes, entre los cuales hay varios chilenos.
«Si piensas que hay mucha gente en Chengdú y que tal vez las chances no son tantas, no es así. Esta ciudad se convirtió en una tierra de oportunidades», describe Álex Rivera (43), quien da clases de antropología en varios planteles universitarios (Universidad Estatal de Tennessee y la Universidad de Ciencia y Tecnología del Suroeste, Mianyang).
La megaciudad, emplazada en 12.000 kilómetros cuadrados, es un polo de innovación de importancia mundial. En los 90, el gobierno dio regalías a inversores extranjeros para que se instalaran ahí y la convirtieran en una ciudad piloto de demostración de adelantos tecnológicos. Se abrieron centros de investigación y universidades con el mismo espíritu y se generó un ambiente de colaboración, atracción de talento y apertura cultural que empujó su proyección global.
Rivera dice que al mudarse a Chengdú lo importante es tener una idea que impulse y cree la oportunidad.
«No es que alguien llegue a equis puesto laboral, sino que literalmente no existe y uno tiene que ser suficientemente ingenioso y trabajador para crear esa posibilidad en cualquier campo en el que quiera desempeñarse», explica.
En su caso, además de su trabajo fundó la empresa de marketing audiovisual Geeksy Studio.
¿Cómo llegó a Chengdú?
«Un amigo que estaba en China me comentó que necesitaban profesores en el área de cultura latinoamericana, así que me propuso venir. Viví mucho tiempo fuera de Chile (estudió en Estados Unidos antropología y dirección teatral) y me gustó la idea de volver a ser un extranjero. Mis clases son en inglés».
¿Cómo fue el asunto del idioma?
«Al comienzo, solo inglés, pero ya hablo un poco más fluido el chino mandarín. Es un vocabulario muy especializado y los tonos son lo más difícil. Es como el acento en nuestras palabras. Por ejemplo, la diferencia en las palabras líquido y liquido. Todas las palabras tienen eso multiplicado por cuatro, son cuatro tonos básico. Ese pequeño cambio es una gran diferencia semántica. En reuniones específicas retomo el inglés».
¿Cómo son los sueldos allá?
«Generalmente son buenos para los extranjeros. Las empresas chinas tratan de balancear lo que esa persona gana en su país de origen. Lo ven a un nivel un poco más europeo».
¿Cómo son los costos de vida?
«Vivo en una ciudad que queda en la periferia de Chengdú y en pesos chilenos pago unos $300.000 por un departamento de 130 metros cuadrados (cuatro habitaciones, dos baños). En comparación a otros países, el costo de vida en China es mucho menor».
¿Y es difícil arrendar?
«Igual que en Chile, hay que dejar un mes de garantía. La mayoría de las veces se tiene que pagar seis meses de adelanto o todo el año. Los arrendadores se protegen de que un día uno no les pague y se largue. En mi caso, pagué todo el año de una vez. Así no me preocupo yo ni el propietario».
¿Con cuánto se vive bien allá?
«Eso depende de cada persona y perfil etario, pero un profesional que vive solo y que le guste salir debería considerar entre 10.000 y 12.000 yuanes mensuales ($1.350.000 y $1.650.000). Pero si quiere vivir en un sector acomodado, requiere más».
¿Le sorprende el avance tecnológico de la ciudad?
«Lo más interesante es el uso del teléfono para todo. De hecho, no uso billetera desde el 2015. El transporte es lo más avanzado. Puedo ir a Mianyang, una ciudad grande, en menos de media hora o 15 minutos a veces. En la ciudad hay unas 15 líneas de metro».
Urbe avanzada
Daniela Arias (24) aterrizó en esta ciudad por estudios. Es becaria en Sichuan University y estudia lenguaje chino y cultura. Vive en una residencia estudiantil que está en el campus universitario y no paga arriendo.
«Me gusta que la ciudad es bastante avanzada tecnológicamente. Las bicicletas públicas se pueden usar solo escaneando un código por WeChat, Meituan o Alipay. A veces se puede pagar solo con la cara o la huella digital, súper cómodo. Lo que sí es importante es andar con un cargador portátil, porque para todo se usa el celular», describe.
A diferencia de otras ciudades chinas, dice que la vida en Chengdú es un poco más relajada.
«Es un punto medio. No es tan rápida como Pekín o Shanghái, donde uno ve a todo el mundo apurado, pero a la vez no es tan lenta. Uno se puede dar esos momentos para disfrutar con amigos, tomar un café, salir a almorzar. Se equilibra mucho la vida laboral o estudiantil con el tiempo libre», admite.
Otra cosa que le llama la atención es la seguridad que hay en sus calles.
«Jamás he visto ningún tipo de problema delictual y la calidad de vida es bastante buena. La comida es muy barata. He podido comer en un restaurante por menos de $1.500, algo que en Chile no existe. Por ejemplo, un buen plato de fideos con carne cuesta solo 10 yuanes ($1.300). Ahora bien, si uno va a restaurantes un poco más occidentales, la comida es más cara», señala.
¿Cómo son los chinos?
«Son muy amables. Puede que no estén tan acostumbrados a ver extranjeros como sí lo están en Beijing o Shanghái, pero siento que les encanta. A veces uno anda por la calle y ves que alguno te puede estar tomando fotos. Molesta un poco, ya que es sin consentimiento, pero se entiende que lo hacen sin mala intención».


