Justin Sentian es doctor en Química y vivió siete meses en este lugar
Una bandera de Sabah le entregó en marzo de este año el ministro jefe de ese estado de Malasia, Hajiji Noor, al doctor en Química Justin Sentian. El científico estaba por viajar a la Antártica, para rastrear el ozono y los gases que lo destruyen, pero en la época más dura para hacerlo: el invierno.
«Es trascendental y estoy seguro de que todos los habitantes de Sabah y de Malasia estarán orgullosos del doctor Justin Sentian. Le deseamos mucho éxito», dijo en la breve ceremonia el ministro jefe, según el Borneo Echo. «Nací en la región de Sabah. Durante mi expedición invernal llevé la bandera de Malasia, la bandera regional de Sabah y la de mi universidad», cuenta Sentian, luego de vivir entre el 21 de marzo y el 20 de octubre de este año en la Base Julio Escudero, que el Instituto Antártico Chileno (Inach) tiene en la Isla Rey Jorge.
Sentian, investigador de la Facultad de Ciencias y Recursos Naturales de la Universidad de Malaysia Sabah (UMS), debía completar la investigación en la que participan además la Usach y el Inach. En su primer viaje, entre diciembre del 2018 y febrero del 2019, tomó muestras del aire, del hielo, de la nieve y del agua de mar, para descubrir huellas de gases. Los científicos querían determinar la variación de esos compuestos químicos durante el año, así que había que hacer el mismo proceso en invierno.
«Estas muestras fueron usadas para analizar los componentes de halocarbonos, con el foco puesto en el bromocarbono, que es crucial en la química del ozono atmosférico y particularmente importante como sustancia de agotamiento del ozono», cuenta.
La frágil capa de ozono controla la radiación ultravioleta que llega a la Tierra y el equipo de investigadores quiere descubrir cuál es la concentración en el ambiente de los gases que pueden destruirla.
¿Dónde y con quién estuvo en la Antártica?
«Fui el único científico extranjero en la Estación Escudero. Sin embargo, tuve la suerte de que me acompañaran dos estudiantes chilenos de posgrado de la Usach. Recibí apoyo y asistencia de diez funcionarios de la Armada chilena y en las proximidades también hay gente de la Fach y de la DGAC. Entonces no estuve completamente solo».
¿Cómo es vivir y trabajar con muy poca luz natural en ese lugar?
«Me proporcionó una experiencia única e inolvidable. Al principio, vivir en condiciones climáticas extremas y soportar largos períodos de oscuridad era incómodo, pero me aclimaté bien y no enfrenté obstáculos importantes ni problemas de salud».
¿Además de trabajar, qué más hacía? ¿Cómo se entretenía?
«La Armada chilena me cuidó muy bien. Todos los viernes nos deleitábamos con encuentros sociales que incluían asados y auténticas bebidas chilenas, como el pisco, lo cual fue realmente notable. Celebrábamos las fiestas chilenas con el personal de la Armada y disfrutábamos viendo jugar a los equipos del fútbol chileno. Cerca está la base de la Fach y en ocasiones, nosotros, la Armada, nos uníamos a ellos para eventos deportivos y otras actividades sociales. Incluso organizamos competencias deportivas»
¿Cuál fue el principal problema en estosmeses?
«No encontré grandes problemas. La única preocupación menor es que no me podía aventurar por muchas horas más allá de la estación, debido a las condiciones de clima extremo. Adicionalmente, estas condiciones hicieron difícil recolectar muestras. Vale la pena mencionar que, aunque no fue un problema significativo, hubo una barrera idiomática. Disfruté aprendiendo algo de español. Todo salió bien y fue divertido».
¿Qué necesita una persona para vivir siete meses en la Antártica en el invierno?
«Lo más importante es ser mentalmente fuerte y cualquier extranjero que quiera ir debería estar dispuesto a abrazar y adaptarse a la cultura chilena. Vivir en un lugar tan aislado por siete meses, rodeado por gente de diferentes culturas e idiomas, realmente agrandó mis horizontes. La pequeña comunidad que formamos en la base se sintió como una familia y las memorias que creamos permanecerán conmigo para toda la vida».
«La pequeña comunidad que formamos en la base se sintió como una familia y las memorias que creamos permanecerán conmigo para toda la vida» Justin Sentian.


