Oceanógrafo chileno usó un chuzo para abrirse camino hacia el mar y cuerdas para no perderse
Para tomar muestras de microalgas de la zona, Ernesto Molina se sumergió en el frío mar.
Buceó en aguas antárticas, cubiertas por una capa de hielo de 40 centímetros de espesor, y lo hizo en pleno invierno. El oceanógrafo Ernesto Molina está empeñado en desentrañar algunos enigmas de la vida en la Antártica y por eso se puso un traje especial, usó una cuerda y se zambulló bajo el continente blanco varias veces durante dos meses y en pleno invierno.
Molina es chileno, pero lleva tiempo trabajando para la Universidad Tecnológica de Sydney, en Australia, y en su proyecto lo apoya el Instituto Antártico. Su idea es indagar en las microalgas que viven en el área.
Para tomar muestras de las minúsculas algas y otra serie de experimentos, que incluían instalar un radiómetro para medir la luz, tenía que sumergirse a ocho metros de profundidad a una temperatura promedio de 1,5 grados bajo cero.
«El agua antártica no se congela porque está llena de partículas, de sal, de minerales y porque está en movimiento. En la superficie, sobre el hielo, las temperaturas llegan a menos 40 grados. Para sumergirse hay que usar un traje especial de caucho con cierres herméticos en mangas y pies. Bajé bien abrigado, me puse ropa térmica también», cuenta Molina, que fue ayudado en las inmersiones por Pedro Niada, buzo profesional.
-¿Hubo algún peligro?
-Aparecieron algunas focas leopardo, que son predadoras. Se comen a los pingüinos viejos o rezagados.
-¿Cómo te metiste al agua?
-Al principio había poco hielo, pero después avanzó el invierno y tuvimos que agarrar un chuzo para hacer un hoyo y poder meternos. Hay que bajar con cuerda porque no es llegar y subir. uno se puede dar un cabezazo con el hielo. Hay que recordar la salida.
-¿Es verdad que se usa aceite de bacalao para calentar el cuerpo?
-¡Eso es súper viejo! En la época de los changos o los yaganes usarían el aceite de bacalao.
40 minutos bajo el agua logró permanecer el oceanógrafo en cada inmersión. Estuvo entre abril y mayo pasado en la Antártica.


