Verónica Perdomo sufrió un derrame cerebral
Me apena mucho lo de Cerati. Si yo pude, capaz que él también pueda volver, dice la argentina.
Le dio fiebre. Pasaron cinco días y fue al médico. Le dijeron que no tenía nada y la mandaron para la casa. Eran los días en que la sensual argentina Verónica Perdomo (31) se lucía en junio de 2009 como la nueva importación de «Morandé con compañía». Alcanzó a durar apenas un mes.Cuando tomó un avión de vuelta a Buenos Aires, donde pituteaba los fines de semana en el programa «Impacto 9», se fue a negro, pero sin desmayarse. Después, sus amigos le contaron que llegó bien a su casa y que mientras miraba tele, perdió la visión de un ojo. Recién ahí la llevaron a la clínica. El 1 de julio sufrió un ACV (accidente cerebrovascular), lo mismo que dejó durmiendo hasta ahora a Gustavo Cerati.
Igual que al cantante, la sometieron a una craneotomía para descomprimirle el cerebro y bajarle la fiebre. Quedó 15 días en coma y tardó otros 15 en despertar. Ya la daban por muerta cuando ocurrió el milagro. «Desperté y me veo toda conectada, no entendía nada. Me miré en un espejo y tenía la mitad de la cabeza rapada y del otro lado el pelo largo. Pensé que estaba loca», cuenta ya recuperada.
Se suponía que quedaría ciega, sorda o inmovilizada del lado derecho del cuerpo. Se trasladaba en silla de ruedas, estuvo tres meses sin emitir palabra y tuvo que aprender a hablar desde cero. Todavía debe ir a sesiones diarias con un fonoaudiólogo y le quedó un acento extranjero. Para colmo, aparte de ser bailarina y chica sexy, ella estudió educación diferencial. Es profesora de niños sordos, pero ahora no puede ejercer. «Me faltan un montón de palabras por saber, los verbos y no hablo bien. No puedo conducir (un programa) como antes, pero si me dan un papel (para actuar en un sketch) tengo memoria», se promociona.
Quiere volver a la televisión , aunque «despacito». Lleva dos meses de regreso en el mundo y el programa argentino «AM» la invitó a hacer una nota. Quisieron ficharla, pero ella no aceptó.
Yo pude
«No sé por qué me pasó a mí. No me lo explico. Nunca en mi vida tomé drogas, era una persona natural: comía bien, hacía gimnasia, me cuidaba mucho el cuerpo. Desde los seis a los 18 estudié baile clásico y español. Hice todo lo que debía hacer bien», confiesa Verónica, quien dice que un hematólogo le advirtió que su derrame había sido producto del consumo de pastillas anticonceptivas. «Me comentó que pasa un caso en un millón y me pasó a mí», afirma.
Pese a que reconoce que «fue terrible, me cagaron dos años de mi vida», su aprendizaje fue que «lo más importante es la esperanza, la vida es linda y hay que echarle para adelante». «Me da mucha pena (Gustavo) Cerati. Pero si yo pude, capaz que él también pueda volver», asegura con fe.
Su ejemplo sorprendió tanto a los argentinos que Verónica cuenta que «la gente llora al verme y me para en el shopping para decirme qué fuerza que tenés «.
Lo peor de la historia es que en medio de su recuperación murió su papá por una trombosis intestinal y luego su hermano Gabriel, de 30 años, por un paro cardíaco. Al menos su novio, Juan Chappa, estuvo a su lado incondicionalmente. Incluso si quedaba inválida, se la iba a llevar a vivir fuera de Buenos Aires para que estuviera más tranquila. Su ex pololo, que hoy es uno de sus mejores amigos, tampoco la abandonó. «Lloraron juntos en la clínica y estuvieron porque yo era buena persona», relata la modelo.
No sé por qué me pasó a mí. No me lo explico. Nunca en mi vida tomé drogas
Hematóloga explica
¿Por qué la culpa fue de las pastillas anticonceptivas?
La hematóloga María Elena Cabrera explica que las personas sanas no presentan riesgos de accidentes vasculares si es que toman píldoras anticonceptivas. Lo que le ocurrió a Verónica Perdomo tiene una explicación genética.
«Las pastillas anticonceptivas aumentan la coagulación y una persona que tiene facilidad para hacer trombosis, por causas genéticas, puede desencadenar una trombofilia», explica.
«A estos pacientes les faltan algunos factores en la sangre que impiden la coagulación. Se les forma una especie de tampón en los vasos sanguíneos que no deja circular bien el flujo. Y puede ocurrir en la piernas, en un brazo, en el abdomen, en el cerebro, en cualquier ubicación», acota.
Además, «el permanecer en el avión sin mover las piernas, fumar o la deshidratación aumentan el riesgo de coagulación sanguínea. Ahora ella deberá seguir un tratamiento anticoagulante de por vida».


