Cómo Charlie Sheen se transformó en un estropajo

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La debacle partió con una fiestoca en Las Vegas junto a tres actrices porno

En dos meses se quedó sin trabajo, tuvo que internarse en una clínica por su adicción a las drogas y casi pierde la tuición de sus hijos.

El tipo está de lo más relajado, sentado en su sillón, con un vaso de whisky en su mano y revisando en su agenda los números de sus prostitutas favoritas, que están ordenadas por lo que hacen y no por nombre, para ver a cuál llama. Así es la vida de Charlie, pero de Charlie Harper, el personaje en torno del cual gira la serie cómica de la cadena CBS, «Two and a half men». Curiosamente, la vida de Charlie Sheen, el actor que le da vida a ese reventado personaje, era muy parecida hasta hace dos meses atrás, cuando partió una cuenta regresiva difícil de superar.

Charlie contrató a su primera dama de alquiler a los 15 años para perder su virginidad, aunque él no gastó ni uno, porque le sacó la tarjeta de crédito a su papá, el legendario Martin Sheen («Apocalipsis ahora»). Después de eso, el sexo se convirtió en un ítem habitual en su presupuesto junto a las verduras y la carne, llegando a gastar 50 mil dólares (25 millones de pesos) mensuales en las chiquillas de la ex madam de Hollywood, Heidi Fleiss, en 1995.

Con su historial, a nadie le extrañó que a principios de este año se fuera de parranda a Las Vegas con tres actrices porno, que también pituteaban como chicas de compañía. Ni se arrugó para pagar 20 millones de pesos por una habitación y se internó todo un fin de semana con Bree Olsen y otras dos muchachas. Obviamente, el lunes tenía que presentarse a trabajar y no se le vio ni la nariz.

Durante enero apenas pudo grabar para el programa, incluso en el episodio 16 de la octava temporada, «That darn priest» (último de este año), sólo actuó durante 4 minutos y 4 segundos; sin embargo, dos semanas después se mandó otra fiesta rotativa que lo dejó como estropajo. Reconoció el consumo de seis gramos de cocaína y fue internado en una clínica dos semanas, mientras el programa permanecía congelado a su espera. El problema fue que Sheen no se calmó y salió disparando insultos.

Charlie apuntó su ira al creador de «Two and a half men», Chuck Lorre. En una entrevista radial dijo: «Es un charlatán. Un hombrecito estúpido». Lógico, hasta ahí llegó el programa y Warner decidió dar por finalizada la temporada.

Para llenar el tiempo libre, Charlie trajo a Bree Olsen a su casa y la convirtió en su novia/nana, junto a la modelo Natalie Kenly. Pero la felicidad le duró poco, porque su última esposa, Brooke Mueller, al ver a las niñeras, le quitó la tuición de los dos gemelos que tienen (aunque ayer llegaron a un arreglo). Para descargarse, él abrió una cuenta en Twitter que sumó un millón de seguidores en un día e inició un programa web donde peló a su compañero de «Two.», Jon Cryer, diciendo que se había «dado vuelta la chaquet

a» (seguiría en la serie con un reemplazante); luego le pidió disculpas; grabó un video humorístico donde hace de cocinero y aseguró en «People»: «No tengo plata». Tras eso vino el último golpe, porque Warner lo despidió (tenía un año y medio de contrato más). Ante esto, Sheen demandó a su ex jefe y los estudios por 100 millones de dólares. Por lo menos reconoció que se estaba «volviendo loco».

¿Dónde parará la cuesta abajo de Charlie? Por ahora nadie lo sabe.

La bella rubia fue su segunda esposa

Denise no lo quiere ver ni en pintura

«¿Cómo pudiste dejar a Denise Richards?» es lo que muchos hombres le preguntarían a Charlie Sheen, porque la rubia es el sueño de muchos. Aunque en estos momentos, el actor es una pesadilla para su ex esposa.

La primera esposa del actor de «Wall street» fue Donna Peele, con quien se casó en 1995, aunque en esa fecha ya tenía una hija de 11 años, Cassandra, producto de su relación con Paula Profit. El matrimonio duró poco más de un año y en el 2002 se unió con Richards, con quien tuvo dos hijas: Samantha (7) y Lola (5), separándose el 2006.

Hasta el año pasado, la relación de ambos era bastante buena y hasta salían de vacaciones juntos, pero después de todos los pastelazos que se ha mandado el cabro, la chiquilla ahora no lo quiere ni ver y dijo bien clarito: «No quiero que se acerque a mis hijas».

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