Caroe cautivó al monstruo con un humor negro, temerario y ganador.
Me pasó con Edo Caroe que apenas saltó al escenario de la Quinta Vergara supe que le iba a ir bien. Es la misma sensación que experimentaría si hubieran empezado su presentación Felipe Avello o Juan Pablo López, al que le toca actuar hoy jueves. Una mezcla de talento probado y cariño ganado.
Todos sabíamos que con él el espectáculo y las risas estaban garantizadas. Como ir al restaurante favorito de uno y pedir el plato de siempre, la especialidad de la casa. Es ir a la segura.
Pese a lo anterior, Edo experimentó bastante anoche; por ejemplo, lanzando pincelazos de humor negro que estuvieron bastante al filo, como el chiste acerca del fallecido Sebastián Piñera.
Y remató fusionando el humor con un recurso del canto urbano y el reggaetón, el autotune, programa computacional que deja cantando como Pavarotti al más desafinado. Fue tan creativo este experimento que recordó cómo el 2008, en este mismo escenario, Kramer nos hizo imaginar a Nicolás Massú en los Juegos Olímpicos de Atenas. Más que comediantes, son lumbreras que usan la comicidad para explorar nuevas dimensiones y correr los límites, cada vez más allá y siempre con éxito.
Arropado por la distractora magia del autotune, Caroe sacó bajo la manga unos chistes sin censura inimaginables de ser escuchados en televisión abierta, ni siquiera a esas altas horas de la noche. A mi parecer, esto abre las puertas de Viña de par en par al gran ausente de estas noches festivaleras desde hace años: Juan Alcayaga, don Carter. Con autotune, sí.


