Cómo los nuevos premios Nobel de Medicina están cambiando la forma en que se tratan las enfermedades

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Flavio Salazar ha basado parte de su trabajo en los hallazgos de los galardonados

Sus avances fortalecen las bases para una medicina más personalizada, preventiva y curativa, dice la doctora en Ciencias Biológicas Karen Bohmwald.

El sistema inmunológico lucha todos los días -a cada instante, en realidad- contra microbios invasores que logran inmiscuirse en el organismo humano. Pero comete errores. En algunos casos, de hecho, ataca con tanta firmeza a las células de nuestro cuerpo, que puede llegar a provocar enfermedades autoinmunes, aunque no en todas las personas.
¿Por qué en algunos sí y en otros no?
 
Una de las respuestas la obtuvieron los investigadores Mary E. Brunkow, Fred Ramsdell y Shimon Sakaguchi, quienes este lunes fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina por descubrir precisamente cómo se mantiene bajo control el sistema inmunológico.
«Ellos descubrieron la tolerancia inmunológica periférica, que impide que el sistema inmunológico dañe al cuerpo.
Los hallazgos han sido clave para comprender, sobre todo, enfermedades autoinmunes, pero también para el cáncer.
Han sido un aporte en el estudio de terapias contra enfermedades autoinmunes como el lupus y la artritis reumatoide», describe el doctor en Ciencias Flavio Salazar, académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y asesor científico de Oncobiomed.
«Estos avances fortalecen las bases para una medicina más personalizada, preventiva y curativa. Los descubrimientos han revelado los mecanismos para mantener la tolerancia inmunológica, que es esencial para evitar que el cuerpo se ataque a sí mismo», complementa la doctora en Ciencias Biológicas Karen Bohmwald, académica de la Universidad Autónoma.
 ¿Qué es la tolerancia inmunológica periférica, profesor?
 
«Lo primero es entender que lo que hace el sistema inmune es reconocer estructuras de sus propias células como elementos propios. Esa capacidad de reconocer lo propio se llama tolerancia. Cuando aparecen elementos que no son propios como los virus y las bacterias u otros microbios, el sistema reacciona para generar una respuesta. Tolerancia, entonces, significa no reaccionar frente a lo propio».
Continúe. 
«Antes se pensaba que esa tolerancia existía porque cuando se generaban las células inmunes, que son los linfocitos T, también se realizaba una selección. O sea, que el mismo organismo eliminaba a las células inmunes que tenían un potencial de destruir lo propio, entonces, solamente se quedaba con las células que eran capaces de reconocer lo de uno. Eso se llama tolerancia central, es algo que existe. Y acá entra el descubrimiento Shimon Sakaguchi».
 
¿Qué descubrió el japonés?
«Lo que pasa es que por tolerancia central efectivamente se destruye la mayoría de las células inmunes que tienen potencial de atacar nuestros tejidos, pero algunas pasan. Entonces, en la década de los 90 el investigador japonés descubrió que había unos linfocitos extras que precisamente son los que se encargan de regular el sistema inmune, en caso de que hubiese alguna célula inmune que quisiera atacar a nuestro propio cuerpo. En palabras simples, descubrió que existen unos linfocitos que tienen como función vigilar si se producen respuestas inmunológicas inadecuadas y en esos casos, apagan la respuesta, la controlan y no dejan que se expanda. Los llamó linfocitos T reguladores».
¿Y los estadounidenses?
«En la década de los 2000 descubrieron un gen que es el causante de que estas células actúen como inductoras de la tolerancia. Es decir, es el gen que permite que los linfocitos T reguladores activen y apaguen las respuestas inmunes que pueden generarse contra nuestro propio organismo».
 
¿Para qué han servido los hallazgos?
«Con estos descubrimientos sabemos que existen dos niveles de tolerancia. La central, que es la eliminación de linfocitos T autorreactivos en el momento en que se forman; y la tolerancia periférica, que tiene que ver con regular a esos linfocitos que debieron eliminarse, pero pasaron el filtro, por así decirlo. Es, sin duda, de gran impacto porque gracias a sus hallazgos uno puede dirigir terapias específicas para mejorar respuestas autoinmunes, ya sea para eliminar barreras o para ponerlas».
¿Algún ejemplo, doctor?
 
«En el cáncer, por ejemplo, los linfocitos T reguladores no son buenos porque lo que uno quiere es atacar los tumores y no frenar la respuesta inmune. Pero en enfermedades autoinmunes ocurre lo contrario, uno requiere mayor freno y hay terapias para lograr que estos linfocitos T reguladores se activen y regulen la respuesta autoinmune. Lo mismo ocurre en los trasplantes, donde uno no quiere que se genere una respuesta inmune contra el órgano trasplantado. Actualmente gracias a los hallazgos de estos investigadores se trabaja en terapias. La artritis reumatoide y el lupus son enfermedades que han sido beneficiadas con los descubrimientos».
¿Y usted ha usado estos descubrimiento?
 

«Claro, nosotros trabajamos con la terapia TapCells, que consiste en sacarle células del sistema inmune al paciente, entrenarlas y volver a inyectarlas para que ataquen a los tumores. Hemos visto que las células reguladoras están aumentadas en pacientes con melanoma que no responden a la terapia. En el futuro la idea es encontrar un mecanismo para apagar un poco a los linfocitos reguladores y así aumentar la respuesta al tratamiento»

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