El proyecto ganó el Premio Gubbio, que destaca obras que revitalizan los centros históricos de Latinoamérica
Hay muchos terrenos así en Santiago Centro, son retazos de distintas operaciones inmobiliarias y se piensa que no se puede construir nada, dice Juan Pedro Sabbagh, arquitecto a cargo del proyecto.
Un sitio eriazo de apenas 13 metros de frente y 50 de largo, colindante con el edificio patrimonial que alberga a la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), se convirtió en un moderno hotel de lujo. Lejos de afectar su entorno, donde predomina la arquitectura del siglo XIX, se insertó tan silenciosamente que acaba de ganar un premio por contribuir a dinamizar el sector.
El hotel Debaines, de 50 habitaciones, fue inaugurado a fines de 2024 en Agustinas 720. Está a pocos pasos del Teatro Municipal y el Palacio Subercaseaux y fue distinguido con el Premio Gubbio para América Latina y Caribe, que reconoce las mejores prácticas en proyectos y obras que recomponen el tejido urbano en los barrios históricos de la región.
«Ubicado en el centro histórico de Santiago, junto al Teatro Municipal y otros inmuebles de gran valor patrimonial, el proyecto busca revitalizar el centro, recuperando actividad y calidad urbana en una zona que ha sufrido gran deterioro», destacó el premio.
A la estrechez del terreno se sumó otra complejidad: estaba entre medianeros de distintas alturas por tres de sus costados. Por el oriente y el sur, los muros equivalían a 12 pisos y por el poniente colindaba con el edificio de la SNA y un conjunto de casas del pasaje Teatinos de tres o cuatro pisos.«Allí estaban las cocheras del edificio donde hoy está la SNA, era un espacio residual. Hay muchos terrenos así en Santiago Centro, son retazos de distintas operaciones inmobiliarias y se piensa que no se puede construir nada», asegura el líder del diseño, Juan Pedro Sabbagh, director de Arquitectura de Sabbagh Arquitectos, ligada a Juan Sabbagh, Premio Nacional de Arquitectura. En el proyecto también participó la oficina Bascuñán Valenzuela Arquitectos.
La construcción comenzó en 2019, pero el estallido y la pandemia cambiaron los planes.
«Originalmente tenía un subterráneo donde iba un spa, pero no se pudo hacer por las demoras en la construcción. El presupuesto se tuvo que rebajar en un porcentaje importante y se reformuló el diseño», cuenta.
Se hizo coincidir la altura de los primeros tres niveles del hotel ?donde están el restaurante, la sala de convenciones y la cocina, entre otros espacios? con la del edificio de la SNA. Placas continuas transparentes de seis metros se adosaron a los medianeros, lo que dio origen a una gran lucarna que alberga este espacio.
Del cuarto al noveno piso están las habitaciones del hotel y los baños. Ningún espacio quedó ciego, explica Sabbagh.
¿Cómo se pensó su fachada para que no fuera disruptiva en ese entorno?
«Tenía que ser lo más liviana posible. Usamos materiales sencillos, cerramientos acristalados, transparencias y un envolvente para no notar las divisiones interiores de habitaciones. Se le puso aluminio, que da un filtro y privacidad también a los ocupantes. Originalmente se iban a usar quiebravistas de hormigón prefabricados, pero por el montaje y en un ejercicio de economía, simplificamos con aluminio y quedó bastante bien».
¿Esos quiebravistas cumplen solo la función de dar privacidad?
«No solo eso. Tienen orientaciones distintas para acortar la radiación solar de la capa exterior y evitar la sobreexposición. Agregamos un techo terraza con cafetería para aprovechar la vista. No es un edificio invasivo, todo lo contrario, se mimetiza, pero con lenguaje contemporáneo».
Era complejo transformarse en el invitado no deseado del lugar.
«Tenemos un par de intervenciones en el centro donde pudimos desarrollar algunos contrapuntos. Es importante revitalizar el centro, aportarle nuevas miradas, sacarlo de ciertas reglas místicas. Tener alturas distintas a la fachada continua o al casco histórico permite armar espacios que luego se transforman en hitos, tal como lo eran las catedrales medievales que sobresalían y servían como puntos de referencia en la ciudad».
¿Fue muy difícil construir en este espacio?
«Lo más complejo fue construir en el centro de Santiago. Es un lugar súper saturado, hay mucho tráfico, sin espacio para la instalación de faenas, grúas, para carga, etcétera. Hubo que pedir permiso para ocupar las veredas. Fue difícil, pero no imposible».


